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Zheng Shi: la pirata china que comandó 1.800 barcos, desafió a un imperio y cautivó a Borges

Zheng Shi fue la pirata más poderosa de la historia: comandó una flota inmensa, desafió al Imperio chino y su leyenda llegó hasta la literatura argentina de la mano de Jorge Luis Borges.

Zheng Shi
Zheng Shi Foto: Wikipedia
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La historia suele recordar a los piratas con parche, sable y bandera negra. Sin embargo, una de las figuras más temidas de los mares no fue Barbanegra ni Henry Morgan, sino una mujer china que llegó a construir un imperio flotante casi imposible de derrotar: Zheng Shi, también conocida como Zheng Yi Sao o Ching Shih.

A comienzos del siglo XIX, cuando la dinastía Qing intentaba sostener su autoridad sobre una China atravesada por tensiones económicas, conflictos costeros y rutas comerciales cada vez más disputadas, Zheng Shi se convirtió en una leyenda viviente. No solo comandó la flota pirata más grande de la historia, sino que logró algo todavía más sorprendente: negoció su retiro con el mismo imperio que había intentado destruirla.

Su nombre quedó asociado al poder, la estrategia y la disciplina. Pero también a la literatura: más de un siglo después, Jorge Luis Borges la transformó en personaje y mito en uno de los relatos de Historia universal de la infamia.

Quién fue Zheng Shi y cómo se convirtió en la pirata más temida de China

Zheng Shi nació alrededor de 1775, en la provincia china de Guangdong, una región costera donde el mar era trabajo, frontera y peligro. Su nombre de nacimiento habría sido Shi Yang, aunque la historia la recuerda principalmente por el apellido de su primer marido: el pirata Zheng Yi.

Zheng Shi fue la pirata más poderosa de la historia
Zheng Shi Foto: Wikipedia

A diferencia de otras figuras históricas envueltas en romanticismo, Zheng Shi no llegó al poder por azar. Su ascenso fue una combinación de inteligencia política, capacidad de negociación y un instinto feroz para leer el caos de su época. En 1801, se casó con Zheng Yi, un influyente líder pirata que operaba en el mar de la China Meridional. Esa unión no fue solo matrimonial: fue también una alianza de poder.

Juntos consolidaron una confederación pirata que reunió a distintas bandas marítimas bajo un mismo sistema. Pero el verdadero giro ocurrió en 1807, cuando Zheng Yi murió. En una estructura dominada por hombres armados, capitanes ambiciosos y lealtades frágiles, muchos esperaban que el imperio pirata se fragmentara. Pasó lo contrario.

Para sostener su autoridad, se apoyó en Zhang Bao, hijo adoptivo de Zheng Yi y figura clave dentro de la flota. Con habilidad, logró que los capitanes aceptaran su liderazgo y mantuvo unido un entramado naval que podía haberse hundido en peleas internas. Su gobierno fue implacable: estableció códigos estrictos, castigos duros y reglas claras sobre botines, obediencia y trato a los prisioneros.

La fórmula funcionó. Bajo su mando, la piratería dejó de ser una serie de ataques dispersos y se convirtió en una maquinaria organizada. Zheng Shi no era solo una pirata: era una estratega, una administradora y una jefa militar capaz de desafiar a la autoridad imperial.

Una flota imponente: más de 1.800 barcos y 70.000 hombres a su cargo

El dato parece exagerado, pero forma parte del asombro que rodea a Zheng Shi: en su apogeo, la Confederación Pirata de Guangdong habría reunido cerca de 1.800 embarcaciones y alrededor de 70.000 integrantes. Ningún pirata del Caribe llegó a manejar una estructura semejante.

comandó una flota inmensa y desafió al Imperio chino
Zheng Shi Foto: Wikipedia

Su flota operaba como un verdadero Estado marítimo. Estaba dividida en escuadras identificadas por colores, entre ellas la famosa Flota de la Bandera Roja, la más poderosa del conjunto. Estas embarcaciones atacaban barcos mercantes, exigían tributos a poblaciones costeras, controlaban rutas y enfrentaban a fuerzas militares enviadas para contenerlas.

La dinastía Qing no fue la única en padecer su poder. La actividad de Zheng Shi también afectó intereses portugueses y británicos en una zona clave para el comercio asiático. Las autoridades intentaron derrotarla por la fuerza, pero sus barcos conocían mejor las aguas, se movían con rapidez y contaban con una red de información que hacía muy difícil anticipar sus movimientos.

Uno de los aspectos más llamativos de su liderazgo fue la disciplina interna. Zheng Shi entendió que una flota tan grande solo podía sobrevivir si respondía a una lógica común. Por eso, el saqueo se repartía bajo normas específicas, las desobediencias eran castigadas y los capitanes no podían actuar como señores independientes. La piratería, en su caso, fue también burocracia, cálculo y control.

Pero el final de su carrera fue todavía más extraordinario que su ascenso. En 1810, lejos de caer derrotada en combate o morir en una persecución, Zheng Shi negoció con las autoridades Qing una rendición favorable. Obtuvo perdón para ella y para miles de sus hombres, conservó parte de sus riquezas y logró retirarse sin el destino trágico que habían sufrido tantos piratas antes que ella.

La relación entre Zheng Shi y Argentina a través de la obra de Jorge Luis Borges

Aunque Zheng Shi vivió y actuó en China, su historia también tiene una conexión inesperada con la Argentina. Esa puerta la abrió Jorge Luis Borges, quien quedó fascinado por su figura y la llevó a la literatura bajo el nombre de “La viuda Ching”.

La relación entre Jorge Luis Borges y Suiza
Jorge Luis Borges Foto: Wikipedia

El cuento “La viuda Ching, pirata” forma parte de Historia universal de la infamia, publicado en 1935, uno de los libros donde Borges mezcló biografías, leyendas, datos históricos y procedimientos de ficción. Allí, la pirata china aparece convertida en una figura casi mítica: cruel, brillante, poderosa y rodeada de símbolos orientales que encajaban perfectamente con el universo borgeano.

Borges no hizo una crónica histórica tradicional. Tomó la vida de Ching Shih y la transformó en literatura. En sus manos, la pirata dejó de ser solo una comandante naval para convertirse en un personaje de destino extraño, entre la violencia, el sueño, la traición y el enigma. Esa operación era muy propia del autor argentino: convertir una vida real en una pieza de ficción donde la historia se vuelve laberinto.

La fascinación de Borges por China no era casual. A lo largo de su obra aparecen espejos, imperios antiguos, bibliotecas infinitas, tigres, cuchillos, enciclopedias imaginarias y civilizaciones remotas. Zheng Shi encajaba en ese mapa como una figura perfecta: concreta y fantasmal a la vez, documentada pero casi increíble.

Por eso, la pirata china no solo pertenece a la historia marítima. También forma parte, de manera indirecta, de la tradición literaria argentina. Su vida viajó desde los mares del sur de China hasta las páginas de uno de los escritores más importantes del siglo XX.

Zheng Shi murió en 1844, lejos del ruido de los combates que la hicieron célebre. Sin embargo, su leyenda siguió navegando. Fue líder, estratega, amenaza imperial y personaje literario. Y quizás esa sea la razón por la que su historia todavía impacta: porque parece imposible, pero ocurrió.

La mujer que comandó miles de barcos, puso en jaque a China y terminó inmortalizada por Borges sigue siendo, dos siglos después, una de las piratas más fascinantes de todos los tiempos.

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