
Ricardo Barreda fue uno de los mayores asesinos de la historia policial argentina. El sujeto fue condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de La Plata en 1995 a prisión perpetua por el cuádruple homicidio de su esposa, sus dos hijas y su suegra, ocurrido el 15 de noviembre de 1992. Sin embargo, en el año 2008, habiendo cumplido 16 años de cárcel, la Justicia lo benefició con el arresto domiciliario.
En ese momento, las autoridades explicaron que el femicida había accedido a esa posibilidad porque tenía más de 70 años y por su “buena conducta en el penal”. Así, el asesino salió del complejo carcelario de Gorina y se mudó al barrio porteño de Belgrano a la casa de Bertha André, su novia.
“Pochi”, como solían decirle, conoció a Barreda en la cárcel. La mujer era docente jubilada, no tenía hijos y tampoco se había casado. En gran parte de su tiempo libre, Betha realizaba tareas solidarias en distintas cárceles de la provincia de Buenos Aires.
Fue en una de esas visitas que se topó con el asesino y comenzó a forjar un vínculo cada vez más profundo con él. Tanto así que al salir de la cárcel, la mujer se ofreció no solo para hospedarlo en su domicilio de la calle Vidal al 2300 sino que también para ser su garante fuera de la prisión.

Cómo era la relación entre Ricardo Barreda y Bertha André
El caso Barreda recibió una atención mediática absoluta en los años 90 con lo cual era imposible que Bertha no supiera que se trataba de uno de los asesinos más famosos de la Argentina. Pero la mujer tampoco era su fan ni sentía una “fascinación” por él. Su encuentro ocurrió de manera fortuita.
A partir de ese momento, empezó a visitarlo asiduamente tanto en el penal de La Plata como en Gorina hasta que, posiblemente manipulada por el asesino, ofreció su casa para vivir con él una vez que saliera de la cárcel con la condición de que continuara un tratamiento psiquiátrico. También les dijo a las autoridades que lo mantendría con su jubilación. Y así fue. Sin embargo, desde ese entonces, para Bertha, empezó un nuevo infierno.
La estadía de Barreda en el domicilio de Belgrano estuvo cargado de malos tratos, humillaciones y violencia psicológica contra la docente jubilada. Si bien el comportamiento del homicida no pudo ocultarse por mucho tiempo, la convivencia se mantuvo por seis años.
En los primeros tres, realizaron algunos viajes a Mar del Plata y en Córdoba. Incluso, el propio Barreda era visto caminando por las calles del barrio porteño de Belgrano ante la mirada absorta de los vecinos.
Ya, en el año 2011, cuando el asesino recibió su libertad condicional, los maltratos comenzaron a acrecentarse. El individuo utilizaba apodos despectivos para referirse a ella y se burlaba continuamente de su peso y aspecto físico.
El quiebre del vínculo entre Bertha y Barreda
El punto final de la relación se dio en diciembre de 2014. Fueron los propios psicólogos del asesino quienes detectaron que existían severos conflictos en la pareja y decidieron elevar la cuestión a las autoridades judiciales.
Algunas semanas después, ambos fueron citados por Rául Dalto, juez de la Cámara del Crimen, para indagar en la situación. Bertha negó el maltrato, pero sí confirmó que tenían problemas económicos y que se le hacía muy difícil “llevarse bien” con Barreda. Además, admitió, en su declaración, que se encontraba “desilusionada” del vínculo que estaban manteniendo.

Para el juez Dalto, había claros indicios de violencia en la relación de pareja y advirtió un “peligro inminente”. “Cuando comenzaron a convivir ella estaba en pleno uso de facultades, ahora está en otra situación. El riesgo es para los dos”, precisó el magistrado haciendo referencia también a los problemas de salud que tenía la mujer.
Por ello, ordenó que Barreda no regresara a convivir con Bertha André. Días después, el asesino volvió a la cárcel, en esta ocasión, al penal de máxima seguridad de Olmos, también ubicado en La Plata. En el dictamen, el magistrado indicaba que Barreda no tenía ningún otro domicilio presentado -ya que había perdido la casa familiar de la calle 48- y que, por tanto, tenía que volver a la cárcel.
Cuándo falleció Betha André, última novia de Barreda
Después de que Barreda regresó a prisión, el cuadro neurológico de “Pochi” comenzó a gravarse cada vez más. La mujer murió el 24 de julio de 2015 en un hospital de la provincia de Buenos Aires a los 78 años de edad.
Por su parte, Ricardo Barreda salió de la cárcel en diciembre de 2015 nuevamente en libertad condicional y, en mayo de 2016, la Justicia dio por extinguida su pena. Así se mudó a una casa del municipio de Tigre, aunque después vivió en diferentes hoteles del Conurbano Bonaerense. Finalmente, el asesino murió el 25 de mayo de 2020 en un geriátrico de José C. Paz. Tenía 83 años.

Cronología del cuádruple femicidio que cometió Ricardo Barreda en La Plata
En 15 de noviembre de 1992, el odontólogo mató a su esposa, Gladys McDonald, a sus hijas Cecilia (26) y Adriana (24) y a su suegra Elena en su casa del municipio bonaerense de La Plata.
Después del cuádruple femicidio, el sujeto intentó montar una escena de robo para evitar que la policía lo encuentre sospechoso del asesinato. Más tarde, abandonó su vivienda y se dirigió a la ciudad de Punta Lara, a 20 minutos de La Plata, para descartar la escopeta española Víctor Sarasqueta calibre 16 con la había matado a las cuatro mujeres. Luego se dirigió al zoológico municipal, visitó la tumba de sus padres y, por último, se encontró con su amante en un hotel del partido.
Recién algunas horas después llamó a la Policía Bonaerense para comunicar lo ocurrido. Si bien, intentó alimentar la versión de un hecho delictivo seguido de muerte, las autoridades rápidamente descreyeron de lo que decía y, a los pocos días, la justicia platense ordenó su detención definitiva.


















