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Cada cuánto hay que regar la lavanda en primavera para que florezca y no se pudran sus raíces

Conocer el tiempo exacto es clave para que la planta se mantenga sana y llene de flores y perfume el jardín.

Cada cuánto hay que regar la lavanda en primavera para que florezca y no se pudran sus raíces.
Cada cuánto hay que regar la lavanda en primavera para que florezca y no se pudran sus raíces. Foto: Foto: Gemini
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La lavanda es una de las plantas aromáticas más elegidas para decorar jardines, balcones y terrazas. Sus flores violetas, su aroma característico y su resistencia la convierten en una opción ideal para quienes buscan sumar color al exterior sin dedicarle demasiados cuidados. Sin embargo, hay un detalle que muchos pasan por alto, y es su riego, sobre todo en primavera.

Uno de los errores más comunes al cultivarla es regarla en exceso. Durante esta temporada, cuando las temperaturas comienzan a subir y la planta retoma su crecimiento, es importante encontrar el equilibrio entre aportar agua suficiente y evitar que sus raíces permanezcan húmedas durante demasiado tiempo.

La frecuencia de riego depende del clima, el tipo de suelo, el tamaño de la maceta y la exposición al sol. Por eso, más que seguir un calendario rígido, conviene observar la humedad de la tierra antes de volver a regar.

Cada cuánto hay que regar la lavanda en primavera

En primavera, la lavanda suele necesitar riego una vez por semana, aunque esta frecuencia puede variar según las condiciones del ambiente. En días calurosos, con mucho sol o viento, la tierra puede secarse más rápido. En cambio, si hay lluvias frecuentes o el suelo retiene mucha humedad, será necesario espaciar los riegos.

Guía fácil y rápida de la lavanda
Saber el riego de la lavanda es clave para mantenerla en buen estado. Foto: Wikimedia Commons

Lo ideal es comprobar que la capa superior del sustrato esté seca antes de volver a agregar agua. La lavanda tolera mejor una ligera falta de agua que permanecer en una tierra constantemente mojada.

Cómo saber si necesita agua

Para determinar si llegó el momento de regar, se puede realizar una comprobación sencilla con el dedo:

  1. Introducir un dedo aproximadamente 3 centímetros en la tierra.
  2. Comprobar si el sustrato se siente seco o todavía conserva humedad.
  3. Si está seco, regar de manera abundante hasta que el agua comience a salir por los agujeros de drenaje de la maceta.
  4. Dejar escurrir el exceso y retirar el agua acumulada en el plato.

En macetas pequeñas, la tierra puede secarse con mayor rapidez. En el jardín, en cambio, la humedad puede mantenerse durante más tiempo, especialmente después de una lluvia.

Por qué el exceso de agua puede pudrir sus raíces

La lavanda es originaria de regiones mediterráneas y está adaptada a suelos que drenan bien. Sus raíces necesitan oxígeno para funcionar correctamente, y un sustrato permanentemente empapado puede reducir la cantidad de aire disponible.

Planta de lavanda Foto: GROK

Cuando el exceso de humedad se mantiene durante mucho tiempo, aumenta el riesgo de problemas radiculares, incluida la pudrición de raíces causada por distintos microorganismos favorecidos por esas condiciones.

Algunas señales de alerta son:

  • Hojas amarillentas o con aspecto decaído.
  • Tallos que se oscurecen o se sienten blandos.
  • Tierra que permanece mojada durante varios días.
  • Mal olor proveniente del sustrato.
  • Crecimiento débil o deterioro general de la planta.

Es importante tener en cuenta que estos síntomas pueden deberse a distintas causas, por lo que no siempre indican pudrición de raíces.

El drenaje es clave para cuidar la lavanda

Además de controlar la frecuencia de riego, es fundamental que el agua pueda salir fácilmente del recipiente o del suelo. Una lavanda cultivada en una maceta sin agujeros de drenaje tiene más probabilidades de sufrir acumulación de humedad.

Para mejorar sus condiciones de cultivo:

  • Elegir una maceta con agujeros en la base.
  • Utilizar un sustrato suelto y bien drenado.
  • Evitar dejar agua estancada en el plato.
  • No regar automáticamente si la tierra todavía está húmeda.
  • Ubicar la planta en un lugar con buena circulación de aire.

En el jardín, conviene evitar los sectores donde se forman charcos después de las lluvias.

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