
En 1869, Mary Elizabeth Gorman desembarcó en la Argentina después de atravesar el océano Atlántico. No llegó como turista ni como parte de una expedición científica: había sido convocada para participar de uno de los proyectos educativos más ambiciosos de Domingo Faustino Sarmiento.
Su llegada marcó el comienzo de un programa que se extendió durante casi tres décadas. Entre 1869 y 1898, alrededor de 65 docentes estadounidenses viajaron al país para organizar escuelas normales, formar maestros y difundir nuevos métodos de enseñanza.
Muchas fueron destinadas a ciudades alejadas de Buenos Aires, donde debieron enfrentar caminos precarios, diferencias culturales y un idioma que apenas conocían.
La idea que Sarmiento tuvo antes de ser presidente
El proyecto había comenzado a tomar forma en 1845. Durante su exilio en Chile, Sarmiento viajó por Europa y Estados Unidos para conocer diferentes sistemas educativos.
En territorio estadounidense quedó impresionado por el funcionamiento de las escuelas y por la preparación de sus docentes. Allí conoció las ideas de Horace Mann, uno de los principales impulsores de la educación pública en aquel país.

Sarmiento comprendió que construir escuelas no era suficiente. Para extender la alfabetización por todo el territorio argentino también era necesario contar con maestros capacitados.
Su plan original fue incluso más grande: imaginó la llegada de miles de docentes. Aunque esa cifra nunca se concretó, decenas de educadores aceptaron la propuesta y se trasladaron a la Argentina.
Quién fue la primera maestra que aceptó viajar
Mary Elizabeth Gorman fue la primera en llegar, en 1869, cuando Sarmiento ya ocupaba la presidencia. Luego se trasladó a San Juan para comenzar su trabajo.
El recorrido era una verdadera aventura. Debido a la falta de conexiones marítimas directas, algunas docentes debían viajar primero a Inglaterra, embarcarse en Liverpool y desde allí continuar hacia Buenos Aires.
El viaje no terminaba en el puerto. Para alcanzar sus destinos provinciales podían pasar varios días en diligencias, carruajes o transportes precarios, a través de caminos de tierra.
Los contratos generalmente duraban tres años. Antes de asumir sus cargos, las maestras tenían un breve período para aprender castellano y adaptarse a las costumbres locales.
Los problemas que enfrentaron en la Argentina
La experiencia fue más compleja de lo que indicaban los documentos oficiales. Las maestras encontraron escuelas con pocos recursos, diferencias religiosas, dificultades con el idioma y comunidades que observaban con desconfianza sus costumbres.

También llamaban la atención sus métodos de disciplina, su vestimenta y la autonomía con la que administraban las instituciones. Algunas regresaron a Estados Unidos, pero otras permanecieron en la Argentina y formaron sus familias.
Las docentes extranjeras no se limitaron a enseñar lectura, escritura y aritmética. Su tarea principal fue preparar a los futuros maestros argentinos, capaces de reproducir esos conocimientos en diferentes provincias.
La transformación de las escuelas normales
Las escuelas normales ocuparon un lugar central dentro del proyecto. Allí se incorporaron métodos de planificación, observación de las clases y elaboración de informes.
Una de las docentes más reconocidas fue Clara Armstrong, vinculada con la organización y dirección de la Escuela Normal de Catamarca. Como ella, otras educadoras asumieron cargos de conducción y dejaron una influencia que continuó después de su partida.
En 1898, 29 años después de la llegada de Gorman, cerca de 65 docentes estadounidenses habían participado del programa. Aunque fueron muchas menos de las que Sarmiento había imaginado, su trabajo permitió formar a generaciones de educadores.
El inesperado vínculo con los Juegos Olímpicos
La historia de Mary Elizabeth Gorman esconde otro dato poco conocido. La maestra se instaló definitivamente en la Argentina, formó una familia y se radicó en Pigüé, provincia de Buenos Aires.
Años después, una de sus descendientes alcanzó reconocimiento internacional: fue abuela de Jeannette Campbell, la nadadora que ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.
Campbell también fue la primera mujer argentina en participar de unos Juegos Olímpicos. De este modo, la vida de Gorman quedó relacionada con dos transformaciones del país: la expansión educativa y la incorporación de las mujeres argentinas al deporte internacional.
El legado menos conocido de Sarmiento
El proyecto no se desarrolló exactamente como había sido imaginado. Hubo conflictos, falta de recursos y docentes que permanecieron poco tiempo. Sin embargo, aquellas mujeres consiguieron organizar instituciones, formar maestros y extender nuevas prácticas educativas.
Todo comenzó en 1869, con una docente que se animó a cruzar el océano para vivir en un país desconocido. Veintinueve años después, 65 educadores habían participado de una transformación silenciosa cuyos efectos alcanzaron a varias generaciones de argentinos.



















