
La historia del Rosedal de Palermo no empieza con las rosas, ni con las fotos de primavera, ni siquiera con el famoso puente blanco que hoy domina miles de postales. Empieza mucho antes, en un territorio que estuvo ligado a una de las figuras más potentes y controvertidas del siglo XIX argentino: Juan Manuel de Rosas. Los terrenos donde hoy se levanta este paseo formaron parte de su quinta y quedaron incorporados al patrimonio público tras su derrota en la Batalla de Caseros, en 1852.
Con el paso de los años, esa zona fue transformándose hasta integrarse al Parque Tres de Febrero, inaugurado oficialmente el 11 de noviembre de 1875 por el presidente Nicolás Avellaneda, sobre una idea impulsada en tiempos de Domingo Faustino Sarmiento como gran pulmón verde para la ciudad.
Cómo nació el Rosedal de Palermo y por qué su origen todavía sorprende
Ya entrado el siglo XX, Buenos Aires buscaba consolidar una imagen urbana refinada, elegante y conectada con las grandes capitales europeas. En ese contexto, el entonces intendente Joaquín Anchorena impulsó la creación de un jardín de rosas dentro del Parque Tres de Febrero, con una impronta que dialogaba con la tradición paisajística francesa.

La obra fue confiada al ingeniero agrónomo Benito Carrasco, discípulo directo de Carlos Thays, el gran paisajista francés que dejó una marca decisiva en Buenos Aires y que también estuvo detrás de espacios como el Jardín Botánico, el Parque Lezama y el Parque Avellaneda. Thays había sido Director de Paseos de la Ciudad entre 1891 y 1913, y Carrasco heredó parte de esa visión urbana que entendía a los parques como espacios de belleza, salud pública y educación estética.
El terreno elegido para construir el Rosedal estaba delimitado por las actuales avenidas Infanta Isabel, Iraola y Presidente Pedro Montt, y allí habían estado antes los pabellones de las provincias durante la Exposición Industrial de 1910. La obra se completó entre el 5 de mayo y el 22 de noviembre de 1914, y el paseo fue inaugurado oficialmente el 24 de noviembre de ese año. En esa primera etapa se plantaron 14.650 rosales de 1.189 variedades.
El jardín que convirtió a Palermo en un ícono de Buenos Aires
Desde su nacimiento, el Rosedal fue pensado como algo más que un jardín decorativo. Su diseño incorporó una pérgola de estilo griego, un templete, un embarcadero y un puente de acceso con rasgos helénicos que con el tiempo se convirtió en una de sus imágenes más reconocibles.
Hoy, el sitio oficial de turismo porteño lo presenta como un predio de 3,4 hectáreas con más de 18.000 rosas, mientras que el Gobierno de la Ciudad también lo describe como un jardín de casi 4 hectáreas con 93 especies diferentes. Esa combinación entre valor botánico, escala urbana y diseño paisajístico explica por qué sigue siendo uno de los espacios verdes más visitados de Buenos Aires.

Entre las variedades más mencionadas por las fuentes oficiales aparecen la rosa sevillana, la Johan Strauss, la Charles Aznavour, la Frederic Mistral y la Elina, cada una con tonalidades que van del rojo intenso al amarillo claro.
Pero el encanto del Rosedal no se agota en sus flores. Dentro del recorrido sobresale el Jardín de los Poetas, que reúne 26 bustos dedicados a escritores y autoras fundamentales como Alfonsina Storni, Jorge Luis Borges, Dante Alighieri y William Shakespeare, entre otros.
El Patio Andaluz, los bustos de poetas y la huella cultural del paseo
Uno de los capítulos más singulares de su historia llegó después. En 1920 se inauguró un Jardín Andaluz proyectado por Eugenio Carrasco, hermano de Benito, y en 1929 se sumó el célebre Patio Andaluz, un regalo del Ayuntamiento de Sevilla a la Ciudad de Buenos Aires. Ese sector incorporó mayólicas, bancos decorados, fuentes y una estética hispánica que amplió la identidad original del paseo.

Esa fusión entre naturaleza, arte y memoria urbana ayudó a que el Rosedal dejara de ser solamente un punto turístico para convertirse en una pieza central del patrimonio porteño. De hecho, en 2011 fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires por la Ley 3.773, una protección que obliga a respetar su diseño original en cualquier restauración o intervención.
Por qué el Rosedal de Palermo sigue fascinando más de un siglo después
El prestigio del Rosedal también trascendió las fronteras argentinas. En 2012 recibió el Garden Excellence Award de la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas, una distinción internacional que volvió a ser mencionada en información oficial de la Ciudad en el período 2012-2014.
Sin embargo, su verdadero valor no radica solo en los premios o en la cantidad de rosales. Lo que vuelve único al Rosedal es su capacidad de condensar en un mismo espacio varias capas de la historia argentina: las tierras asociadas a Rosas, el proyecto modernizador del Estado, la huella de Sarmiento, la impronta paisajística de Thays, la mirada técnica de Benito Carrasco y la dimensión cultural que aportan el arte y la literatura.
Cada primavera, cuando las rosas alcanzan su mayor esplendor y vuelven a llenar de color los senderos, el Rosedal reafirma algo que pocas postales urbanas logran sostener con tanta fuerza: no es solamente un lugar lindo para visitar, sino una síntesis viva de Buenos Aires. Un rincón donde la ciudad recuerda su pasado mientras sigue buscando, entre flores, agua y memoria, una forma de narrarse a sí misma.
















