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Nació en 1955, vende hasta 1.700 panchos por día y conserva un ritual que enamoró a San Isidro

A pocos metros de la estación de San Isidro funciona Coquito, una panchería diminuta que atravesó cuatro generaciones sin perder su esencia. Su pancho con licuado de banana se convirtió en una combinación inseparable de la memoria del barrio.

Conserva un ritual que enamoró a San Isidro
Conserva un ritual que enamoró a San Isidro Foto: Instagram @panchoscoquito
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Hay lugares donde el tiempo parece avanzar de otra manera. En General Manuel Belgrano 92, a pocos pasos de la estación de San Isidro, un pequeño comercio repite desde hace más de siete décadas la misma escena: clientes apurados, vecinos que se conocen por el nombre y panchos que salen detrás del mostrador sin descanso.

Se trata de Coquito, una panchería inaugurada en 1955 que permanece en manos de las familias fundadoras. El salón ocupa apenas unos 20 metros cuadrados, pero su fama superó ampliamente los límites del barrio.

En un día habitual pueden vender alrededor de 1.000 panchos, mientras que durante el 23 y 24 de diciembre la cifra puede alcanzar los 1.700. A pesar del éxito, sus propietarios nunca buscaron convertir el negocio en una gran cadena ni ampliar considerablemente el espacio.

La historia de Coquito comenzó con dos jóvenes

Todo empezó cuando Gustavo Grandinetti y Atilio Rubini, que tenían alrededor de 20 años, se asociaron para vender panchos en un pequeño local de la calle Belgrano.

La ubicación resultó fundamental. Por la zona circulaban estudiantes, empleados, comerciantes, deportistas y vecinos que iban o regresaban de la estación. Con el paso del tiempo, detenerse en Coquito dejó de ser solamente una comida rápida y se convirtió en un ritual de San Isidro.

Coquito, panchería
Abrió en 1955, atravesó cuatro generaciones y hoy vende hasta 1.700 panchos por día sin cambiar su esencia Foto: Instagram @panchoscoquito

La continuidad familiar también explica buena parte de su identidad. Del lado de los Grandinetti hubo tres generaciones llamadas Gustavo, mientras que la familia Rubini continuó ligada al mostrador con Javier y Adrián.

Actualmente, la cuarta generación de las familias fundadoras sostiene el legado, mientras numerosos clientes regresan acompañados por sus hijos y nietos.

El comercio que decidió conservar su tamaño

Aunque tuvieron oportunidades de incorporar un local vecino, los propietarios eligieron mantener el negocio prácticamente como siempre. La decisión convirtió sus dimensiones reducidas en una característica inconfundible.

El establecimiento cuenta con un mostrador, espejos y un número limitado de banquetas. Por eso, la mayoría de los clientes come de pie, cerca de otras personas y sin demasiadas vueltas.

Coquito, panchería
Un clásico en el corazón histórico de San Isidro Foto: Instagram @panchoscoquito

En sus paredes sobreviven fotografías antiguas, publicidades de otras épocas y recuerdos familiares. También se conserva una panchera al vapor de la década de 1970, testigo de miles de jornadas y pedidos.

Mientras otros comercios modernizaron por completo su apariencia, Coquito construyó su popularidad manteniéndose reconocible.

El secreto de un pancho que atravesó generaciones

La receta parece sencilla, pero fue perfeccionada con el tiempo. El pan es elaborado por una panadería de Acassuso y recibe calor mediante vapor para conservar su humedad. Su toque dulzón se combina con una salchicha de estilo alemán, firme, con piel y preparada especialmente para el negocio.

En los primeros años, los panchos se acompañaban únicamente con mostaza servida con una pequeña cuchara. Más adelante aparecieron la mayonesa, el kétchup y la salsa golf. Actualmente también se ofrecen opciones como alioli, sriracha y mostaza con miel.

Coquito, panchería
Más que una panchería, Coquito conserva recuerdos, tradiciones y una parte de la historia de San Isidro Foto: Instagram @panchoscoquito

Sin embargo, el producto principal permanece sin grandes modificaciones. No hay papas fritas ni coberturas exageradas: el protagonista continúa siendo el pancho tradicional.

Pancho y licuado de banana, una combinación inesperada

Una de las mayores curiosidades de Coquito es su acompañamiento más famoso: el licuado de banana. La combinación sorprende a quienes llegan por primera vez, pero para los clientes históricos es una costumbre inseparable de la experiencia.

Las redes sociales llevaron su fama más allá de San Isidro y acercaron visitantes provenientes de distintos puntos del conurbano bonaerense. También pasaron figuras conocidas como Guillermo Francella, Juanse, Juan Román Riquelme y Fernando Peña, quien vivió en la zona.

Un clásico en el corazón histórico de San Isidro

La historia de Coquito también está ligada a la identidad de San Isidro, una localidad cuyo origen se remonta a 1706, cuando Domingo de Acassuso creó una capellanía en honor de San Isidro Labrador.

Mucho después, en 1898, se inauguró el actual templo neogótico que domina el casco histórico. Su torre, de aproximadamente 68 metros, se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles del municipio.

En ese entorno de estación, calles comerciales, plazas y edificios históricos, Coquito encontró su lugar. Desde mediados del siglo XX acompañó los cambios del barrio sin abandonar su esencia.

Después de más de 70 años, el escenario continúa siendo prácticamente el mismo: poco espacio, pedidos veloces, pan caliente y vecinos apoyados sobre la barra. Coquito no solo vende miles de panchos, también conserva una parte de la memoria cotidiana de San Isidro, servida al paso y, como indica la tradición, casi siempre de pie.

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