
Mucho antes de la guerra de 1982, la Argentina y el Reino Unido estuvieron frente a una oportunidad diplomática extraordinaria. En 1974, el gobierno británico acercó a Juan Domingo Perón una propuesta confidencial para establecer un sistema de soberanía compartida en las Islas Malvinas.
No se trataba de una devolución inmediata del archipiélago. El proyecto proponía un condominio anglo-argentino, una fórmula mediante la cual ambos países compartirían la administración, las instituciones y determinadas decisiones políticas sobre las islas.
El documento secreto que recibió Perón
La iniciativa fue presentada el 11 de junio de 1974 por el entonces embajador británico en Buenos Aires, James Hutton. Era un non-paper, un documento diplomático sin carácter definitivo que buscaba establecer las bases de una negociación formal.
La propuesta contemplaba que las banderas argentina y británica flamearan juntas, que el castellano y el inglés fueran reconocidos como idiomas oficiales y que los habitantes de las islas pudieran contar con doble nacionalidad.

También analizaba la posibilidad de que el gobernador fuera designado de manera alternada por la Corona británica y por la Presidencia argentina. La Constitución, la administración y el sistema jurídico local debían adaptarse al nuevo esquema.
Sin embargo, existía una condición decisiva: los habitantes de las islas debían ser consultados antes de alcanzar un acuerdo definitivo. Por eso, el plan representaba una apertura histórica, pero no significaba que la transferencia completa de soberanía estuviera asegurada.
La respuesta de Perón que alimentó una posibilidad histórica
Según el testimonio del diplomático Carlos Ortiz de Rozas, Perón consideró que la propuesta podía convertirse en el primer paso para recuperar gradualmente el territorio.

El expresidente estaba dispuesto a avanzar porque entendía que conseguir una presencia institucional argentina en las islas modificaría una situación congelada desde 1833. Su estrategia no apuntaba a resolver todo de inmediato, sino a iniciar una transición que pudiera conducir hacia una soberanía plena.
La negociación formaba parte de un proceso iniciado después de la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, aprobada en 1965. Esa resolución reconoció la existencia de una disputa de soberanía e invitó a la Argentina y al Reino Unido a encontrar una solución pacífica.
La muerte de Perón y el final de la oportunidad
El escenario cambió abruptamente el 1 de julio de 1974, cuando Perón murió apenas tres semanas después de recibir la iniciativa británica.
La Presidencia quedó en manos de María Estela Martínez de Perón, en medio de una creciente crisis política, económica e institucional. Frente a la incertidumbre argentina y las resistencias existentes en sectores británicos e isleños, las conversaciones perdieron impulso y la propuesta fue abandonada.

Por eso, es importante precisar que la Guerra de Malvinas no frenó directamente aquel acuerdo. La negociación se desvaneció en 1974, ocho años antes del conflicto armado de 1982. La guerra terminó por destruir el clima diplomático que durante las décadas anteriores había permitido considerar diferentes fórmulas de entendimiento.
El acuerdo que todavía genera preguntas
Nunca podrá saberse si el condominio habría conducido a la recuperación plena de las Malvinas. Faltaban negociaciones, garantías, aprobación política y una consulta a los isleños.
Pero el documento dejó una certeza histórica: hubo un momento en el que la Argentina estuvo cerca de ingresar formalmente en la administración del archipiélago sin disparar un solo tiro.
La muerte de Perón interrumpió una estrategia gradual y convirtió aquella propuesta secreta en una de las grandes oportunidades inconclusas de la diplomacia argentina.


















