La historia de la torta Chajá: cómo nació el postre uruguayo más esponjoso que conquistó el Río de la Plata

Con capas de bizcochuelo, crema, merengue y fruta, la torta Chajá se convirtió en un verdadero símbolo de Uruguay. Su origen se remonta a Paysandú y detrás de su nombre hay una historia tan liviana como inolvidable.

Cómo nació la torta Chajá
Cómo nació la torta Chajá Foto: Redes
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Cuando se habla de los grandes clásicos dulces del Río de la Plata, hay nombres que aparecen de inmediato. Pero pocos tienen una identidad tan marcada como la torta Chajá, ese postre de apariencia aérea, sabor delicado y personalidad inconfundible que, con el paso del tiempo, dejó de ser solo una receta para convertirse en una marca cultural de Uruguay. La versión contemporánea más difundida suele combinar bizcochuelo, nata o crema, merengue, dulce de leche y duraznos o melocotones en almíbar, una mezcla que explica su fama a ambos lados del Plata.

Cómo nació la torta Chajá en Uruguay

La historia del Chajá comienza en Paysandú, una ciudad clave en la identidad gastronómica uruguaya. Distintas reconstrucciones periodísticas coinciden en que el postre fue creado por Orlando Castellano en la Confitería Las Familias el 27 de abril de 1927, fecha que quedó asociada al nacimiento de una de las preparaciones más emblemáticas del país.

Vista panorámica de Paysandú. Foto: Instagram @vivi_paysandu
Vista panorámica de Paysandú. Foto: Instagram @vivi_paysandu

Pero el dato más fascinante no es solo su fecha de creación, sino el contexto. Según el relato recogido por El País de Uruguay, Castellano buscaba concebir un dulce que pudiera resistir fuera de la heladera y que además pudiera transportarse en una época en la que ni la refrigeración doméstica ni la pasteurización estaban generalizadas. Es decir, el Chajá no nació por casualidad: nació como una solución de pastelería inteligente, pensada para durar, viajar y conservar su atractivo.

Por qué se llama Chajá y qué tiene que ver con un ave

El nombre también tiene historia. La explicación más repetida indica que el postre fue bautizado en alusión al chajá, un ave sudamericana muy conocida en Uruguay, especialmente en la región litoral. La relación no era caprichosa: el merengue blanco y la apariencia liviana del postre recordaban al plumaje abundante del ave, mientras su textura sugería esa sensación de ligereza que todavía hoy lo distingue.

Otra versión periodística recogida en el universo gastronómico uruguayo agrega que un conocido de la familia habría descrito aquella creación como un postre “lleno de plumas y de cuerpo liviano”, y que esa comparación terminó fijando el nombre definitivo. Lo interesante es que, más allá de la anécdota exacta, todas las versiones coinciden en algo: el Chajá fue concebido para transmitir aire, volumen y suavidad, cualidades que siguen siendo su sello.

Los ingredientes que hicieron del Chajá un clásico rioplatense

En su forma más tradicional, el Chajá se apoya sobre una combinación simple pero poderosa: bizcochuelo, crema, merengue y fruta, habitualmente durazno, aunque también existen versiones con frutilla. Con el correr de los años aparecieron variantes con dulce de leche e incluso chocolate, pero la estructura emocional del postre se mantuvo intacta: suavidad, humedad, crocante y frescura en una misma porción.

Por qué la torta Chajá es un emblema de Uruguay Foto: Redes

Ese equilibrio explica por qué sigue despertando adhesión. La nota reciente de Directo al Paladar lo presenta como “el postre más esponjoso del Río de la Plata” y recuerda que en Uruguay ocupa un lugar casi ritual en cumpleaños, reuniones familiares y celebraciones. No se trata solo de una torta rica: se trata de una preparación que construyó memoria afectiva colectiva.

El secreto detrás de su fama: tradición, familia y una receta que sobrevivió al tiempo

Uno de los grandes motores de la leyenda del Chajá es su relación con la Confitería Las Familias y con la continuidad de la familia creadora. La empresa siguió activa durante décadas bajo distintas generaciones, consolidando una identidad comercial que en Uruguay es sinónimo de tradición. En crónicas de aniversario publicadas por El País, el Chajá aparece como un orgullo sanducero y como una referencia inmediata de la ciudad de Paysandú.

Además, su permanencia no fue una cuestión meramente nostálgica. La marca logró llegar a otros mercados, exportarse y mantenerse vigente incluso frente a innumerables imitaciones. De hecho, en notas de prensa uruguaya se remarca que el postre continuó expandiéndose dentro y fuera del país, reforzando su condición de ícono nacional.

De postre regional a emblema de Uruguay

Con el paso del tiempo, el Chajá dejó de ser únicamente una especialidad de Paysandú para transformarse en un símbolo del país. La agencia EFE destacó que, casi un siglo después de su creación, el postre seguía siendo presentado como una de las grandes banderas dulces uruguayas y que incluso fue reconocido en rankings internacionales de gastronomía, lo que potenció su proyección global.

La torta Chajá tiene una historia increíble Foto: Instagram @lucianogarciapastelero

Esa fama internacional, sin embargo, no diluyó su esencia. Al contrario: cuanto más viajó el Chajá, más fuerte se volvió el vínculo con su origen. Hoy sigue siendo un postre que remite a Paysandú, a la tradición familiar y al recetario del Río de la Plata, donde lo casero todavía conserva prestigio.

Por qué la torta Chajá sigue conquistando al Río de la Plata

Hay postres que se ponen de moda y desaparecen. El Chajá hizo lo contrario: se volvió clásico porque reúne atributos que atraviesan épocas. Tiene textura liviana, contraste de sabores, presencia visual y una historia detrás. En un escenario gastronómico donde la emoción pesa tanto como el gusto, su combinación de merengue crujiente, crema suave y fruta sigue funcionando con una naturalidad sorprendente.

Tal vez por eso la torta Chajá continúa seduciendo a nuevas generaciones. Porque no ofrece solo dulzura: ofrece relato, identidad y pertenencia. Nació en una confitería de Paysandú en 1927, tomó el nombre de un ave local y terminó convertida en uno de los postres más representativos de Uruguay. Y en esa mezcla de historia, memoria y sabor está la clave de su permanencia.