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La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y hoy parece un pueblo fantasma detenido en el tiempo

Un casco centenario, una ficha llamada “vellón” y una colonia rural que llegó a reunir a decenas de familias: la historia de El Rincón todavía late entre pastizales y ruinas.

: La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y hoy parece detenida en el tiempo
: La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y hoy parece detenida en el tiempo Foto: Instagram @document.arte
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En medio de los pastizales de Salto, provincia de Buenos Aires, hay una construcción que parece guardar un secreto en cada pared descascarada. Es la antigua Estancia El Rincón, un establecimiento rural fundado en 1907 por Pedro Estrugamou, integrante de una familia vasco-francesa vinculada al desarrollo agropecuario argentino.

El casco llegó a formar parte de una propiedad de más de 4.600 hectáreas, una escala que permite imaginar la magnitud que tuvo este mundo rural antes de quedar reducido al silencio y al abandono.

Lo que vuelve única a esta estancia no es solo su arquitectura italianizante, ni sus habitaciones amplias, ni las aberturas altas que sobreviven como testigos de otra época. Su rasgo más sorprendente es que llegó a tener una moneda propia, una ficha interna vinculada al trabajo de esquila.

En esas piezas podía leerse: “Estancia El Rincón – Pedro Estrugamou – Cinco vellones”. Cada ficha representaba el equivalente a la lana obtenida de cinco ovejas esquiladas, un detalle que convierte a esta estancia en una de las historias rurales más curiosas de la provincia de Buenos Aires.

La ficha de los “cinco vellones”: cuando el campo tenía su propio sistema de pagos

La palabra vellón remite a la lana que se obtiene de una oveja tras la esquila. En El Rincón, ese término no quedó limitado al lenguaje de los galpones: pasó a transformarse en una unidad de cuenta.

La estancia abandonada que tuvo su propia moneda
: La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y hoy parece detenida en el tiempo Foto: Instagram @ellarecorrepueblitos

Las fichas no eran una moneda de circulación nacional, sino una forma de registrar y compensar un trabajo puntual dentro de la estancia, especialmente vinculado a la producción lanera. Ese sistema refleja una época en la que muchas estancias funcionaban como verdaderos mundos autosuficientes.

Ese detalle abre una ventana fascinante a la vida cotidiana de los establecimientos rurales de principios del siglo XX. La estancia no era solamente una unidad productiva: era un pequeño universo con reglas propias, trabajadores, familias, galpones, animales, herramientas, almacenes y una economía interna que giraba alrededor de la tierra.

En tiempos en los que las distancias eran largas y la vida rural imponía sus propios ritmos, estas fichas funcionaban como parte de un engranaje mucho mayor.

Quién fue Pedro Estrugamou, el hombre detrás de El Rincón

Pedro Estrugamou Larrart nació en Chivilcoy el 5 de noviembre de 1865 y murió en Buenos Aires el 23 de marzo de 1931, según registros genealógicos familiares. Era hijo de Juan Estrugamou Bordalecu y Catalina Larrart Larralde, ambos nacidos en Francia, y pertenecía a una familia que dejó huella en distintos puntos de la Argentina.

La historia de El Rincón todavía late entre pastizales y ruinas
: La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y hoy parece detenida en el tiempo Foto: Instagram @ellarecorrepueblitos

La historia familiar también ayuda a entender el contexto de El Rincón. Jean Estrugamou, padre de la rama argentina, aparece vinculado a la producción lechera tras emigrar primero a Montevideo y luego a Buenos Aires. Con el tiempo, la familia se asoció a actividades agropecuarias, tierras e inmuebles.

Esa trayectoria explica por qué una estancia como El Rincón podía reunir producción ovina, organización laboral y una arquitectura pensada para perdurar.

De gran estancia a colonia agrícola: el giro que cambió todo en 1946

La historia del lugar dio un vuelco en 1946, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. La propiedad fue expropiada y dividida en lotes destinados a 55 familias rurales, dando origen a la Colonia El Rincón.

Una colonia rural que llegó a reunir a decenas de familias
: La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y hoy parece detenida en el tiempo Foto: Instagram @ellarecorrepueblitos

Para esas familias, el lugar ya no fue solo una estancia heredada de una elite terrateniente. Se convirtió en una promesa de arraigo, trabajo y futuro. Donde antes había una gran explotación rural, comenzaron a organizarse unidades familiares.

Algunos relatos señalan que ciertos lotes se orientaron al tambo y la quinta, mientras otros se dedicaron más a la agricultura, con cultivos como trigo, maíz y soja con el paso del tiempo.

La colonia llegó a tener una vida comunitaria intensa. Se la recuerda por sus familias, sus espacios compartidos y una identidad construida alrededor del esfuerzo cotidiano. También aparecen menciones a una escuela, un club y la estancia abandonada, señales de que allí existió una comunidad viva antes de que el tiempo empezara a vaciar el paisaje.

El abandono que transformó una historia rural en misterio

Hoy, El Rincón ya no muestra el movimiento de la esquila, ni el sonido de los carros, ni la circulación de aquellas fichas de “cinco vellones”. Lo que queda es otro tipo de presencia: la de un edificio que resiste, aunque herido por el tiempo.

La fachada conserva rasgos de una arquitectura italianizante, con simetría, muros sólidos y espacios amplios. En uno de sus muros todavía permanecen antiguos cuadros de cerámica que sobrevivieron al deterioro, una imagen que parece resumir toda la potencia visual del lugar.

Esa mezcla entre grandeza y ruina explica por qué estas estancias abandonadas despiertan tanta fascinación. No son solo edificios viejos: son archivos físicos de una Argentina rural que cambió para siempre.

En sus paredes conviven la inmigración europea, la expansión agropecuaria, el trabajo de los peones, las políticas de colonización, la memoria de las familias y el silencio posterior.

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