
A orillas del río Uruguay existe un paisaje que parece detenido en el tiempo. Miles de palmeras yatay se levantan sobre los pastizales mientras carpinchos, zorros, ñandúes y numerosas aves se desplazan en libertad. Sin embargo, detrás de esa postal se esconde una historia poco conocida: antes de convertirse en un área protegida, el lugar fue escenario de actividades ganaderas, industriales y comerciales.
Se trata del Parque Nacional El Palmar, ubicado en la provincia de Entre Ríos, cerca de la localidad de Ubajay y con acceso desde la Ruta Nacional 14. Sus más de 8.000 hectáreas protegen uno de los palmares naturales más australes del mundo y reciben durante todo el año a familias, turistas y contingentes escolares.
El secreto de sus palmeras centenarias
La gran protagonista del parque es la palmera yatay, una especie autóctona que puede alcanzar cerca de 18 metros de altura. Algunos ejemplares tienen varios siglos de vida y forman parte de un ambiente que antiguamente ocupaba una extensión mucho mayor del territorio entrerriano.

Entre el verano y comienzos del otoño, las palmeras producen frutos anaranjados de sabor agridulce. Estos son aprovechados en preparaciones regionales y, al mismo tiempo, funcionan como alimento para zorros, ñandúes, cotorras y otros animales silvestres.

El parque también conserva pastizales, montes, humedales y sectores de selva en galería. En sus senderos es posible observar carpinchos, vizcachas, lagartos overos, corzuelas, tortugas acuáticas y una extraordinaria variedad de aves.
Una historia que comenzó mucho antes de la creación del parque
La presencia humana en estas tierras es muy anterior a la llegada de los europeos. En la región se encontraron evidencias de ocupaciones de aproximadamente mil años de antigüedad, vinculadas con comunidades originarias que habitaron y recorrieron el actual territorio entrerriano.

Uno de los lugares históricos más importantes es la Calera de Barquín, un antiguo conjunto de construcciones situado cerca del río Uruguay. En la zona se explotaba piedra caliza, que luego era procesada para obtener cal destinada a la construcción y al tratamiento de cueros.
Los antecedentes de esta actividad se remontan al período colonial. Después de la expulsión de los jesuitas, ocurrida en 1768, las propiedades cambiaron de administración. Tiempo después, Manuel Antonio Barquín adquirió y reactivó el establecimiento, que terminó siendo conocido por su apellido.

La cal producida en estas tierras era enviada por el río hacia Buenos Aires y Montevideo, dos ciudades que necesitaban materiales para acompañar su crecimiento. El establecimiento llegó a contar con depósitos, viviendas, sectores de trabajo, sembrados y espacios destinados al ganado.
De estancia ganadera a área natural protegida
Durante distintas etapas, el territorio mantuvo actividades productivas y ganaderas. Parte de los campos perteneció a una estancia privada, en una época en la que el avance de la agricultura y el pastoreo comenzaba a reducir los palmares naturales.
La necesidad de conservar este ambiente impulsó la creación del Parque y Reserva Nacional El Palmar. La Ley 16.802 fue sancionada en 1965 y publicada en el Boletín Oficial el 28 de enero de 1966.
El objetivo inicial fue proteger la palmera yatay, pero la conservación se extendió progresivamente hacia toda la biodiversidad del lugar, sus cursos de agua y su patrimonio arqueológico e histórico.
Así, un territorio que durante siglos había sido utilizado para la producción se transformó en un espacio dedicado a la protección, la investigación y la educación ambiental.
El parque que convierte una excursión escolar en un viaje por el tiempo
El Palmar es uno de los destinos elegidos por las escuelas para desarrollar experiencias educativas fuera del aula. Su ubicación, sus recorridos interpretativos y la combinación de historia y naturaleza permiten trabajar contenidos de ciencias naturales, geografía, historia y conservación ambiental.
Los estudiantes pueden aprender cómo funciona un humedal, observar rastros de animales, reconocer diferentes ambientes y descubrir de qué manera una antigua estancia terminó convertida en parque nacional.

Entre sus circuitos aparecen La Portada, Yatay, La Glorieta, El Pastizal, De la Selva, El Mollar, Casco de Estancia y La Calera del Palmar. Algunos recorridos son breves y accesibles, mientras que otros necesitan más tiempo y planificación.
Las ruinas, los antiguos caminos y las construcciones recuperadas revelan las diferentes etapas del lugar. Donde alguna vez hubo ganado, hornos y depósitos, hoy existen senderos educativos, áreas de investigación y proyectos para conservar las especies nativas.
Una escapada que combina naturaleza, animales e historia
El Parque Nacional El Palmar no es solamente una postal de palmeras. Es un territorio en el que conviven siglos de historia, fauna silvestre y uno de los ambientes naturales más singulares de la Argentina.
Cada recorrido descubre una capa diferente de su pasado: los pueblos originarios, la actividad jesuítica, la explotación colonial de la cal, la estancia ganadera y la creación del área protegida.
Esa transformación explica por qué el parque cautiva a grandes y chicos. Fue un territorio productivo, logró protegerse del avance de otras actividades y hoy funciona como una enorme aula natural, abierta para quienes quieran conocer una parte fundamental de la historia entrerriana.


















