
Murió Griselda Gambaro a los 98 años, una de las escritoras y dramaturgas más importantes de la cultura argentina. Su fallecimiento provoca una profunda conmoción en el mundo del teatro, la literatura y las artes, que despiden a una autora fundamental del siglo XX y comienzos del XXI.
A lo largo de más de seis décadas, Gambaro construyó una obra atravesada por el abuso de poder, la violencia, el miedo, la obediencia y el autoritarismo. Su nombre quedó unido para siempre a títulos como La malasangre, El campo, Antígona furiosa, Decir sí y Ganarse la muerte.
Sin embargo, su trayectoria también estuvo marcada por la censura. En 1979 figuró en las listas negras elaboradas durante la última dictadura militar, luego de que el régimen prohibiera una de sus novelas más incómodas.
Griselda Gambaro y una vida dedicada a la escritura
Nacida el 28 de julio de 1928 en Buenos Aires, Gambaro creció en el barrio de La Boca, dentro de una familia de inmigrantes y con recursos económicos limitados. Desde muy joven encontró en los libros una forma de refugio y una herramienta para comprender las relaciones humanas.
Fue una lectora esencialmente autodidacta. Conoció las obras de autores como Antón Chéjov, Henrik Ibsen, Luigi Pirandello, Eugene O’Neill, Armando Discépolo y Florencio Sánchez, influencias que luego dialogaron con una escritura profundamente personal.

En 1963 publicó Madrigal en ciudad, distinguida por el Fondo Nacional de las Artes. Dos años más tarde, El desatino marcó su ingreso definitivo al teatro y generó una intensa discusión dentro de la escena cultural argentina.
La obra, presentada en el Instituto Di Tella, desafiaba las formas tradicionales del realismo y combinaba absurdo, humor, crueldad y amenaza. Desde entonces, Gambaro comenzó a ser reconocida como una de las grandes renovadoras de la dramaturgia nacional.
“Ganarse la muerte”, la novela que Videla ordenó prohibir
Uno de los episodios más duros de su vida ocurrió en 1977, cuando la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla prohibió la novela Ganarse la muerte.
El decreto sostenía que el libro era “contrario a la institución familiar y al orden social”. Con ese argumento, el gobierno de facto ordenó sacar la obra de circulación.

La decisión reflejaba los mecanismos de censura utilizados por la dictadura para controlar la producción cultural. Gambaro exponía en su literatura la violencia que podía esconderse dentro de instituciones aparentemente respetables, como la familia, el trabajo y las estructuras de autoridad.
Para el régimen, esa mirada representaba una amenaza. En 1979, el nombre de la escritora apareció en las listas negras, registros destinados a perseguir, controlar y marginar a artistas e intelectuales considerados peligrosos.
El exilio y la resistencia desde Teatro Abierto
Ante la persecución, Gambaro se exilió en Barcelona junto con su esposo, el reconocido escultor Juan Carlos Distéfano, y sus hijos. La distancia de la Argentina afectó profundamente su escritura, vinculada con el lenguaje y los conflictos de la sociedad local.
Regresó al país en 1980 y, al año siguiente, formó parte de Teatro Abierto, el movimiento cultural que desafió a la dictadura desde los escenarios.
Gambaro participó con Decir sí, una pieza breve y perturbadora sobre la obediencia y el sometimiento. El ciclo reunió a dramaturgos, actores, directores y técnicos que convirtieron el teatro en un espacio de resistencia frente al miedo y la censura.
Para la autora, el autoritarismo no solamente se expresaba mediante la violencia directa. También aparecía en el silencio, la aceptación de órdenes injustas y la complicidad cotidiana.
Las obras que cambiaron el teatro argentino
Entre sus piezas fundamentales se encuentran Las paredes, Los siameses, El campo, Información para extranjeros, Puesta en claro, La malasangre, Antígona furiosa y La señora Macbeth.
En El campo, estrenada en 1968, construyó una atmósfera opresiva vinculada con los campos de concentración. Años después, esa representación adquiriría una dimensión estremecedora frente a los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado.

En 1982 llegó La malasangre, una obra ambientada durante la época de Juan Manuel de Rosas que podía interpretarse como una referencia al autoritarismo contemporáneo. En Antígona furiosa, Gambaro recuperó el mito de Sófocles y lo relacionó con la memoria de los desaparecidos y la lucha por enterrar a los muertos.
El legado imborrable de Griselda Gambaro
Gambaro recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Teatro, el Konex de Platino y distinciones de Argentores. En 2005 se convirtió en la primera escritora en inaugurar la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Su muerte cierra una etapa fundamental de la cultura argentina, pero las preguntas de su obra permanecen vigentes: ¿por qué alguien obedece una orden injusta?, ¿cuándo el silencio se transforma en complicidad?, ¿cómo comienza a normalizarse la violencia?
La dictadura prohibió uno de sus libros y escribió su nombre en una lista negra. No obstante, jamás consiguió borrar su voz.




















