
Mucho antes de que los programas gastronómicos dominaran la pantalla, una mujer nacida en Santiago del Estero consiguió que sus recetas ingresaran en millones de hogares. Petrona Carrizo de Gandulfo, conocida popularmente como Doña Petrona, transformó una oportunidad laboral en un fenómeno cultural que atravesó generaciones.
Su historia estuvo marcada por decisiones audaces: abandonó su hogar a los 15 años, aprendió técnicas de la cocina europea, enseñó a utilizar uno de los artefactos más modernos de la época y se convirtió en la gran pionera de la gastronomía televisiva argentina.
El origen de Doña Petrona: su partida de Santiago del Estero a los 15 años
Petrona Carrizo nació el 29 de junio de 1898 en La Banda, Santiago del Estero, y fue la penúltima de siete hermanos. Sus primeros conocimientos culinarios llegaron de la mano de su madre, Clementina, en una época en la que las recetas se transmitían oralmente dentro de las familias.
Su adolescencia, sin embargo, tomó un rumbo inesperado. A los 15 años dejó su casa para escapar de un matrimonio que no deseaba y se refugió en una estancia. Allí convivió con la vida rural, aprendió a manejar el lazo, las boleadoras y las armas, y forjó el carácter firme que posteriormente demostraría frente a las cámaras.

En ese establecimiento conoció a Oscar Belisario Gandulfo, administrador del lugar y quien se convertiría en su primer esposo. Alrededor de los 20 años, ambos se trasladaron a Buenos Aires en busca de mejores oportunidades.
Los primeros tiempos en la ciudad fueron difíciles. Como el dinero no alcanzaba, Petrona tomó una decisión poco habitual para numerosas mujeres de aquel tiempo: salir a trabajar fuera de su casa.
Formación culinaria: el aprendizaje en gastronomía inglesa y francesa
La oportunidad que cambiaría su destino apareció en la Compañía Primitiva de Gas. En aquellos años, las cocinas a gas comenzaban a reemplazar los antiguos artefactos alimentados con leña, carbón o querosén.
Petrona ingresó como promotora y empezó a realizar demostraciones públicas para enseñar el funcionamiento de las nuevas cocinas. Mientras explicaba cómo encenderlas y regularlas, preparaba diferentes platos ante los potenciales compradores.

Para desempeñar esa tarea recibió formación basada en las tradiciones gastronómicas inglesa y francesa, además de una preparación intensiva relacionada con la prestigiosa academia Le Cordon Bleu.
Así logró combinar técnicas europeas con ingredientes y costumbres locales. Una de las claves de su éxito fue que adaptó preparaciones sofisticadas a las posibilidades concretas de los hogares argentinos, utilizando instrucciones precisas sobre cantidades, temperaturas y tiempos de cocción.
Su popularidad continuó creciendo. Luego llegaron las clases presenciales, las columnas en revistas como El Hogar y sus participaciones en emisoras como Radio Argentina, Radio El Mundo y Radio Belgrano.
La primera cocinera argentina en llegar a la televisión de los años 50
Cuando la televisión argentina todavía estaba dando sus primeros pasos, Doña Petrona ya tenía una amplia experiencia en radio, medios gráficos y demostraciones en vivo. Su debut televisivo se produjo en 1952, apenas unos meses después de la primera transmisión oficial del país.
En una época sin ediciones dinámicas ni grandes producciones, debía preparar sus recetas prácticamente en directo. Su principal herramienta era una extraordinaria capacidad para explicar cada procedimiento de manera clara y cercana.
Su presencia en programas como “Buenas tardes, mucho gusto” terminó por consagrarla. Junto a su recordada asistente Juana “Juanita” Bordoy, construyó uno de los dúos más entrañables de la historia de la televisión nacional.
Petrona no se limitaba a enumerar ingredientes. Enseñaba a organizar una comida, calcular porciones, presentar la mesa y resolver problemas cotidianos. La cocina televisiva se transformó así en una clase práctica seguida por distintas generaciones.
Doña Petrona como máxima referente de las amas de casa en Argentina
En 1934, mucho antes de convertirse en una estrella de televisión, había publicado la primera edición de “El libro de Doña Petrona”. La obra reunió más de mil recetas y se convirtió en un auténtico manual de consulta para las familias.

Con el paso de los años, el libro alcanzó más de tres millones de ejemplares vendidos, fue traducido a ocho idiomas y superó las 120 ediciones. Durante décadas fue uno de los regalos habituales en casamientos y despedidas de soltera.
Pero Petrona fue mucho más que una referente doméstica. Desarrolló una carrera profesional, administró su imagen y construyó una marca personal cuando ese concepto todavía no formaba parte del lenguaje cotidiano.
El legado de Doña Petrona en la cultura y la historia argentina
Doña Petrona murió el 6 de febrero de 1992, a los 93 años, pero su influencia continúa presente en la televisión y en las cocinas familiares.
Su trayectoria estuvo vinculada con dos grandes transformaciones del siglo XX: la modernización de los hogares mediante la cocina a gas y el nacimiento de la televisión argentina. Supo comprender el potencial de los medios para enseñar y convertir una receta en un contenido masivo.
Su mayor logro no fue solamente un plato. Doña Petrona creó una manera cercana, precisa y entretenida de hablar sobre gastronomía. Demostró que las preparaciones más complejas podían explicarse de forma sencilla y abrió el camino para las generaciones de cocineros que llegaron después.
A más de tres décadas de su muerte, sus libros todavía circulan y sus recetas pasan de abuelos a nietos. Doña Petrona no solo enseñó a cocinar: ayudó a construir una parte fundamental de la memoria afectiva argentina.

















