comscore

La razón histórica por la que abundan los nombres con santos en Buenos Aires y otras ciudades argentinas

El mapa argentino está repleto de santos, pero no es casualidad: una antigua práctica colonial explica el origen de estos nombres.

San Antonio de Areco
San Antonio de Areco Foto: Turismo Buenos Aires
+ Seguir en Google+ Seguinos en Noticias

San Juan, San Luis, San Nicolás, Santa Fe, Santa Rosa y Santiago del Estero son apenas algunos ejemplos de un fenómeno que atraviesa el mapa argentino. La repetición no es casual: detrás de esos nombres existe una antigua combinación de religión, administración colonial, geografía y poder político.

Al observar el territorio nacional, es fácil descubrir ciudades, pueblos, departamentos y ríos bautizados en honor a santos, vírgenes o celebraciones del catolicismo. La explicación se remonta a los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando buena parte de los asentamientos más antiguos de la actual Argentina fueron fundados bajo el dominio de la Corona española.

En aquella época, la Iglesia católica tenía una fuerte participación en la educación, las celebraciones públicas y la vida cotidiana. Por esa razón, darle un nombre religioso a una población no era solamente una manifestación de fe: también significaba incorporar simbólicamente el territorio al orden político y cultural de la monarquía.

El origen colonial de las denominaciones religiosas en la geografía argentina

La utilización de nombres vinculados con santos fue una práctica extendida por toda la América española. Los especialistas llaman hagiotopónimos a los nombres geográficos relacionados con figuras del santoral.

Durante la conquista y la colonización, los expedicionarios necesitaban identificar cada ciudad, fuerte, puerto, misión o reducción que establecían. El nombre elegido debía quedar registrado en actas, documentos oficiales, comunicaciones y mapas.

Pueblos con nombres de santos
San Pedro Foto: Instagram @viajero.argento

Así surgieron denominaciones como San Juan, San Luis, San Rafael, San Nicolás, San Pedro, San Francisco, Santa Rosa y Santiago del Estero. Algunas recordaban al santo celebrado durante la jornada de fundación; otras estaban relacionadas con el patrono del fundador, una advocación de la Virgen o una devoción particular de los integrantes de la expedición.

Las denominaciones originales, además, solían ser mucho más largas que las actuales. Era frecuente que combinaran una referencia religiosa, una descripción geográfica y un homenaje político o personal. Con el paso del tiempo, el uso cotidiano terminó acortándolas.

Acto administrativo, fe y geografía: cómo se bautizaban los asentamientos coloniales

La fundación de una ciudad colonial era un acto político, administrativo y jurídico. No alcanzaba con instalarse en un territorio: era necesario establecer autoridades, distribuir solares, organizar la plaza central y dejar constancia escrita del acontecimiento.

En muchos casos, la ceremonia incluía la lectura de documentos, la toma simbólica de posesión y la delimitación de los espacios destinados a la iglesia, el cabildo, la plaza y las viviendas.

La cercanía entre estos edificios tampoco era accidental. Representaba la convivencia entre la autoridad civil, el poder de la Corona y la religión católica.

La iglesia más antigua de Argentina está en Santiago del Estero Foto: Wikipedia

El nombre permitía identificar el nuevo asentamiento, pero también podía describir su ubicación. Expresiones como “del Estero”, “de la Frontera”, “del Valle” o “del Tucumán” ayudaban a reconocer las características del territorio.

Por ejemplo, Santiago del Estero reunió una referencia a Santiago Apóstol con una expresión relacionada con el paisaje regional. San Juan de la Frontera, por su parte, combinó una denominación religiosa con la posición territorial que ocupaba la ciudad.

Buenos Aires y la advocación mariana de su primera fundación en 1536

Uno de los casos más llamativos es el de Buenos Aires. A diferencia de una versión popular, su nombre no surgió simplemente por las condiciones agradables del clima ni por una supuesta exclamación de los primeros expedicionarios.

La primera fundación ocurrió el 3 de febrero de 1536, cuando Pedro de Mendoza estableció un asentamiento denominado Nuestra Señora del Buen Ayre. Aquella población fue abandonada en 1541.

Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires. Foto: NA

Décadas después, el 11 de junio de 1580, Juan de Garay realizó la fundación definitiva con el extenso nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre.

La denominación estaba relacionada con Nuestra Señora del Buen Aire, una advocación de la Virgen María originada en Cerdeña y especialmente venerada por navegantes y marineros. Su culto llegó a Sevilla, un puerto fundamental para las expediciones españolas hacia América.

La elección tenía un sentido concreto: después de atravesar el océano, los expedicionarios buscaban protección para el nuevo puerto y para quienes continuarían navegando por el Río de la Plata.

Con el tiempo ocurrió algo particular: Buenos Aires, la expresión relacionada originalmente con el puerto, terminó imponiéndose sobre “Santísima Trinidad” como nombre de uso habitual.

La asignación de patronos según el calendario católico y las festividades

El calendario católico ofrecía una enorme cantidad de nombres. Cada jornada estaba vinculada con santos, mártires, apóstoles o celebraciones religiosas.

Si la fundación de una población coincidía con una fecha determinada, era habitual adoptar al santo celebrado ese día. De esta manera, la nueva comunidad quedaba simbólicamente bajo la protección de un patrono.

Pueblos con nombres de santos
San Clemente Foto: Instagram @fmlamarea

Su festividad podía convertirse luego en una fecha central para la vida local, con misas, procesiones, ferias, reuniones públicas y actividades comerciales. En la sociedad colonial, estos acontecimientos religiosos también funcionaban como importantes espacios de encuentro.

Sin embargo, no todos los nombres se decidieron exclusivamente por el calendario. También podían homenajear al santo del fundador, a una orden religiosa, a la Virgen venerada por la expedición o al patrono de una iglesia cercana.

Un mapa argentino marcado por la historia colonial

Aunque la Argentina atravesó la Revolución de Mayo, la Independencia y un prolongado proceso de secularización, la antigua toponimia sobrevivió.

Los gobiernos y las instituciones cambiaron, pero aquellos nombres ya estaban incorporados a caminos, documentos, mapas y tradiciones locales.

Pueblos con nombres de santos
Santo Tomás Foto: Instagram @martin_recorre

Por eso, la abundancia de santos en la geografía argentina no necesariamente describe las creencias actuales de sus habitantes. Es, sobre todo, una huella histórica de la manera en que el poder colonial organizó, administró y representó el territorio.

Cada “San”, “Santa”, “Nuestra Señora” o “Santísima” que todavía aparece en el mapa conserva una parte de aquella historia. Son nombres que hablan de expediciones, puertos, ceremonias, calendarios religiosos y fundaciones. En definitiva, demuestran que la geografía argentina también puede leerse como un enorme archivo del pasado.

¡Sumate a Canal 26!

Recibí una selección de nuestros contenidos, pensados especialmente para vos, en tu bandeja de entrada.