
Antes de emprender el Cruce de los Andes, el general José de San Martín levantó en Mendoza una enorme base militar. Allí reunió a miles de hombres, organizó las tropas y preparó una expedición que cambiaría la historia de Sudamérica.
Mucho antes de que los soldados marcharan entre montañas nevadas, hubo un terreno llano y salitroso que se transformó en el centro de una operación extraordinaria. Era El Plumerillo, el campamento donde San Martín preparó al Ejército de los Andes.
El predio original habría ocupado entre 70 y 80 hectáreas, aunque actualmente solo se conservan cerca de cuatro. En ese lugar no solo se practicaban movimientos militares: también se distribuían armas, se organizaban los alimentos y se preparaba a los hombres para sobrevivir en uno de los ambientes más extremos del continente.
El terreno que San Martín convirtió en una base militar
El campamento se encontraba en el actual departamento mendocino de Las Heras, aproximadamente a cinco kilómetros de la ciudad de Mendoza. La superficie llana permitía formar a las tropas, ensayar desplazamientos y realizar prácticas de tiro.
Su construcción tomó forma entre 1815 y 1816. El diseño estuvo a cargo del ingeniero Álvarez Condarco, uno de los principales colaboradores del Libertador.

En el predio se levantaron barracas para los soldados, alojamientos destinados a los oficiales, cocinas, guardias y depósitos. En el centro había una plaza de entre cuatro y cinco cuadras, utilizada para los ejercicios militares.
También existía un paredón de más de cien varas de largo que servía para practicar tiro al blanco. El lugar funcionaba como una verdadera ciudad militar levantada contra reloj.
La ayuda fundamental del pueblo mendocino
La construcción de El Plumerillo no dependió solamente del ejército. Los habitantes de Mendoza aportaron cueros, cañas, adobe, horcones y palos de sauce.
Muchos materiales fueron entregados en calidad de préstamo. San Martín incluso solicitó que las maderas fueran marcadas para poder devolverlas a sus propietarios una vez finalizada la campaña.

La vida cotidiana estaba regida por una estricta disciplina. Las jornadas comenzaban alrededor de las seis de la mañana con ejercicios físicos y prácticas militares. Después del descanso del mediodía, la instrucción continuaba durante la tarde.
Por las noches, los soldados debían ocuparse de su higiene y del mantenimiento de los uniformes. Los sábados se enseñaban tácticas de guerra y los domingos se celebraban ceremonias religiosas.
Más de 5.000 personas frente a una misión casi imposible
Los registros vinculados con la expedición mencionan la participación de 5.423 personas. La cifra resulta todavía más sorprendente al considerar que Mendoza tenía poco más de 12.000 habitantes.
Atravesar la cordillera exigía trasladar alimentos, armas, municiones, animales, ropa de abrigo y herramientas. También era necesario estudiar los caminos y calcular la disponibilidad de agua, leña y pasturas.

El objetivo era cruzar los Andes, liberar Chile y luego avanzar hacia Perú, donde se encontraba uno de los principales centros del poder español en Sudamérica.
Para confundir a las fuerzas realistas, el ejército fue dividido en seis columnas que recorrieron distintos pasos cordilleranos.
La Bandera de los Andes y el comienzo de la campaña
Uno de los acontecimientos más importantes ocurridos en El Plumerillo fue la jura de la Bandera de los Andes, realizada el 5 de enero de 1817.
Pocos días después comenzó la salida escalonada de las tropas. Detrás quedaba el campamento donde San Martín había preparado durante meses una de las mayores hazañas militares de la historia argentina.

Después de la campaña, las instalaciones fueron desarmadas. Los materiales prestados regresaron a sus propietarios, mientras que algunos elementos sobrantes fueron entregados a familias de bajos recursos para construir sus viviendas.
Actualmente, el espacio histórico conserva reconstrucciones de las antiguas barracas y exhibe réplicas de uniformes, armas y objetos militares.
El Plumerillo fue mucho más que un campo de entrenamiento. En aquel terreno mendocino, San Martín convirtió un ejército en la fuerza que atravesó la cordillera y abrió el camino para la independencia de buena parte de Sudamérica.




















