El secreto mejor guardado de Carlos Gardel en el Mundial de 1930: visitó a Argentina y Uruguay, pero nunca dijo por quién hinchó

Carlos Gardel vivió de cerca el Mundial de 1930 en Uruguay, visitó a Argentina y a la Celeste, cantó tangos, contó chistes y dejó una frase inolvidable sobre la final. Anécdotas, secretos y el misterio sobre a quién apoyó.

Gardel, testigo del primer Mundial en Uruguay
Gardel, testigo del primer Mundial en Uruguay Foto: Archivo
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En julio de 1930, Uruguay organizó la primera Copa del Mundo de la FIFA, un torneo de fútbol que reunió a 13 selecciones, se disputó enteramente en Montevideo y terminó con triunfo uruguayo por 4-2 ante Argentina en la final del 30 de julio. La elección de Uruguay como sede estuvo ligada a sus títulos olímpicos de 1924 y 1928, además del contexto del centenario de su Constitución.

En ese mismo escenario histórico estaba Carlos Gardel, ya convertido en una figura gigantesca del tango rioplatense. Para 1930, su popularidad venía en ascenso imparable: actuaba en teatros, grababa, giraba y ese mismo año comenzaría a involucrarse en los primeros cortos sonoros que luego serían vistos como una innovación decisiva en su carrera artística. Durante su paso por Montevideo, Gardel visitó a las selecciones de Argentina y Uruguay para animarlas antes de la definición.

La visita de Gardel a la Selección Argentina antes del debut y de la final

Uno de los episodios más recordados ocurrió el 11 de julio de 1930, pocos días antes del debut argentino ante Francia. Gardel se presentó en la concentración albiceleste del hotel La Barra de Santa Lucía junto a sus guitarristas José María Aguilar, uruguayo, y Guillermo Barbieri, argentino. Allí compartió charla con futbolistas como Ángel Bossio, Guillermo Stábile, Manuel Ferreyra, Luis Monti, Francisco Varallo, Carlos Peucelle y Fernando Paternoster, además del cuerpo técnico encabezado por Francisco Olazar.

El Zorzal Criollo junto a la selección argentina Foto: Archivo

Según las crónicas citadas por la prensa de la época, el Zorzal les cantó “Corrientes” y “Buenos Aires”, en una escena que hoy parece salida de una película: la máxima figura del tango dándoles ánimo a los jugadores argentinos antes de disputar el torneo más importante que el fútbol había conocido hasta entonces. Esa cercanía con el plantel argentino alimentó desde el comienzo la sospecha de que Gardel podía inclinarse por la Albiceleste.

El encuentro con Uruguay: canciones, chistes y una despedida con abrazo

Pero la historia no terminó ahí. Antes de la final, Gardel también visitó a la selección uruguaya, que llegaba como gran potencia luego de sus conquistas olímpicas. En el club Olimpia, compartió una comida con los futbolistas, les dedicó canciones y, según una de las versiones más repetidas, les contó más de veinte chistes verdes. Además, les regaló temas como “Isla de Flores” y “La uruguayita Lucía”, y se despidió con abrazos y deseos de suerte para los “olímpicos”.

Gardel visitando a la concentración celeste Foto: Archivo

Ese gesto no fue menor. Gardel mantenía una fuerte conexión sentimental con Uruguay y con el universo cultural rioplatense en general. Incluso su propia biografía quedó marcada por una vieja controversia sobre su lugar de nacimiento: aunque muchas fuentes lo ubican en Toulouse, Francia, él en ocasiones mencionó Tacuarembó, Uruguay, mientras que su vida artística se consolidó definitivamente en Buenos Aires, ciudad a la que llegó de niño. Esa identidad entre orillas ayuda a entender por qué nunca quiso quedar atrapado en una sola camiseta durante aquella final.

¿A qué selección apoyó Carlos Gardel en la final del Mundial 1930?

La gran pregunta sigue fascinando casi un siglo después: ¿a quién apoyó Gardel? La respuesta más honesta es que no tomó partido en público. Cuando le pidieron un pronóstico, dejó una frase que se volvió histórica: “El fútbol es más difícil de acertar que las carreras… si llegan a la final, habrá que tirar la monedita para saber quién gana”. También elogió a ambos equipos y habló del “fútbol maravilloso y artístico” que jugaban argentinos y uruguayos.

La pista más reveladora llegó cuando Fernando Paternoster lo invitó a quedarse a ver la final. Gardel se negó con una frase memorable: “No, muchachos. Quise cantarles unos tangos y nada más. ¡No quiero que haya ganadores!”. Esa respuesta resume mejor que ninguna otra su posición real: más que argentino o uruguayo, en ese momento Gardel fue rioplatense.

Gardel junto a los campeones de 1930 Foto: Archivo

Eso no impide sumar un dato clave: fuera de aquella final, Gardel era hincha y socio de Racing Club, algo que también ayuda a entender su vínculo auténtico con el fútbol y por qué su presencia en las concentraciones no fue una mera postal glamorosa, sino la expresión de una pasión genuina.

Los secretos del Mundial 1930 que agrandaron la leyenda de Gardel

El contexto del torneo también hizo crecer el mito. Aquel Mundial tuvo detalles hoy legendarios: se jugó solo en Montevideo, el Estadio Centenario todavía estaba en obras al comenzar el campeonato y la final entre Uruguay y Argentina quedó atravesada por una disputa curiosa, ya que cada selección quería jugar con su propia pelota. Todo ese clima de rivalidad, orgullo nacional y tensión deportiva volvió todavía más simbólica la figura de Gardel y su intento de acercar a ambos planteles con música y humor.

Por eso, la anécdota de Gardel en el Mundial de 1930 sigue viva: no se trata solo de un cantor que visitó a dos equipos, sino de un símbolo cultural que apareció en el cruce exacto entre el nacimiento del mayor torneo del fútbol y el auge de la identidad rioplatense. Gardel no eligió entre Argentina y Uruguay porque, en cierto modo, representaba a los dos. Y tal vez ahí esté el verdadero secreto de una historia que todavía conmueve: mientras el fútbol empezaba a construir su mitología global, el tango ya tenía a su embajador perfecto caminando entre vestuarios, canciones y una final inolvidable.