
A pocos kilómetros del centro de Concepción del Uruguay, rodeado por árboles centenarios y junto al arroyo La China, se encuentra el Palacio Santa Cándida, una construcción que parece detenida en el tiempo.
El edificio fue levantado durante el siglo XIX por orden de Justo José de Urquiza. Sin embargo, no fue pensado solamente como residencia: allí funcionó el saladero Santa Cándida, considerado uno de los establecimientos productivos más grandes de América del Sur.
El palacio que Urquiza construyó en honor a su madre
La historia de la propiedad comenzó en 1847, cuando Urquiza decidió levantar una residencia vinculada con la administración de su negocio ganadero. La llamó Santa Cándida en homenaje a su madre, Cándida García González.
El proyecto quedó en manos del arquitecto italiano Pietro Fossati, quien diseñó un edificio inspirado en las villas de la Toscana. La construcción tenía amplios ambientes, materiales europeos y un mirador desde el cual era posible controlar el movimiento del puerto y la aduana.
La planta baja estaba destinada a las oficinas del saladero, mientras que en los niveles superiores se encontraban las habitaciones utilizadas por Urquiza y sus invitados.
Una industria que empleó a más de 300 personas
Durante sus años de mayor actividad, el establecimiento llegó a dar trabajo a más de 300 personas. El complejo tenía espacios para salar carne y cueros, depósitos de grasa, carpintería, tonelería, curtiembre, corrales, viviendas, cocina, panadería y pulpería.

Para transportar la producción hasta el muelle se construyó un puente de aproximadamente 153 metros de largo, realizado con maderas resistentes como urunday, lapacho y quebracho.
Desde allí salían carne salada, cueros, grasa y sebo hacia diferentes mercados. Este sistema resultaba fundamental antes de la aparición de la refrigeración moderna, ya que permitía conservar los alimentos durante viajes prolongados.
La última estadía de Urquiza antes de su asesinato
Aunque su residencia principal era el cercano Palacio San José, Urquiza utilizaba Santa Cándida cuando sus actividades le impedían regresar. Una de sus últimas estadías ocurrió en 1870, poco antes de su asesinato, registrado el 11 de abril de ese año.

Después de su muerte, la propiedad pasó por diferentes familias. Entre ellas se destacó la familia Leloir, que introdujo modificaciones y aportó parte de la apariencia que conserva el edificio. Décadas más tarde, la relevancia patrimonial del conjunto fue reconocida oficialmente: en 1975 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
El antiguo establecimiento atravesó así una profunda transformación. Dejó atrás su función como saladero y se convirtió en una de las primeras experiencias de turismo rural de la Argentina, actividad que comenzó en 1981.
De gran saladero a pionero del turismo rural
En 1981, Santa Cándida comenzó una nueva etapa y se convirtió en una de las primeras experiencias de turismo rural de la Argentina. El antiguo centro industrial fue restaurado y adaptado para recibir huéspedes, aunque conservó gran parte de su arquitectura histórica.

Actualmente, el palacio funciona como alojamiento patrimonial y mantiene su estilo toscano, sus elegantes salones y el entorno natural que lo rodea.
A más de 175 años de su construcción, Santa Cándida conserva la memoria del poder económico de Urquiza, el crecimiento de la industria saladeril y una etapa decisiva de la historia argentina.



















