
La vivienda de San Miguel de Tucumán fue acondicionada para recibir a los diputados de las Provincias Unidas. Tres días antes de la Declaración de la Independencia, Manuel Belgrano presentó allí una propuesta inesperada: establecer una monarquía constitucional encabezada por un descendiente de los incas.
En pleno centro de San Miguel de Tucumán se levanta una construcción blanca, con puertas azules y gruesas paredes, que conserva uno de los capítulos más importantes de la historia argentina. Se trata de la Casa Histórica de Tucumán, donde el 9 de julio de 1816 se declaró la Independencia.
Detrás de esa conocida postal existe una historia menos difundida. El edificio fue originalmente una residencia familiar y tuvo que ser modificado para recibir a los representantes provinciales. Además, en sus habitaciones se debatió un proyecto que podría haber cambiado completamente el destino político del país.
La casona colonial que una familia cedió para el Congreso
La histórica propiedad pertenecía a la familia Bazán y había sido construida como residencia particular durante el siglo XVIII. Su terreno tenía aproximadamente 39 metros de frente por 69 de fondo, por lo que alcanzaba una superficie cercana a los 2.700 metros cuadrados.
La vivienda estaba organizada alrededor de varios patios. En el primero se encontraban las habitaciones familiares y los espacios destinados a recibir visitas. El segundo sector concentraba la cocina, las dependencias del personal, la huerta y otras tareas domésticas.

Francisca Bazán y Esteves de Laguna había recibido parte del solar como dote al casarse, en 1762, con el comerciante español Miguel Laguna. Décadas después, la propiedad sería elegida para albergar el Congreso que debía resolver el futuro de las Provincias Unidas.
No se trataba de un edificio gubernamental, sino de una casa particular adaptada ante la urgencia política y militar que atravesaba el territorio.
La transformación realizada antes de declarar la Independencia
Para crear un espacio suficientemente amplio, fue necesario unir el comedor con uno de los salones principales. Así nació el ambiente que luego sería conocido como el Salón de la Jura.
En ese lugar, los diputados declararon el 9 de julio de 1816 la ruptura política con la monarquía española. El documento habló de las “Provincias Unidas en Sud América”, una denominación que expresaba un proyecto territorial más extenso que el de la Argentina actual.
El Salón de la Jura es, además, el único sector original que sobrevivió a las posteriores demoliciones y reconstrucciones del edificio.
El sorprendente proyecto que Manuel Belgrano presentó en la casa
El 6 de julio de 1816, solamente tres días antes de la declaración, Manuel Belgrano participó de una sesión secreta del Congreso. El creador de la bandera acababa de regresar de Europa y conocía el complejo escenario internacional posterior a la caída de Napoleón.
Ante los diputados, propuso establecer una monarquía constitucional o “temperada”. Sin embargo, su plan no consistía en coronar a un príncipe europeo, sino a un descendiente de la dinastía incaica.

Belgrano también imaginaba establecer la capital del nuevo Estado en Cuzco. La iniciativa buscaba reparar el despojo sufrido por los pueblos originarios, integrarlos al proceso revolucionario y fortalecer la unidad de los territorios sudamericanos.
La propuesta recibió el respaldo de figuras como José de San Martín y Martín Miguel de Güemes, pero encontró resistencia entre distintos dirigentes y sectores políticos. Finalmente, la llamada monarquía incaica nunca llegó a concretarse.
De vivienda familiar a símbolo nacional
Después del Congreso, la casona atravesó décadas de reformas y deterioro. El Estado nacional compró la propiedad durante la década de 1870 y, en 1904, gran parte del edificio fue demolida. Solamente se conservó el histórico Salón de la Jura.
La casa fue reconstruida en 1943 bajo la dirección del arquitecto Mario Buschiazzo, quien utilizó antiguas referencias y una fotografía de 1869 para recuperar su apariencia colonial.

Actualmente funciona como el Museo Casa Histórica de la Independencia y conserva documentos, armas, pinturas, monedas, muebles y objetos de los siglos XVIII y XIX.
La célebre “casita” no fue únicamente el escenario donde nació formalmente la Independencia. También fue el lugar donde Belgrano imaginó una nación sudamericana gobernada por un descendiente de los incas. Aquel plan fracasó, pero quedó como una de las propuestas más sorprendentes de la historia argentina.





















