El alfajor no nació en Argentina: la increíble historia del dulce que el país convirtió en leyenda

Aunque muchos lo consideran un invento argentino, el alfajor tiene raíces árabes y españolas. Su historia atravesó siglos hasta transformarse en un símbolo nacional con dulce de leche.

Malfatti logró algo difícil en una ciudad llena de alfajores: tener una identidad propia
Malfatti logró algo difícil en una ciudad llena de alfajores: tener una identidad propia Foto: Instagram @malfatti.alfajores
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En Argentina, el alfajor es mucho más que una golosina: es recreo escolar, merienda de kiosco, souvenir de vacaciones y hasta una forma de identidad. Está presente en cada rincón del país, desde las cajas turísticas de Mar del Plata hasta los alfajores regionales de Córdoba, Santa Fe, Tucumán o la Patagonia. Sin embargo, detrás de este clásico nacional se esconde una pregunta que genera sorpresa: ¿el alfajor es realmente un invento argentino?

La respuesta es tan interesante como su historia. El alfajor que conocemos hoy, con dos o más tapas, dulce de leche y cobertura de chocolate, glasé o merengue, es profundamente argentino. Pero sus antepasados nacieron muchos siglos antes y a miles de kilómetros del Río de la Plata. La Real Academia Española define al alfajor, en varios países de América Latina, como una golosina formada por dos rodajas delgadas de masa unidas con dulce y, a veces, recubierta con chocolate o merengue; además, señala que la palabra proviene del árabe hispánico fašúr, derivado del persa afšor, asociado a la idea de “jugo”.

De Arabia a España: el primer viaje del alfajor

Antes de convertirse en una obsesión argentina, el alfajor fue parte de una tradición repostera vinculada al mundo árabe y persa. Sus versiones más antiguas estaban elaboradas con miel, frutos secos, pan rallado, especias y aromas intensos, muy lejos del formato de kiosco que hoy identificamos de inmediato. En España, especialmente en Andalucía, estas preparaciones se emparentaron con dulces como el alajú, una pasta dulce tradicional que también combina miel, almendras, nueces y especias.

Kilómetro del Alfajor a Berazategui Foto: Freepik

Durante la época de Al-Ándalus, la influencia árabe dejó una marca profunda en la cocina de la península ibérica. De allí surgieron preparaciones que viajaron de generación en generación hasta llegar a América con los colonizadores españoles. A diferencia del alfajor argentino moderno, muchas de esas versiones españolas tenían forma cilíndrica o compacta y estaban pensadas como alimentos energéticos, fáciles de conservar y transportar.

La transformación argentina: cuando apareció el dulce de leche

El gran cambio ocurrió en América, y especialmente en el territorio argentino. La receta original empezó a adaptarse a los ingredientes, gustos y costumbres locales. La miel y los frutos secos dejaron de ser protagonistas absolutos, mientras ganaron terreno las tapas horneadas, los dulces frutales y, sobre todo, el dulce de leche, que terminaría convirtiéndose en el corazón emocional del alfajor argentino.

Fiesta del Alfajor Regional. Foto: Instagram/fiestaregionaldelalfajor

Uno de los hitos más citados de esta historia se ubica en Santa Fe, a mediados del siglo XIX. Allí aparece la figura de Hermenegildo Zuviría, conocido como “Merengo”, asociado a los alfajores santafesinos de varias capas, rellenos con dulce de leche y cubiertos con merengue. La tradición sostiene que estos alfajores se difundieron especialmente durante los años de la Constitución Nacional de 1853, cuando Santa Fe fue escenario de uno de los momentos políticos fundacionales del país.

Santa Fe, Córdoba y una disputa dulce por el origen nacional

La historia del alfajor argentino no tiene un único inventor indiscutido. Mientras Santa Fe desarrolló su versión hojaldrada, de varias tapas y baño de merengue, Córdoba construyó otra tradición decisiva. Allí aparece Augusto Chammás, un químico francés llegado a la Argentina en el siglo XIX, a quien se le atribuye haber impulsado hacia 1869 una producción familiar de alfajores y haber popularizado el formato redondo, clave para la identidad visual del producto actual.

Por eso, hablar del “primer alfajor argentino” implica entrar en una historia de regiones, recetas y memorias familiares. El santafesino, el cordobés, el marplatense, el de maicena, el triple de kiosco y las versiones artesanales no compiten solamente por sabor: también representan distintas maneras de contar la misma evolución cultural.

El alfajor argentino: una reinvención que conquistó al país

Aunque no haya nacido originalmente en Argentina, el alfajor encontró en el país su versión más famosa y popular. La fórmula de dos tapas, relleno abundante y cobertura dulce se volvió parte de la vida cotidiana. En los kioscos conviven los industriales clásicos con marcas nuevas, alfajores premium, versiones veganas, proteicas, con frutos secos, con pistacho o con rellenos inspirados en postres modernos.

El fenómeno también se mide en números. Distintas estimaciones del sector señalan que en Argentina se consumen millones de alfajores por día, con cálculos recientes que ubican el consumo en más de 10 millones de unidades diarias y un promedio anual que puede superar los 80 alfajores por persona. Otros relevamientos privados incluso elevan la cifra a cerca de 12 millones de alfajores por día, lo que muestra la dimensión cultural y económica de esta golosina.

Entonces, ¿el alfajor es argentino?

La respuesta más precisa es esta: el alfajor original no nació en Argentina, pero el alfajor argentino sí es una creación cultural propia. Su raíz viene del mundo árabe, su viaje pasó por España y su transformación definitiva ocurrió en estas tierras, donde el dulce de leche, las recetas regionales y la producción masiva lo convirtieron en un ícono nacional.

En definitiva, Argentina no inventó el antepasado del alfajor, pero sí creó una versión tan poderosa que terminó ganándose un lugar en la memoria colectiva. Porque para millones de argentinos, un alfajor no es solamente algo dulce: es una pausa, un recuerdo, una costumbre y una pequeña ceremonia cotidiana envuelta en papel.