
A pocos kilómetros de la ciudad de Cañuelas existe un destino donde el ruido parece quedar definitivamente atrás. Allí, las calles de tierra, las casas antiguas y los campos abiertos conservan una postal que remite a otra época. Se trata de Uribelarrea, un pequeño pueblo bonaerense cuyo patrimonio histórico puede descubrirse de una manera tradicional y cautivante: a caballo.
Conocido popularmente como “Uribe”, este rincón rural combina tranquilidad, gastronomía de campo y construcciones que sobrevivieron al paso del tiempo. Su escala permite recorrerlo sin apuro, mientras que los senderos entre montes, parcelas productivas y lagunas ofrecen una perspectiva diferente del paisaje pampeano.
Las propuestas ecuestres permiten atravesar huellas, caminos rurales y sectores inaccesibles para los vehículos. Algunos recorridos pueden alcanzar aproximadamente 18 kilómetros y extenderse durante tres horas, con momentos destinados a probar productos regionales y contemplar el atardecer en medio del campo.
El origen de Uribelarrea y el sueño de una colonia agrícola
La historia de Uribelarrea comenzó hacia fines del siglo XIX, cuando Miguel Nemesio de Uribelarrea donó parte de sus tierras para impulsar la creación de una colonia agrícola. El trazado inicial fue realizado por el ingeniero Federico Bazzano, aunque uno de sus sectores más característicos fue modificado por Pedro Benoit, reconocido por su participación en el diseño de la ciudad de La Plata.
El corazón del pueblo es la Plaza Centenario, que se distingue por su particular forma octogonal. Desde allí nacen pequeñas diagonales que organizan el centro cívico y conducen hacia varios de los edificios más representativos.

Alrededor de la plaza todavía se conservan construcciones de finales del siglo XIX, una característica que explica por qué caminar o cabalgar por Uribelarrea produce la sensación de haber retrocedido en el tiempo.
Uno de los edificios más destacados es la Iglesia Nuestra Señora de Luján, de influencia neogótica y vinculada con la obra de Pedro Benoit. El templo fue levantado en homenaje a Manuela Olaguer Feliú y Azcuénaga, esposa del fundador. En su interior descansan los restos de Miguel Nemesio de Uribelarrea.
El ferrocarril que transformó la vida del pueblo
El crecimiento de la localidad estuvo estrechamente relacionado con el tren. La estación ferroviaria comenzó a funcionar en 1892, cuando el poblado todavía contaba con pocas construcciones, y permitió establecer una conexión directa con Cañuelas y Lobos.
Las vías fueron fundamentales para el desarrollo productivo de la región. Durante las décadas de 1930 y 1940, Uribelarrea atravesó uno de sus períodos de mayor esplendor gracias a la actividad lechera. En los alrededores llegaron a funcionar numerosos tambos y queserías, muchos de ellos administrados por familias de inmigrantes vascos e italianos.

Parte de la producción era enviada hacia la ciudad de Buenos Aires mediante el antiguo Ferrocarril del Sud. La leche, los quesos y otros alimentos regionales convirtieron a Uribelarrea en un importante punto productivo bonaerense.
Aunque el tren perdió el protagonismo de aquellos años, el edificio de la estación continúa siendo una de las postales más buscadas por los visitantes.
Una escuela que marcó la identidad rural
Otro de los pilares de la localidad es la Escuela Agrotécnica Salesiana Don Bosco, fundada en 1894 y considerada una de las instituciones pioneras del país en formación agropecuaria.

Su creación fortaleció el perfil educativo y productivo de la comunidad. Durante décadas acompañó a las familias rurales y formó a jóvenes vinculados con las tareas del campo. Su historia demuestra que Uribelarrea no fue pensada solamente como un lugar para vivir, sino como una colonia organizada alrededor de la producción, la educación y el trabajo comunitario.
Descubrir Uribelarrea desde el lomo de un caballo
Recorrer el pueblo a caballo permite dejar atrás los circuitos tradicionales y adentrarse en el paisaje que explica buena parte de su identidad. El sonido de los cascos sobre la tierra, los montes y la amplitud de la llanura crean una experiencia difícil de reproducir desde un automóvil.

Según la época del año y la excursión elegida, las cabalgatas pueden atravesar senderos rurales, zonas sembradas, riachos y lagunas. Durante el trayecto es habitual observar ganado, aves y antiguas construcciones alejadas de las calles más transitadas.
El regreso, especialmente cuando coincide con la caída del sol, regala una imagen característica de la pampa bonaerense: los jinetes avanzan lentamente mientras el cielo cambia de color detrás de los campos.
Gastronomía de campo y escenarios de película
El renacimiento turístico de Uribelarrea también se explica por su oferta gastronómica. Parrillas, pulperías, cervecerías artesanales y casas de té recuperan recetas y productos relacionados con la tradición rural. Los quesos, embutidos, carnes asadas y dulces regionales ocupan un lugar central.
Entre sus construcciones emblemáticas aparece El Palenque, un antiguo almacén levantado hacia 1890 que también funcionó como depósito de sal para los saladeros de la zona.
El aspecto detenido en el tiempo llamó, además, la atención del cine. El pueblo fue elegido como escenario para producciones como Juan Moreira, de Leonardo Favio, y Evita, de Alan Parker.
Entre cabalgatas, estaciones antiguas, sabores regionales y calles sin asfalto, Uribelarrea demuestra que no es necesario viajar lejos para encontrarse con la historia. Muy cerca de Cañuelas, este pueblo invita a reducir la velocidad y descubrir el pasado desde una perspectiva completamente diferente.


















