
El caso de Christa Pike ha dejado expuesta una problemática que subyace a la pena de muerte instaurada en Estados Unidos desde el siglo XVII y reestablecida en el país en 1976. Tras la ejecución fallida de la mujer condenada por asesinar a su compañera de escuela Colleen Slemmer, miles de personas se reunieron en distintas ciudades para manifestarse en contra de este procedimiento “cruel” y “tortuoso”.
Gran parte de la sociedad estadounidense cree que quedaron en evidencia las fallas en los protocolos médicos y la poca fiabilidad en el sistema judicial. Sin embargo, no es la primera vez que las ejecuciones en Estados Unidos demuestran severos errores y no todos ocurrieron con la inyección letal. Se registraron casos de penas de muerte fallidas con silla eléctrica y hasta con cámara de gas.
Nada de procedimiento “humano y clínico”: qué dicen las estadísticas sobre las anomalías en las ejecuciones de Estados Unidos
Los reclamos de los ciudadanos estadounidenses tienen validez concreta. De acuerdo al Centro de Información sobre la Pena de Muerte en Estados Unidos, la inyección letal registró una falla del 7,2%. Por detrás, se ubicaron las ejecuciones con cámara de gas con una tasa de error del 5,4%; en tercer lugar, se ubicó la horca con un 3,12% y, por último, la silla eléctrica con un 1,92%. Los datos indican, además, que desde 1890 hasta el año 2010 se han ejecutado a 8.776 personas y la falla ha sido de un 3,15 %.

Mutilaciones, fuego y otras fallas que se produjeron en ejecuciones de EE.UU.
Entre aquellas ejecuciones fallidas que menciona el Centro de Información de la Pena de Muerte y de las que también habla el analista Austin Sarat se encuentran casos de condenados a muerte que cobraron relevancia mediática por los brutales errores que se presentaron durante el procedimiento.
Uno de ellos es el de Jesse Tafero, un hombre sentenciado a la pena de muerte tras haber sido considerado culpable del asesinato de dos policías en 1976. Tafero fue ejecutado vía silla eléctrica. Sin embargo, el procedimiento -realizado en 1990- provocó que su cabeza estallara en llamas de más de 15 centímetros de longitud dando lugar a una escena verdaderamente horrorosa.
Otro caso fue el de Raymond Landry condenado a muerte mediante la inyección letal. El protocolo también falló, en este caso, porque las líneas intravenosas colapsaron y comenzaron a lanzar el pentobarbital en todo el cuarto.
Jimmy Lee Gray fue la primera persona ejecutada en el estado de Misisipi tras su reinstauración en 1976. Fue condenado por el homicidio de una niña de tres años llamada Deressa Jean Scales. En este caso, el 2 de septiembre de 1983, los ejecutores utilizaron la cámara de gas para terminar con la vida del asesino, pero también salió mal.
El sujeto comenzó a convulsionar y su cabeza se volvió hacia delante de manera violenta golpeando una y otra vez con el poste de la silla eléctrica. Los testigos que se encontraban presentes en el lugar describieron el episodio como “macabro” y “perturbador”.
Casos que incluyeron tortura prolongada
Existe una ejecución en particular que duró aproximadamente 30 minutos. Se trata de la pena de muerte de Ángel Díaz, condenado por el asesinato de Joseph Nagy, un empresario nocturno, en 1979. Su ejecución tuvo lugar el 13 de diciembre de 2006 en Florida y fue vía inyección letal. De acuerdo a la investigación posterior, los catéteres se colocaron mal en ambos brazos y atravesaron las venas.

Es decir que la sustancia ingresó al organismo por los tejidos blandos y no provocó la muerte instantánea. De hecho, el sujeto se mantuvo en movimiento intentando hablar más de media hora. Por tal motivo, tuvieron que implementar una segunda dosis hasta que fue finalmente declarado muerto.
El caso de Díaz obligó al por entonces gobernador de Florida a suspender las ejecuciones temporalmente para revisar los protocolos médicos. La investigación no pudo determinar si el hombre había experimentado dolor, pero en la autopsia se hallaron quemaduras de más de 30 centímetros en cada uno de sus brazos.


















