
Caminar por Barracas es recorrer distintas épocas de Buenos Aires. Detrás de sus antiguos establecimientos fabriles y sus construcciones señoriales aparece un pasado muy diferente al paisaje actual.
Las primeras barracas surgieron hacia fines del siglo XVIII. Más tarde llegaron las grandes quintas y mansiones, mientras que la expansión industrial se produjo principalmente entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Por qué Barracas recibió ese nombre
El nombre del barrio proviene de las barracas, unas construcciones precarias instaladas sobre la orilla izquierda del Riachuelo. Estos galpones eran utilizados para guardar cueros, carnes saladas y otras mercaderías que luego se embarcaban.
Las primeras estructuras se ubicaron entre las actuales barrancas del Parque Lezama y la Vuelta de Rocha, en un punto estratégico para el comercio colonial.

Por entonces, el lugar estaba poco poblado. Había caminos de tierra, terrenos inundables, carretas y animales. Además, en sus inmediaciones funcionaban un puerto y un Arsenal de Marina destinado a proteger la zona frente a posibles invasiones extranjeras.
Durante varios años, el Riachuelo se cruzaba en canoas. La situación cambió el 27 de marzo de 1791, cuando fue inaugurado el primer puente que conectó las dos orillas.
Los palacios que cambiaron el paisaje del barrio
Durante el siglo XIX, Barracas dejó de ser solamente un espacio comercial. Integrantes de las familias más poderosas comenzaron a construir quintas, casonas y palacios rodeados de jardines.
Las residencias se concentraban sobre la antigua Calle Larga, actual avenida Montes de Oca. Allí tuvieron propiedades los Álzaga, Guerrero, Montes de Oca, Cambaceres, Balcarce, Ocampo y Sáenz Valiente.

El barrio combinaba lujo y producción. Las mansiones convivían con depósitos, saladeros y mataderos. Los Mataderos del Sur funcionaron hasta 1872 y provocaban serios problemas sanitarios debido a que parte de los desperdicios de la faena terminaba en el Riachuelo.
La epidemia de fiebre amarilla impulsó a numerosas familias adineradas a abandonar el sur de la ciudad. Muchas se trasladaron hacia los barrios del norte y las antiguas propiedades comenzaron a perder su función original.
De las quintas aristocráticas a las grandes fábricas
La cercanía con el río, los terrenos disponibles y el crecimiento del ferrocarril favorecieron la instalación de talleres, depósitos y fábricas.
Durante el siglo XX, Barracas se consolidó como un importante barrio industrial. También recibió a miles de inmigrantes, especialmente italianos, que encontraron trabajo y formaron comunidades alrededor de los establecimientos productivos.
El paisaje quedó marcado por chimeneas, galpones y viviendas obreras. La industria alimenticia, la metalurgia, las imprentas, los textiles y las curtiembres transformaron la vida cotidiana del barrio.
La tragedia de Felicitas Guerrero
Uno de los episodios más recordados de Barracas fue la muerte de Felicitas Guerrero. Nacida en 1846, pertenecía a una familia acomodada y se casó muy joven con Martín de Álzaga, un hombre mucho mayor que ella.

Después de quedar viuda en 1870, heredó una enorme fortuna y se convirtió en una de las mujeres más reconocidas de la sociedad porteña. Sin embargo, su vida terminó de manera trágica.
El 29 de enero de 1872 fue atacada con un arma de fuego por Enrique Ocampo, un pretendiente al que había rechazado. Felicitas murió al día siguiente, con apenas 25 años.

El crimen ocurrió en la quinta familiar ubicada donde actualmente se encuentra la Plaza Colombia. El episodio causó una enorme conmoción y dio origen a historias sobre amores, celos, fantasmas y secretos.
La iglesia, los túneles y el templo escondido
En memoria de Felicitas, su familia mandó construir la Iglesia Santa Felicitas. El templo fue diseñado por el arquitecto Ernesto Bunge e inaugurado en 1876.
Actualmente, el Complejo Histórico Santa Felicitas conserva la iglesia, el antiguo Oratorio de Álzaga, túneles construidos en 1893 y un templo neogótico escondido que nunca fue consagrado. Este último posee 28 vitrales franceses de gran valor patrimonial.
Barracas pasó de ser un territorio de galpones junto al Riachuelo a convertirse en residencia de familias poderosas y, posteriormente, en un gran centro industrial. Sus palacios, fábricas, túneles y tragedias construyeron la identidad de uno de los barrios más históricos y misteriosos de Buenos Aires.




















