
Hay lugares donde el tren no fue simplemente un medio para viajar. Fue el origen, el pulso y la promesa de progreso. En esos pueblos bonaerenses que crecieron al costado de las vías, cada silbato marcaba una llegada, una despedida, una oportunidad. Por eso, cuando el tren deja de pasar, no solo se pierde un servicio: también se apaga una parte de la identidad.
Eso es lo que ocurre hoy en Uribelarrea, una localidad de Cañuelas que volvió a movilizarse para reclamar el regreso del tren de pasajeros del ramal Cañuelas-Lobos. La protesta reunió a vecinos, ciclistas, familias, coleccionistas de autos antiguos, integrantes de instituciones locales y turistas que se sumaron a una jornada con fuerte carga simbólica.
La caravana partió desde la estación Cañuelas y avanzó hacia la histórica estación del pueblo. Allí, entre mates, música, autos clásicos y recuerdos ferroviarios, se juntaron más de 800 firmas para pedir que el servicio vuelva a funcionar. El reclamo fue claro y directo: “Que vuelva el tren”.
Uribelarrea, una historia marcada por las vías
Para entender la fuerza del pedido hay que mirar hacia atrás. Uribelarrea nació y creció alrededor del ferrocarril, como tantos pueblos rurales de la provincia de Buenos Aires. La estación fue inaugurada el 1 de agosto de 1892, cuando el entonces Ferrocarril Sud habilitó el tramo que unía Cañuelas con Lobos.

Desde ese momento, el tren se convirtió en una pieza clave para la vida cotidiana. No solo trasladaba pasajeros: también llevaba producción rural, correspondencia, mercaderías y noticias. Las vías conectaban a los vecinos con otros centros urbanos y permitían que la economía local tuviera salida hacia Buenos Aires y otras localidades de la región.
El pueblo fue impulsado por Miguel Nemesio de Uribelarrea, quien donó tierras para su desarrollo. Su trazado urbano quedó asociado a una planificación distintiva, con una plaza central de forma octogonal y diagonales que todavía hoy llaman la atención de quienes visitan la localidad. Ese diseño, atribuido al ingeniero y arquitecto Pedro Benoit, le dio una identidad singular dentro del mapa bonaerense.
De colonia agrícola a destino turístico bonaerense
Durante décadas, Uribelarrea fue sinónimo de trabajo rural, tambos y producción lechera. En las primeras décadas del siglo XX, la zona se consolidó como un polo productivo donde la leche, los quesos y otros productos regionales encontraban en el tren una vía fundamental para llegar a los mercados.

El ferrocarril no solo movía bienes. También acercaba estudiantes, trabajadores, médicos, comerciantes y visitantes. Era una herramienta de integración social. En tiempos en que las distancias parecían más largas, el tren ofrecía algo indispensable: conectividad accesible y cotidiana.
Con el paso de los años, el pueblo también supo reinventarse. Sus calles tranquilas, sus construcciones antiguas, sus pulperías, sus almacenes, su gastronomía de campo y su paisaje rural lo transformaron en uno de los destinos turísticos más elegidos para escapadas de fin de semana. Sin embargo, detrás de esa postal encantadora hay una necesidad concreta: volver a estar conectado por tren.
Una caravana con memoria, emoción y futuro
La movilización no fue una protesta común. Tuvo el tono de una celebración popular, pero también la firmeza de un reclamo urgente. Participaron autos antiguos, bicicletas, vecinos de distintas edades y agrupaciones vinculadas al patrimonio ferroviario. La llegada a la estación tuvo un valor especial: fue como volver a llenar de vida un espacio que durante generaciones marcó el ritmo del pueblo.

En la jornada también hubo actividades recreativas, música y una mateada abierta. La estación volvió a ser, por unas horas, el corazón de la comunidad. Esa imagen resume buena parte del reclamo: los vecinos no piden volver al pasado, sino recuperar una herramienta clave para el presente.

Porque para muchos habitantes de Uribelarrea, el tren significa llegar al trabajo, estudiar, acercarse a centros de salud, recibir turistas y sostener una economía local que creció mucho en los últimos años. También significa ofrecer una alternativa de transporte más segura, económica y sustentable frente a las dificultades del traslado por rutas y caminos rurales.
El impacto de un servicio que dejó de funcionar
La interrupción del servicio de pasajeros entre Cañuelas y Lobos generó preocupación en toda la zona. El ramal no solo beneficia a Uribelarrea, sino también a otras localidades y parajes que dependen de una conexión eficiente con centros urbanos cercanos.
Cuando el tren deja de circular, los costos de moverse aumentan. Las opciones se reducen. Los tiempos se complican. Y quienes más lo sienten suelen ser los estudiantes, los trabajadores, los adultos mayores y las familias que no cuentan con vehículo propio.
Por eso, las más de 800 firmas reunidas no son solo un número. Representan historias concretas. Representan a quienes necesitan viajar por estudio, salud, trabajo o turismo. Representan, sobre todo, a una comunidad que se niega a aceptar que el aislamiento sea parte de su destino.
Una estación que todavía espera
La estación de Uribelarrea conserva algo que no se puede medir únicamente en términos técnicos: memoria colectiva. Sus andenes, sus vías y su entorno forman parte de una identidad que sigue viva. Cada vecino tiene una historia asociada al tren o conoce a alguien que la tiene.
En un tiempo donde muchos pueblos bonaerenses buscan nuevas formas de desarrollarse sin perder su esencia, recuperar el tren aparece como una decisión estratégica. No se trata solo de nostalgia ferroviaria. Se trata de integración territorial, turismo, producción, educación y arraigo.
El pedido de los vecinos apunta a eso: que el Estado escuche, que las obras avancen, que la conectividad vuelva y que el ramal recupere el rol que tuvo durante más de un siglo.




















