
Hubo un tiempo en que miles de ovejas dominaban el paisaje de Monte León, en la provincia de Santa Cruz. A comienzos del siglo XX, la actividad ganadera era una de las principales fuerzas económicas de la Patagonia y esta estancia llegó a albergar más de 40.000 animales. Un siglo después, el escenario es completamente diferente.
Las antiguas tierras ganaderas forman hoy parte del Parque Nacional Monte León, un área protegida de 62.169 hectáreas donde la estepa patagónica se encuentra con el Mar Argentino. Allí, entre acantilados, playas y costas rocosas, se encuentra una colonia de aproximadamente 46.000 parejas de pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus), una de las principales del país.

La transformación de Monte León resume, en un mismo paisaje, buena parte de la historia económica y ambiental de la Patagonia: de una explotación dedicada a la producción ovina a un territorio destinado a conservar la biodiversidad.
De ser una de las grandes estancias ovinas de la Patagonia a convertirse en un Parque Nacional
La historia ganadera de Monte León comenzó a fines del siglo XIX. Desde 1895, el territorio estuvo vinculado a la explotación lanar y llegó a albergar más de 40.500 ovejas, según la Administración de Parques Nacionales. La actividad se mantuvo durante buena parte del siglo XX y dejó una importante huella en el paisaje.
Los registros históricos muestran la magnitud que había alcanzado la producción. Hacia 1920, el establecimiento contaba con 20.535 ovejas, 300 caballos, ocho vacas y un toro, de acuerdo con la documentación histórica utilizada por Parques Nacionales.
Con el paso de las décadas, sin embargo, la actividad comenzó a perder importancia. La estancia continuó funcionando como explotación ganadera, pero la cantidad de animales fue disminuyendo progresivamente. El cambio definitivo llegó con el proceso de conservación iniciado a comienzos del siglo XXI.

En abril de 2001 se estableció un fideicomiso entre Patagonia Land Trust y la Fundación Vida Silvestre Argentina para adquirir la totalidad de la Estancia Monte León y posteriormente transferirla al Estado Nacional con el objetivo de crear un parque nacional. El proyecto también permitió ampliar la superficie inicialmente prevista hasta alcanzar las dimensiones del actual parque.
En noviembre de 2002, la estancia fue donada a la Administración de Parques Nacionales. Finalmente, en 2004, la Ley 25.945 creó formalmente el Parque y Reserva Nacional Monte León y aceptó la transferencia al Estado Nacional de un área de 62.169 hectáreas.
Así, el territorio que durante décadas había estado dedicado a la ganadería pasó a tener una nueva función: la conservación de los ambientes naturales de la Patagonia austral.
46.000 parejas de pingüinos: la colonia que convirtió a Monte León en un refugio clave
Entre los grandes protagonistas del actual Monte León se encuentra el pingüino de Magallanes. La ficha oficial de Parques Nacionales estima que en el área protegida nidifican unas 46.000 parejas, mientras que la información institucional sobre biodiversidad destaca que se trata de una de las principales colonias de la especie en Argentina.

Estos animales pasan gran parte del año en el mar, pero regresan a tierra firme durante la temporada reproductiva. Allí utilizan sus nidos para poner los huevos, incubarlos y criar a sus pichones.
Monte León ofrece las condiciones necesarias para ese ciclo gracias a sus playas y sectores costeros. Durante la temporada de reproducción, la presencia de miles de ejemplares transforma el paisaje y convierte a la zona en uno de los puntos más destacados de la costa patagónica para observar esta especie.
La importancia del área, además, no se limita a brindar un espacio terrestre para la reproducción. El pingüino de Magallanes depende también del ecosistema marino para conseguir alimento, por lo que la conservación del ambiente costero y de las aguas cercanas resulta fundamental para la especie.
El parque cuenta con sectores destinados al avistaje de fauna y senderos que permiten acercarse a distintos ambientes. Sin embargo, los pingüinos continúan siendo animales silvestres y las visitas deben realizarse siguiendo las indicaciones de los guardaparques.

Mucho más que pingüinos: el ecosistema que protege Monte León
Aunque la enorme colonia de pingüinos sea uno de sus principales atractivos, Monte León conserva una biodiversidad mucho más amplia.
El parque se encuentra justamente en el límite entre dos grandes ambientes: la estepa patagónica y el Mar Argentino. Esa ubicación permite encontrar especies terrestres, aves marinas y organismos propios de los ambientes costeros en un mismo territorio.
En la estepa pueden observarse guanacos, choiques, zorros, zorrinos, armadillos y pumas, además de numerosas especies de aves. En la costa aparecen gaviotas, gaviotines, cormoranes y petreles, mientras que distintos sectores funcionan como apostaderos para el lobo marino de un pelo.
¿Lo mejor? La biodiversidad continúa bajo el agua. Durante la bajamar, las restingas dejan al descubierto un ambiente habitado por pulpos, mejillones, caracoles, camarones, anémonas, erizos, estrellas de mar y cangrejos.

En el mar, los bosques submarinos formados por grandes algas sirven de refugio para numerosas especies de peces. También pueden observarse ocasionalmente mamíferos marinos como la tonina overa y el delfín austral. En total, Parques Nacionales registra en el área 134 especies de aves y 28 especies de mamíferos, además de reptiles y peces.
El pasado ganadero que todavía permanece en el paisaje
La creación del parque no borró la historia de la estancia. Por el contrario, parte de ese pasado permanece como patrimonio cultural dentro del área protegida.
Las antiguas instalaciones vinculadas con la actividad ganadera todavía permiten reconstruir cómo era la vida en Monte León cuando la producción ovina dominaba el territorio. El casco de la ex estancia y otros puestos forman parte de los vestigios de aquella etapa. Ese patrimonio permite comprender que el paisaje actual no siempre fue así.
Donde hoy se observan guanacos, pumas y miles de pingüinos, durante décadas hubo corrales, trabajadores rurales y grandes rebaños de ovejas. La actividad ganadera dejó una marca profunda en la historia del lugar, al igual que otras explotaciones que se desarrollaron en la costa, como la extracción de guano y la caza de lobos marinos. Hoy, en cambio, el objetivo es conservar ese territorio y los ecosistemas que lo conforman.

Monte León se convirtió en 2004 en el primer Parque Nacional costero de Argentina, con una superficie de más de 62.000 hectáreas y unos 30 kilómetros de costa. Su creación permitió proteger conjuntamente muestras de la estepa patagónica y del ambiente marino.
La imagen actual resulta casi opuesta a la de un siglo atrás: las miles de ovejas que alguna vez representaron la actividad económica de estas tierras fueron reemplazadas, en términos de protagonismo ambiental, por una biodiversidad que encuentra allí un espacio protegido.
Y entre todos esos habitantes, una cifra resume la magnitud de la transformación: unas 46.000 parejas de pingüinos de Magallanes nidifican hoy en el mismo territorio que alguna vez fue una de las grandes estancias ovinas de la Patagonia.


















