
La transición energética se convirtió en uno de los pilares de la lucha contra el cambio climático. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero implica transformar la forma en que el mundo produce y consume electricidad, ya que este sector continúa siendo uno de los principales responsables del calentamiento global.
Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), la generación eléctrica representa aproximadamente un tercio de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Por ese motivo, conocer de dónde proviene la electricidad que consume cada país resulta fundamental para entender los desafíos de la descarbonización.

Un mapa desarrollado por Our World in Data, iniciativa de investigación de la Universidad de Oxford basada en datos del Global Electricity Review de Ember, permite visualizar cuál es la fuente predominante de generación eléctrica en 91 países que, en conjunto, representan el 93% de la demanda mundial de electricidad.
¿Qué fuente de energía domina en cada región del mundo?
El mapa identifica la principal tecnología utilizada para generar electricidad mediante distintos colores. El gas natural aparece en naranja, el carbón en gris, la energía hidroeléctrica en azul, la nuclear en morado y la solar en amarillo. Además, cada país incluye el porcentaje que representa esa fuente dentro de su matriz energética.

El panorama global deja en evidencia que el carbón continúa siendo la mayor fuente individual de generación eléctrica del planeta. Aunque su participación disminuyó respecto de décadas anteriores y alcanzó el nivel más bajo desde 1974, sigue representando alrededor del 35% de la electricidad producida en el mundo.
El gas natural ocupa el segundo lugar entre los combustibles más utilizados y, junto con el carbón, permitió que los combustibles fósiles generaran cerca del 60% de la electricidad mundial durante 2024.
Las diferencias entre regiones son notorias. En gran parte de Asia el carbón continúa siendo dominante debido al crecimiento industrial y demográfico. En numerosos países desarrollados del hemisferio norte prevalece el gas natural, mientras que Sudamérica mantiene una fuerte dependencia de la energía hidroeléctrica gracias a la abundancia de recursos hídricos.
Europa, en cambio, presenta una matriz mucho más diversificada, producto de décadas de inversiones en energías renovables, energía nuclear y políticas orientadas a reducir las emisiones.

Las energías renovables alcanzan un hito histórico
Pese a que los combustibles fósiles siguen teniendo un peso considerable, el crecimiento de las energías limpias marca una tendencia alentadora.
Durante 2025, la producción conjunta de energía solar, eólica, hidroeléctrica y otras fuentes renovables superó por primera vez la generación basada exclusivamente en carbón. Además, prácticamente todo el incremento de la demanda mundial de electricidad registrado durante 2024 fue cubierto mediante tecnologías de bajas emisiones.
La energía solar fue la gran protagonista del último año al superar por primera vez a la eólica en generación a escala global. Entre los países con mayor participación de esta tecnología sobresalen España, donde representa cerca del 22% de la electricidad, y Chile, que alcanza aproximadamente el 25%, consolidándose como uno de los líderes mundiales en aprovechamiento del recurso solar.

Los desafíos que todavía enfrenta la transición energética
Aunque el avance de las energías renovables es significativo, el informe también expone que la transición energética aún enfrenta importantes obstáculos.
Uno de ellos es el crecimiento sostenido del consumo de carbón en los países asiáticos en desarrollo, que actualmente concentran alrededor del 80% del carbón utilizado para producir electricidad en el mundo. Esto demuestra que el aumento de las energías limpias no siempre implica una reducción inmediata del uso de combustibles fósiles.
Otro problema es el acceso desigual a la electricidad. Se estima que alrededor de 730 millones de personas aún viven sin suministro eléctrico y que ocho de cada diez se encuentran en África. La construcción de nuevas redes eléctricas en esas regiones será decisiva para determinar si el crecimiento futuro se apoyará en energías renovables o en combustibles fósiles de menor costo inicial.
La dependencia energética también influye en la seguridad de los países
Más allá del origen de la electricidad, existe otro factor determinante: el origen de los combustibles utilizados para producirla.
Muchos países dependen de importaciones de gas, carbón o petróleo para abastecer sus centrales eléctricas, lo que los vuelve vulnerables frente a crisis internacionales. Un ejemplo reciente fue la crisis energética europea desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania, cuando la reducción del suministro de gas provocó fuertes aumentos en el precio de la electricidad y obligó a los gobiernos europeos a acelerar la diversificación de sus fuentes de energía.
Los especialistas coinciden en que avanzar hacia una matriz energética basada en energías renovables no solo contribuye a reducir las emisiones responsables del cambio climático, sino que también fortalece la seguridad energética, disminuye la dependencia de combustibles importados y reduce la exposición de las economías a los conflictos geopolíticos y a la volatilidad de los mercados internacionales.






















