
En una calle tranquila de Colegiales, lejos de las grandes marquesinas y de los restaurantes diseñados únicamente para las redes sociales, una pequeña casa guarda una historia que comenzó mucho antes de su apertura.
Se trata de Cantina Mandia, un restaurante familiar ubicado en Zapiola 1218, donde las pastas, las salsas y los postres conectan directamente con las tradicionales cantinas italianas de Buenos Aires.
El restaurante abrió sus puertas en julio de 2023, pero su identidad se remonta a los históricos locales Don Carlos y Luigi. Al frente del proyecto están las hermanas María Eugenia y Franca Mandia, integrantes de la cuarta generación de una familia profundamente ligada a la gastronomía porteña.
La propiedad conserva la intimidad de una casa de barrio. Tiene un salón pequeño, una barra, pocas mesas y un patio al fondo. Las fotografías antiguas, la madera y los diferentes objetos familiares completan una ambientación cálida que recuerda a los bodegones de antes.
El tiramisú de Colegiales que conquista a los comensales
Aunque las pastas son las grandes protagonistas, muchos clientes llegan con otro objetivo: probar el tiramisú de Cantina Mandia, uno de los postres más recomendados por quienes visitan el restaurante.
La preparación mantiene el espíritu clásico de las cantinas italianas. Café, cacao y una crema suave se combinan en un postre equilibrado, pensado para compartir o para cerrar una comida abundante.

En el menú también aparecen otras opciones tradicionales, como el panqueque de dulce de leche con nueces caramelizadas, el almendrado y el cremoso de chocolate amargo con crema batida y praliné de almendras.
Los valores pueden actualizarse, por lo que es recomendable consultar el precio vigente del tiramisú al momento de reservar o realizar el pedido.
Una historia familiar que comenzó con inmigrantes italianos
Para descubrir el origen de Cantina Mandia hay que remontarse a Pina, la nonna de la familia, quien llegó a la Argentina desde Sicignano degli Alburni, una localidad de la provincia italiana de Salerno.
Pina y Luigi se conocían desde pequeños y continuaron su relación cuando él ya se encontraba en la Argentina. La historia familiar incluyó un casamiento a distancia y una nueva vida construida alrededor de las ollas, las fuentes de pasta y los salones repletos de clientes.

Pina comenzó trabajando en la cocina de L’Alegria de Italia, mientras Luigi se desempeñaba como mozo. El establecimiento terminaría dando lugar a la recordada Cantina de David, vinculada durante décadas con la historia gastronómica del Abasto.
Otra pieza fundamental fue La Cantina de Don Carlos, inaugurada en 1955 por Carlos Mónaco, padre de Pina, cerca del antiguo Mercado de Abasto. Allí recibían a trabajadores y familias con platos abundantes, recetas italianas y atención cercana.
En 1975, Luigi abrió su propio restaurante en Córdoba y Anchorena. Años después, el negocio se trasladó a un espacio más grande en Estado de Israel y Pringles. Por sus mesas pasaron personalidades como Tony Bennett, Osvaldo Pugliese y Ernesto Sábato.
El restaurante Luigi fue vendido en 2015, pero aquella tradición volvió a cobrar vida con la apertura de Cantina Mandia en Colegiales.
Los fusilli al fierrito que mantienen viva la tradición
El plato que mejor resume la identidad de la cantina es el de fusilli al fierrito. La técnica fue transmitida directamente por Pina, quien supervisó la preparación para que sus nietas pudieran reproducir la textura y el sabor familiar.
No se trata únicamente de servir pasta casera. Cada fusilli recupera un gesto repetido durante cuatro generaciones.

Según la carta publicada por el restaurante, los fusilli pueden pedirse con filetto o pesto por $20.000. También se ofrecen cavatelli con manteca de ajo asado y pangrattato por $23.000, y conchiglioni rellenos de calabaza, gratinados con salsa blanca, almendras tostadas y salvia por $25.000.
Para los más chicos hay un plato de fideos con manteca y queso por $6.000. Los precios son de referencia y pueden cambiar sin previo aviso.
Qué otros platos se pueden probar
La carta incluye carnes, pesca del día, milanesas, berenjenas a la parmesana, albóndigas y las tradicionales alitas de pollo a la calabresa, una receta heredada de los antiguos restaurantes de la familia.
Entre las entradas aparecen arancini, croquetas, fritelle de ricota y hierbas, antipastos y diferentes preparaciones de vegetales.

También hay sándwiches acompañados con papas fritas. El de milanesa de pollo y el de gírgolas cuestan alrededor de $25.000, mientras que el de tapa de asado braseada figura a $26.000. Los chipirones a la provenzal tienen un valor de referencia de $16.000.
Dependiendo de las bebidas, la cantidad de platos y los postres elegidos, el gasto estimado puede ubicarse entre $30.000 y $60.000 por persona.
Dónde queda Cantina Mandia y cuáles son sus horarios
Cantina Mandia queda en Zapiola 1218, Colegiales, Ciudad de Buenos Aires.
Según la información publicada por el restaurante, abre de martes a domingo, de 12 a 15.30. Los viernes y sábados también ofrece servicio nocturno, de 19.30 a 23.30.
Como la casa tiene pocas mesas y ganó popularidad entre los vecinos y amantes de las pastas, es aconsejable reservar antes de asistir, especialmente durante los fines de semana.
Con sus fusilli al fierrito, sus recetas familiares y un tiramisú que gana cada vez más seguidores, esta pequeña casa de Colegiales demuestra que algunos de los mejores secretos gastronómicos de CABA todavía pueden esconderse detrás de una fachada sencilla.



















