
Una electricista venezolana llamada Carolina Marrero se animó a dejar su empleo en relación de dependencia para trabajar por cuenta propia en España. Después de dar ese paso, comenzó a cobrar por cada instalación y aseguró que sus ingresos netos pueden alcanzar los 2.500 euros por proyecto, una cifra que contrasta con los 1.400 euros mensuales que recibía cuando trabajaba para una empresa.
De un sueldo fijo a trabajar por su cuenta
Durante sus primeros años en el país, la mujer trabajó en una empresa del sector eléctrico. Allí tenía un ingreso mensual cercano a los 1.400 euros, pero decidió cambiar su forma de trabajar y apostar por el camino independiente.

La decisión implicó dejar atrás la seguridad de un salario fijo y comenzar a gestionar sus propios encargos. Como autónoma, pasó a encargarse directamente de los trabajos, organizar sus tiempos y establecer sus condiciones con cada cliente.
El cambio también modificó la manera en que percibe sus ingresos: en lugar de cobrar un sueldo mensual, recibe dinero por cada proyecto que realiza.
Cuánto puede ganar como electricista autónoma
Según contó en redes sociales, sus ingresos netos pueden llegar a los 2.500 euros por proyecto. Sin embargo, aclaró que no se trata de una cifra fija: el monto depende del tipo de instalación, las características del trabajo y su complejidad.
De esta manera, un encargo puede representar una remuneración superior a la que obtenía durante todo un mes en relación de dependencia. La diferencia fue uno de los aspectos que más llamó la atención de quienes conocieron su experiencia.
Su caso muestra cómo el trabajo independiente puede cambiar la forma de cobrar por un oficio especializado, aunque también exige conseguir clientes, presupuestar cada tarea y administrar los gastos de la actividad.
Qué cambió en su vida laboral al convertirse en autónoma
Uno de los principales cambios fue la posibilidad de manejar sus propios proyectos. Al trabajar por cuenta propia, puede organizar su agenda, elegir qué encargos aceptar y negociar directamente con las personas que contratan sus servicios.
Ese modelo también implica asumir responsabilidades que antes quedaban en manos de la empresa para la que trabajaba. Entre ellas están la compra de herramientas y materiales, el transporte, los seguros, los impuestos y las obligaciones propias de cualquier trabajador autónomo.
Además, sus ingresos ya no dependen de un sueldo mensual garantizado: pueden variar según la cantidad de trabajos que consiga y el valor de cada instalación.















