
Su plumaje oscuro, cubierto de reflejos verdes, violetas y azulados, puede resultar llamativo. Sin embargo, detrás de su apariencia se esconde una de las aves invasoras más exitosas del mundo.
La historia del estornino pinto en la Argentina comenzó en 1987, cuando se produjo el primer registro reconocido en los Bosques de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, la especie no dejó de multiplicarse y conquistar nuevos territorios.
Originario de Europa y Asia, el Sturnus vulgaris posee una enorme capacidad para adaptarse a ciudades, campos y ambientes modificados por las personas. Aunque el origen de la población argentina no está completamente documentado, una de las hipótesis indica que los primeros ejemplares habrían escapado o sido liberados del cautiverio.
De Palermo a diferentes provincias argentinas
Durante sus primeros años en el país, el estornino se mantuvo principalmente cerca de la ribera del Río de la Plata y en el nordeste bonaerense. Con el paso del tiempo, comenzó a aparecer en la Costa Atlántica, el Litoral y localidades cada vez más alejadas.

Para 2010, diferentes relevamientos ya habían identificado su presencia en provincias como Córdoba y Chaco. Su expansión fue favorecida por su capacidad para recorrer grandes distancias y alimentarse de insectos, semillas, frutas y restos relacionados con las actividades humanas.
Además, puede vivir tanto en parques urbanos como en zonas rurales. Esa flexibilidad le ofrece una ventaja frente a otras aves que dependen de ambientes y alimentos más específicos.
Por qué representa una amenaza para las aves nativas
Uno de los mayores problemas aparece durante el período reproductivo. El estornino pinto busca huecos en árboles, postes, edificios y otras estructuras para instalar sus nidos.
Esas cavidades también son utilizadas por especies autóctonas. Una investigación desarrollada en espacios verdes porteños determinó que el 70% de los nidos estudiados estaba en cavidades naturales, mientras que otro 30% había sido construido en huecos asociados con carpinteros del género Colaptes. También se registraron situaciones de competencia entre ambas aves.

La disputa es importante porque muchas especies nativas dependen de esos lugares para colocar sus huevos y proteger a los pichones. Perder una cavidad puede dejarlas sin posibilidades de reproducirse durante esa temporada.
En noviembre de 2020 se documentaron, además, nidos de estornino en Oncativo, Córdoba. Uno se encontraba en una cavidad natural vinculada con un carpintero y otro dentro de una estación transformadora de energía. Los dos tenían al menos dos pichones, una evidencia de que la especie ya podía reproducirse en áreas agrícolas del interior argentino.
Una bandada destruyó gran parte de un cultivo
La expansión también comenzó a preocupar a los productores. Uno de los episodios más impactantes ocurrió en 2014, en un campo ubicado en City Bell, provincia de Buenos Aires.
Primero se observaron pequeños grupos comiendo arándanos. Un mes después, una bandada compuesta por entre 80 y 100 estorninos consumió el 75% de la etapa final de producción. El caso fue reconocido como el primer registro científico de daños a un cultivo frutal provocado por esta especie en la Argentina.
El antecedente reveló que el problema podía superar el plano ambiental y transformarse también en una amenaza económica para las regiones productivas.
Hasta dónde puede avanzar el estornino pinto
Un estudio basado en 592 registros identificó ambientes favorables para la especie en la región pampeana, Uruguay, el sur de Brasil, las Yungas Australes y sectores del bosque andino.
Los especialistas calcularon que, si continuaba la tendencia observada, el estornino podría ocupar progresivamente las regiones adecuadas que todavía no había colonizado. Muchas de ellas incluyen áreas agropecuarias y territorios habitados por aves amenazadas que también necesitan cavidades para reproducirse.

Desde aquel primer avistamiento de 1987 pasaron casi cuatro décadas. Lo que comenzó con unos pocos pájaros en un parque porteño terminó convirtiéndose en una invasión silenciosa que avanza sobre ciudades y campos argentinos.
El episodio demuestra que, cuando una especie exótica logra adaptarse y reproducirse, controlar su crecimiento puede resultar cada vez más difícil. Ahora, científicos y observadores intentan responder una pregunta decisiva: ¿hasta dónde llegará el estornino pinto en la Argentina?




















