
En Buenos Aires existen bares que forman parte del paisaje y otros que parecen guardar la memoria completa de un barrio. En el límite entre Chacarita, Colegiales y Villa Ortúzar funciona uno de esos lugares donde la gastronomía, el tango y la historia porteña quedaron unidos.
Se trata de 8 Esquinas, un bodegón inaugurado en 1939 que todavía recibe clientes en avenida Forest 1186. Su nombre responde al particular cruce formado por las avenidas Forest, Álvarez Thomas y Elcano, cuyo trazado genera ocho ángulos.
El establecimiento sobrevivió a los cambios del barrio, a distintas administraciones y a la transformación de las costumbres gastronómicas. Sin embargo, logró conservar el ambiente de un antiguo café porteño, con mesas de madera, fotografías históricas y objetos de otras épocas.
Abrió cuando los tranvías todavía recorrían el barrio
El primer registro conocido del negocio corresponde al 31 de octubre de 1939. En aquel momento, la avenida Forest era de empedrado y varias líneas de tranvía pasaban frente al establecimiento.
El local comenzó como una cafetería administrada por inmigrantes españoles. Allí se servían café y productos de panadería. Como ocurría en otros negocios de la época, el salón incluso tenía un sector reservado para mujeres, separado mediante un biombo.

Su identidad cambió durante la década de 1960, cuando la carta incorporó recetas alemanas, embutidos y cerveza tirada. Esa combinación resultó novedosa y convirtió al café en un concurrido punto de encuentro.
Entre los años 60 y 80 vivió una de sus etapas de mayor esplendor. Durante los fines de semana, las mesas se llenaban de vecinos que buscaban cerveza, fiambres, platos abundantes y largas sobremesas.
El bodegón elegido por figuras del tango
Antes de convertirse en un templo de la cocina alemana, 8 Esquinas ya era frecuentado por importantes artistas porteños. Por el salón pasaron Homero Manzi, Aníbal Troilo, Julián Centeya y los hermanos Homero y Virgilio Expósito.
Uno de los visitantes más recordados fue Osvaldo Pugliese, quien vivía en la zona y tenía una mesa predilecta junto a la ventana. Allí acostumbraba tomar café y leer el diario. El bodegón conserva ese rincón con fotografías y recuerdos del compositor.

Con el paso de los años también llegaron representantes del rock y del fútbol argentino. Entre sus clientes estuvieron Pappo Napolitano, Gustavo Cerati, Hugo Orlando Gatti y Alberto Tarantini.
Las fotografías colgadas en las paredes no funcionan solamente como decoración. Son el registro de las distintas generaciones que encontraron en el lugar un espacio para conversar, comer y escapar por un rato del ritmo de la ciudad.
De cafetería española a bodegón con corazón alemán
Actualmente, la carta combina la tradición del bodegón porteño con platos de Europa central. Entre las especialidades aparecen el goulash con spaetzle, lomo a la germana, currywurst, kassler, strogonoff de ternera y salchichas con chucrut.

La propuesta se completa con clásicos como milanesas, tortilla española, pastas caseras, rabas, mondongo, carne guisada y bife de chorizo. Las picadas de quesos, fiambres y embutidos mantienen viva la antigua costumbre del copetín acompañado por un vermut o una cerveza.
Esa fusión gastronómica explica algunos de los nombres que recibió a lo largo de su historia. Muchos parroquianos lo conocieron como “el Bar Alemán”, “la Munich” o “el bar del Rojo”.
Un Bar Notable que resiste el paso del tiempo
En 2011, 8 Esquinas fue reconocido como Bar Notable de la Ciudad de Buenos Aires, una distinción reservada para establecimientos relacionados con la identidad cultural y la historia porteña.
Su valor no se limita a la antigüedad. El bodegón preserva costumbres que resultan cada vez menos frecuentes: la picada compartida, el mozo que conoce cada plato, la cerveza servida sin apuro y la sobremesa que se extiende durante horas.

Más de ocho décadas después de su apertura, continúa funcionando en el mismo cruce porteño. En sus paredes conviven músicos, deportistas y antiguos vecinos, mientras desde la cocina siguen saliendo recetas alemanas y platos tradicionales argentinos.
En una ciudad donde los comercios cambian constantemente, 8 Esquinas permanece como un refugio contra el olvido. Entrar al bodegón no significa solamente sentarse a comer: también permite imaginar el ruido de los tranvías sobre el empedrado, a Pugliese leyendo el diario junto a la ventana y a varias generaciones compartiendo una picada bajo las mismas luces.


















