Antes de que las redes sociales convirtieran una imagen en un fenómeno mundial, Oscar “Ringo” Bonavena ya conocía el poder de una fotografía. No necesitó una campaña publicitaria ni un discurso cuidadosamente preparado: le alcanzó con ponerse una remera blanca y mirar hacia las cámaras.
Sobre su pecho podía leerse una frase que quedaría grabada en la memoria colectiva: “The Malvinas are Argentina’s”.
Aunque la construcción en inglés no era gramaticalmente perfecta, el mensaje resultaba imposible de confundir. Las Malvinas son argentinas, proclamaba uno de los deportistas más populares del país mientras aprovechaba su fama para visibilizar un reclamo histórico.
El viaje en el que Ringo llevó el reclamo por Malvinas
La recordada escena ocurrió en diciembre de 1974, más de siete años antes del inicio de la guerra. Bonavena viajó a México junto con varias figuras del boxeo argentino, entre ellas Carlos Monzón y Víctor Galíndez.
En aquella oportunidad, el argentino Horacio Saldaño debía enfrentar al cubano-mexicano José “Mantequilla” Nápoles por el título mundial welter. Sin embargo, Ringo consiguió que una parte importante de la atención periodística también quedara concentrada en su camiseta.

La prenda repetía la frase en el frente y en la espalda. No se trataba solamente de una remera: era una declaración política llevada en el cuerpo por un ídolo popular.
La iniciativa estuvo relacionada con Héctor Ricardo García, fundador del diario Crónica, compadre de Bonavena y padrino de uno de sus hijos. El medio sostenía una campaña editorial permanente alrededor de la soberanía argentina sobre las islas.
García comprendía que la popularidad internacional de Ringo podía llevar el mensaje más lejos que cualquier editorial. Bonavena, siempre dispuesto a desafiar lo establecido, aceptó inmediatamente.
El error de inglés que hizo inolvidable la camiseta
La frase correcta podría haber sido “The Malvinas are Argentine” o “The Malvinas belong to Argentina”. Sin embargo, el error terminó formando parte de la historia.
No era una declaración diplomática ni un documento oficial. Era un grito de identidad, escrito con la urgencia de quien quería hacerse escuchar.
La elección de Bonavena tampoco era casual. Ringo había nacido en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1942 y construido su identidad deportiva alrededor de Huracán y Parque Patricios.
Durante su carrera enfrentó a grandes nombres de los pesos pesados, como Joe Frazier, George Chuvalo y Zora Folley. Su pelea más recordada ocurrió el 7 de diciembre de 1970, cuando enfrentó a Muhammad Ali en el Madison Square Garden de Nueva York.
Bonavena resistió hasta el decimoquinto asalto y obligó al estadounidense a emplearse a fondo. Aunque perdió por nocaut técnico, aquella noche consolidó su lugar como uno de los grandes ídolos del deporte argentino.
Un símbolo anterior a la guerra de 1982
La camiseta fue utilizada en un momento en el que el reclamo por las islas ya ocupaba un lugar central en la agenda nacional. En 1965, la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas había reconocido la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.
Por eso, la imagen de Bonavena debe entenderse dentro de una historia mucho más extensa. El reclamo argentino no comenzó con la guerra de 1982, sino que contaba con décadas de acciones diplomáticas, políticas y culturales.

Ringo consiguió trasladar ese debate a un terreno diferente. No era funcionario, diplomático ni dirigente. Era un boxeador carismático que transformó su propio cuerpo en una cartelera internacional.
La fotografía que sobrevivió a Ringo Bonavena
Bonavena murió el 22 de mayo de 1976, cuando tenía solamente 33 años. Fue baleado en las inmediaciones del Mustang Ranch, en Nevada, Estados Unidos. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires y una multitud lo despidió en el Luna Park.
A pesar de su trágico final, la figura de Ringo nunca desapareció. Sus combates, sus frases y su estilo provocador continúan ocupando un lugar especial dentro de la cultura popular argentina.
Entre todos esos recuerdos, la fotografía de la remera malvinera conserva una fuerza singular. No muestra al boxeador levantando los puños ni castigando a un rival. Lo muestra ofreciendo su propia imagen para amplificar un mensaje.
Medio siglo después, aquella camiseta continúa apareciendo en homenajes, murales y publicaciones. Ringo entendió que algunas imágenes pueden decir más que un discurso completo.




















