
Lo que alguna vez fue un colectivo destinado al traslado de estudiantes hoy es una casa rodante completamente equipada para viajar por Argentina. Detrás de esta transformación están Pablo Molina, un mecánico y electricista de 51 años, y su esposa, Marisa Ardisana, quienes decidieron convertir un viejo micro escolar en el motorhome que siempre habían imaginado.
La pareja vive desde hace ocho años en Las Toninas, partido de La Costa, después de mudarse desde Quilmes en busca de una vida más tranquila. Sin embargo, el deseo de recorrer distintos destinos sin depender de hoteles ni alojamientos seguía pendiente.

En diciembre de 2025 encontraron la oportunidad de concretarlo: adquirieron un colectivo Mercedes-Benz modelo 2007 y comenzaron una transformación que demandó una importante inversión económica y numerosas jornadas de trabajo. “Hicimos todo a pulmón”, reconocieron en una entrevista con Infobae, en una nota de la periodista Cinthia Ruth.
Cómo nació el proyecto de transformar el micro escolar
Antes de embarcarse en este proyecto, Pablo y Marisa ya habían experimentado los viajes en una Renault Traffic adaptada. Aunque disfrutaban de esa modalidad, el espacio disponible resultaba insuficiente para las comodidades que buscaban.
“Yo siempre quise algo más grande”, contó Pablo, quien además de desempeñarse como mecánico y electricista tiene experiencia en la conducción de vehículos pesados. “Queríamos que fuese como una casa y que tuviera espacios más amplios para movernos”, explicó.

El 11 de diciembre de 2025, Pablo viajó hasta Ezeiza para retirar el colectivo que cambiaría sus planes. El vehículo conservaba sus 40 asientos originales, que fueron retirados para comenzar la construcción de la vivienda.
En poco más de un mes, el proyecto había avanzado lo suficiente como para conseguir la homologación como casa rodante y quedar habilitado para circular.
“El vehículo mide 10,60 metros de largo por 2,40 de ancho. De los asientos originales solo quedó el del conductor. La distribución la pensamos para tres personas, aunque cuenta con más plazas habilitadas para pasajeros. Hay un sillón en el living, que también puede transformarse en cama”, detalló.
El resultado fue El Rutero, nombre con el que bautizaron al motorhome que ahora utilizan para realizar escapadas familiares.
Los detalles de la casa rodante de dos ambientes con energía solar
La distribución interior fue diseñada para aprovechar cada metro disponible y ofrecer las comodidades de una vivienda tradicional. El motorhome cuenta con un sector de cocina, comedor y living, además de un dormitorio con cama matrimonial y un baño equipado con ducha.

La cocina dispone de cuatro hornallas, horno convencional y una heladera con freezer que puede funcionar con diferentes voltajes. También instalaron un calefón a gas para disponer de agua caliente.
Para garantizar el abastecimiento durante los viajes, Pablo incorporó un tanque de agua limpia y otro para almacenar las aguas grises provenientes de la cocina, el lavatorio y la ducha. El baño cuenta con un inodoro seco, mientras que para beber y preparar mate utilizan agua potable en bidones.
La adaptación también exigió modificar las aberturas originales del colectivo. “Algunas ventanas fueron selladas para evitar filtraciones, un problema habitual en este tipo de vehículos, mientras que otras permanecen operativas para permitir la ventilación y el ingreso de luz natural”, especificó Pablo.

Aunque todavía quedan detalles estéticos pendientes, la familia ya puede utilizar todos los ambientes principales. Uno de los próximos pasos será renovar el exterior del vehículo, que todavía conserva su característico color naranja de transporte escolar.
Conectividad en movimiento: internet dentro del vehículo
Uno de los aspectos más destacados de El Rutero es su capacidad para funcionar sin depender permanentemente de las instalaciones de un camping.
Pablo incorporó un sistema de paneles solares y baterías que permite abastecer distintos electrodomésticos y dispositivos eléctricos durante los viajes.

“El sistema incluye baterías que abastecen los equipos del interior, con conexiones que permiten utilizar aparatos tanto a 220 voltios como a 24 voltios. La heladera, por ejemplo, la utilizo en 24 voltios porque consume menos energía”, contó.
A esta instalación se suma una antena de Starlink, el servicio de internet satelital que les permite mantenerse conectados incluso cuando se encuentran lejos de centros urbanos.
El equipamiento incluye también un televisor inteligente, acceso a plataformas de entretenimiento y un sistema de calefacción a gasoil que puede controlarse desde el teléfono celular.
La necesidad de instalar calefacción surgió después de una de sus primeras escapadas a Nueva Atlantis, donde el frío y la lluvia pusieron a prueba las condiciones del vehículo.
Luego de realizar las modificaciones, Pablo comprobó el funcionamiento del sistema durante un fin de semana en Punta Médanos. “Gasté apenas dos litros de gasoil en todo el fin de semana”, aseguró.

La nueva vida del mecánico de 51 años en Las Toninas
Aunque la casa rodante ya está en funcionamiento, Pablo y Marisa todavía no pueden dedicarle todo el tiempo que quisieran. Las obligaciones laborales y la escolaridad de su hijo Luciano hacen que, por el momento, los viajes se concentren principalmente durante los fines de semana.
“Hicimos viajes cortos, de unos 50 km aproximadamente, por La Costa. Aprovechamos los fines de semana porque son los días que no trabajo”, relató Pablo.
Entre los destinos que incorporaron a sus planes aparecen Claromecó, Reta y las playas de San Antonio Este. La intención es ampliar progresivamente los recorridos y aprovechar los períodos de descanso para conocer nuevos paisajes.

Sin embargo, el objetivo de la pareja va mucho más allá de las escapadas ocasionales. Según explicaron, “la idea de vivir en el motorhome no es un plan para cuando llegue la jubilación”.
Ambos quieren disfrutar de esta experiencia mientras puedan combinar sus responsabilidades familiares y laborales con la posibilidad de viajar. “A mi siempre me encantó esa idea”, expresó Marisa.
Por ahora, El Rutero continúa siendo el refugio familiar para los fines de semana y las vacaciones. Pero para Pablo y Marisa representa algo más importante: la posibilidad de construir una vida diferente, con las comodidades de una casa y la libertad de elegir un nuevo paisaje cada vez que salen a la ruta.




















