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El histórico bar que nació en 1966, pasa inadvertido en una esquina porteña y lucha por no desaparecer

No tiene un gran cartel ni una fachada llamativa, pero detrás de sus puertas sobrevive una auténtica cápsula del tiempo. El Café-Bar La Estrella lleva seis décadas sirviendo comida casera en una esquina porteña atravesada por la historia, el trabajo y la identidad barrial.

Café-Bar La Estrella, Barrio de Floresta, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Café-Bar La Estrella, Barrio de Floresta, Ciudad Autónoma de Buenos Aires Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg
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En la esquina noroeste de la avenida Juan Bautista Alberdi y Portela, donde el tránsito parece no conceder un segundo de silencio, existe un lugar capaz de detener el reloj. Se trata del Café-Bar La Estrella, ubicado en la avenida Juan Bautista Alberdi 3201, Floresta, un comercio familiar fundado en 1966 que conserva la atmósfera de los antiguos bares porteños y que hoy lucha por no desaparecer.

La dirección suele provocar una pequeña confusión: la esquina marca el límite entre Flores y Floresta, pero el bar pertenece a este último barrio. Allí, entre colectivos, bocinas, negocios y trabajadores apurados, La Estrella permanece casi escondida a simple vista.

No hay una marquesina deslumbrante ni una fachada diseñada para las redes sociales. Quien no conoce el lugar puede pasar de largo sin imaginar que allí sobrevive uno de los escenarios cotidianos más entrañables del oeste porteño.

Una puerta a los bares porteños de mediados del siglo XX

Al atravesar la entrada, el ruido de la avenida queda atrás. El cambio es inmediato: una enorme barra de madera en forma de “L” domina el salón, acompañada por mesas y sillas ordenadas, piso de granito, una antigua heladera de madera y un pequeño altar detrás del mostrador.

Café en Floresta
En la esquina noroeste de la Av. Juan Bautista Alberdi y la calle Portela Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

Cada elemento parece cumplir una función adicional. La barra no solo sostiene pocillos y platos, también guarda conversaciones, rutinas y recuerdos acumulados durante décadas. Las mesas no responden a una moda vintage: son auténticas piezas de otra época que continúan en uso.

Ese detalle distingue a La Estrella de los locales que intentan recrear el clima de un café antiguo. Aquí no hay escenografía. Todo es genuino. El paso del tiempo está en la madera, el mobiliario y la calma de un salón que parece vivir a otra velocidad.

Los cafés ocupan un lugar central en la cultura porteña. En ellos se desarrollaron tertulias, discusiones políticas, reuniones de artistas, amistades y escenas habituales de la vida urbana. El programa de Bares Notables reconoce precisamente la antigüedad, el diseño, la historia y la relevancia local como valores que merecen protección.

La esquina de La Estrella, en un barrio nacido con el ferrocarril

La historia del bar también está unida al pasado de Floresta, uno de los barrios tradicionales del oeste porteño. Antes de su urbanización, la zona estaba formada por quintas, terrenos húmedos, arboledas y sectores semirrurales. Su transformación comenzó con la expansión ferroviaria.

El 29 de agosto de 1857, el primer Ferrocarril del Oeste llegó a la estación La Floresta, que entonces funcionaba como punto final del recorrido. El viaje desde la antigua Estación del Parque duraba unos 30 minutos, frente a las casi dos horas que podía demandar el trayecto en galera.

Café en Floresta
Uno de los últimos bares antiguos que continúa en pie en toda la zona Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

Con el tiempo, las quintas fueron loteadas, aparecieron nuevas viviendas y el barrio consolidó una identidad vinculada con el transporte y la vida de sus trabajadores.

Floresta también quedó asociada a otro hito porteño: allí nació la primera línea de colectivos, impulsada por Manuel Rosendo Pazos, que recorría la avenida Rivadavia desde Lacarra hasta Primera Junta. Así, la historia del barrio se escribió entre rieles, colectivos, comercios familiares y esquinas convertidas en puntos de encuentro.

Un refugio en medio del ruido de la avenida Alberdi

Mientras afuera los colectivos y automóviles producen un estruendo constante, dentro de La Estrella domina una tranquilidad difícil de encontrar en otros puntos de la ciudad. El bar funciona como un refugio urbano para tomar un café o almorzar sin apuro, aunque el descanso deba encajar en una jornada laboral.

Al mediodía, el salón se llena de trabajadores y comerciantes de la zona que llegan en busca de platos abundantes, comida casera y precios accesibles. Son los habitués, clientes que conocen la dinámica del lugar y regresan atraídos por algo que supera al menú: la familiaridad.

Café en Floresta
Café de 4 décadas en Floresta Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

La ubicación sobre la avenida Juan Bautista Alberdi al 3200 está estrechamente ligada a esa identidad de bodegón sencillo, donde la comida tradicional y el trato cercano ocupan el centro de la experiencia.

Tres generaciones detrás del mostrador

La historia familiar comenzó con Juan, quien fundó el café en 1966. Hoy es su nieto, Roberto, quien sostiene el negocio y continúa un legado que ya atravesó tres generaciones.

Mantener La Estrella no consiste únicamente en abrir la persiana, preparar café y servir almuerzos. También implica conservar una forma de atención, un mobiliario, una cocina y una relación cotidiana con el barrio. Cada día abierto representa la continuidad de una historia iniciada hace seis décadas.

Sin embargo, el presente es difícil. La caída de la actividad y el menor movimiento fuera del horario laboral obligaron a reducir la atención. El bar abre solamente de lunes a viernes y cierra a las 16. Por las tardes y durante los fines de semana, la zona pierde circulación y mantener el local abierto deja de resultar rentable.

La situación refleja una realidad que atraviesa a numerosos comercios históricos: pueden conservar clientes fieles, identidad y reconocimiento barrial, pero aun así enfrentar costos y cambios de consumo que amenazan su continuidad.

El patrimonio cotidiano que puede desaparecer sin hacer ruido

La Estrella quizá no figure entre los cafés porteños más promocionados ni reciba contingentes de turistas. Su valor está en otra parte: en la rutina del trabajador que se sienta a comer, en el café servido detrás de una barra antigua y en la resistencia de una familia que se niega a bajar definitivamente la persiana.

La antigüedad, el diseño arquitectónico y la relevancia local pueden otorgarles un valor especial a los bares. La Estrella reúne varios atributos que explican por qué los vecinos la consideran parte del patrimonio barrial.

Café en Floresta
Desde 1966 abrió sus puertas el tradicional Café-Bar La Estrella Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

En una ciudad donde los locales cambian de nombre, estética y propietarios a gran velocidad, este rincón de Floresta ofrece algo cada vez más escaso: autenticidad. No necesita simular el pasado porque forma parte de él.

Detrás de su fachada silenciosa, La Estrella sigue encendiendo las luces cada mañana. Mientras Roberto permanezca detrás del mostrador, la vieja esquina de Alberdi y Portela conservará una parte de aquella Buenos Aires de barras de madera, almuerzos de trabajadores y cafés sin apuro.

Porque algunos lugares no llaman la atención desde afuera, pero guardan en su interior la memoria completa de un barrio.

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