
Si uno se pone a pesquisar aquellos casos policiales más misteriosos de la Argentina el de la familia Gill, sin dudas, es uno ellos. Las seis personas, dos mayores, Margarita Gallegos (26) y Rubén “Mencho” Gill (56) y sus cuatro hijos, María Ofelia (11), José Osvaldo (9), Sofía Mercedes (7) y Carlos Daniel (3) desaparecieron un 13 de enero de 2002 y, desde entonces, no se supo más nada de ellos.
Habitaban en una estancia llamada “La Candelaria”, ubicada en la calle Crucecitas 7, en el departamento de Nogoyá, provincia de Entre Ríos. Esa propiedad pertenecía a Alfonso Goette, un productor agropecuario de origen alemán conocido por los residentes del lugar por su “mal genio”.
Mencho trabajaba para él como “peón rural” y, durante la investigación, Goette se convirtió en el principal sospechoso. Muchos de los vecinos de la zona, incluso, la familia de los Gill estaban convencidos de que el hombre los había asesinado. No obstante, esa hipótesis nunca fue comprobada. Tampoco hubo elementos que la pudieran confirmar.
Qué pasó con los Gill: sus últimos movimientos
Sábado 12 de enero de 2002
Los investigadores colocaron esta fecha como punto de partida: el objetivo era conocer los últimos movimientos de los Gill. El sábado 12 de enero por la noche, los seis miembros de la familia viajaron hasta la ciudad de Viale, a tan solo 20 kilómetros de donde residían, para ir al velorio de un amigo. El viaje parecía ser simple: 30 minutos de ida y 30 minutos de vuelta en auto. Hacia el atardecer ya debían estar de nuevo en La Candelaria, pero eso nunca ocurrió.

Domingo 13 de enero de 2002
Los Gill ya no estaban en su casa. Sin embargo, la denuncia para investigar su paradero se realizó casi tres meses después. Ahora bien, aquel domingo 13 de enero, entró una extraña llamada al celular de Rubén Gill proveniente de una mujer localizada en Rosario. Cuando se inició la investigación, esta persona nunca pudo ser localizada. Años después, un vecino que vivía en frente de La Candelaria afirmó haber visto, al día siguiente, es decir, el lunes 14, al peón rural montando a caballo. Pero, de nuevo, esa versión nunca se pudo confirmar, ya que ni el hombre ni su familia fueron ubicados.
Denuncia y “averiguación de paradero” a tres meses de la desaparición de los Gill
Entre los meses de enero y marzo, los allegados a los Gill intentaron buscar explicaciones. Llamaban al celular que tenía la familia pero no había respuesta. Recién en el mes de abril se presentaron en la estancia y fueron recibidos por Goette. El hombre les dijo de manera escueta que se la familia se había ido de vacaciones y no habían vuelto.
Por supuesto, esta respuesta no convenció a los allegados de los Gill y decidieron hacer la denuncia en la Policía. La encargada fue la hermana de Rubén, Lisa Eva.

La investigación: rastrillajes, testimonios y ni una sola pista
Al iniciarse la investigación, los familiares se dieron cuenta que la familia había dejado la casa sin ningún tipo de modificación, es decir, que la hipótesis de huida voluntaria no encajaba. Su ropa, sus documentos, cada una de sus pertenencias, todo permanecía exactamente igual. Tampoco se habían llevado dinero. Para los investigadores resultó imposible que la familia Gill se haya escapado sin decirle nada a nadie.
Por tal motivo, iniciaron los rastrillajes en la zona de La Candelaria en consonancia con la segunda hipótesis: la de un crimen. Pero, tras diversos operativos, que inclusive se hicieron con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), ninguno arrojó resultados positivos y los restos de los Gill tampoco fueron encontrados por las autoridades.
Entonces, ¿qué pasó con los Gill? A más de 23 años de su desaparición, esta pregunta no puede responderse. Los investigadores no pudieron determinar si fueron víctimas de un macabro homicidio múltiple o si huyeron por algún tipo de razón vinculada a terceros, aunque esta última es la menos consistente de las hipótesis.

Alfonso Goette, el principal sospechoso en el caso de la familia Gill
Si bien los cuerpos de la familia Gill nunca fueron hallados, la hipótesis que siempre tomó más fuerza fue la del asesinato y, en esa línea de investigación, Goette, el patrón de los Gill, fue apuntado como el principal sospechoso. Pero, ¿qué elementos lo convertían en acusado?
- Su denuncia tardía: le avisó a la familia que los Gill no habían vuelto a la estancia tres meses después de la desaparición.
- La familia desapareció en el predio de 500 hectáreas que era de su propiedad.

También influyeron los testimonios de vecinos marcándolo como una “persona difícil y de muy mal temperamento”. No obstante, jamás hubo una prueba ni tampoco evidencia fehaciente que haya podido indicar que el hombre asesinó a los seis miembros de la familia y que luego ocultó los cuerpos. Por eso, no fue imputado ni llevado a juicio.
Reactivación de la causa
La reactivación de la causa lleva poco más tres años, ya que fue a finales de 2022 que las autoridades policiales de Entre Ríos ordenaron nuevos rastrillajes con la ayuda de efectivos de Policía Científica y Criminalística, en el área de la estancia La Candelaria. Lamentablemente todos los resultados fueron negativos.
No obstante, a inicios del 2026, el abogado Marcos Rodríguez Allende asumió como querellante en la causa por la desaparición de los Gill representando a la madre de Margarita Gallegos, María Delia, quien aún busca saber dónde está su hija, sus nietos y su yerno.

Juan Antonio Rossi, comisario ya retirado e investigador a cargo del caso, aseguró que él está convencido de que la familia Gill fue “víctima de un horrendo crimen”. “Es el caso más importante de mi carrera, me marcó a fuego el no haber logrado encontrar el paradero de esta familia”, indicó en un documental de History.
Con la reactivación de la causa, ahora, las autoridades intentarán esclarecer qué fue lo que pasó con la familia Gill y poder finalmente resolver una incógnita que lleva más de 23 años.



















