
Lejos del ruido de La Bombonera y de los estadios repletos, existe un pequeño pueblo de Santa Fe donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Se trata de Loma Alta, una localidad de aproximadamente 150 habitantes, ubicada a unos 70 kilómetros de la capital provincial y cerca de 400 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.
Entre caminos rurales, campos y animales de granja vive Carlos Fondacaro, exfutbolista que integró el plantel campeón de Boca y que actualmente se encuentra al frente del almacén del pueblo.
El ex Boca que cambió los estadios por un almacén rural
La vida actual de Fondacaro sorprende a quienes lo recuerdan con la camiseta azul y oro. Después de años de viajes, entrenamientos y concentraciones, eligió instalarse con su familia en Loma Alta, un lugar situado entre las localidades santafesinas de Gessler y Gálvez.
Allí comenzó una etapa completamente diferente. Además de ocuparse del almacén local, inauguró un bar en septiembre de 2024 para sumar una nueva propuesta en el pueblo.

El establecimiento se convirtió en un punto de encuentro para vecinos y visitantes. En una comunidad tan pequeña, el almacén no solamente permite comprar productos, sino que también funciona como un espacio para conversar, compartir historias y mantener vivos los vínculos entre sus habitantes.
Fondacaro también disfruta de la quinta, las gallinas y las actividades cotidianas del campo. Una realidad muy alejada del fútbol profesional, pero cercana a la tranquilidad que buscaba después de tantos años de competencia.
Su historia en Boca junto a Riquelme y Palermo
Carlos Fondacaro nació en Rosario el 21 de mayo de 1987 y llegó a las divisiones inferiores de Boca cuando tenía 15 años. Sus primeras oportunidades aparecieron durante una gira por Centroamérica realizada en 2006, cuando Alfio Basile decidió observar a diferentes juveniles del club.
Su debut oficial se produjo el 23 de septiembre de 2008 frente a Liga de Quito, por la Copa Sudamericana. Boca ganó aquel partido por 4 a 0 y el defensor comenzó a sumar experiencia en un plantel repleto de figuras.
Durante su etapa en el club compartió vestuario con Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Rodrigo Palacio, Sebastián Battaglia y Hugo Ibarra. Sin embargo, la competencia por un lugar era muy exigente y Fondacaro tenía por delante a varios laterales consolidados.
El campeonato que lo llevó a la historia de Boca
Aunque no consiguió afirmarse como titular, Fondacaro integró el equipo que obtuvo el Torneo Apertura 2008, uno de los campeonatos más recordados del fútbol argentino.
Boca debió disputar un triangular final contra Tigre y San Lorenzo para definir al campeón. El defensor estuvo concentrado para el encuentro decisivo ante el conjunto de Victoria, aunque finalmente quedó afuera del banco de suplentes.

A pesar de aquella situación, formó parte del grupo campeón y celebró un título que lo incorporó a la historia del club de la Ribera.
Después de su paso por Boca, continuó su carrera en Tigre, Atlético Tucumán y Patronato. También vivió experiencias internacionales en Grecia y Finlandia, antes de regresar a la Argentina para recorrer diferentes clubes del Ascenso.
Loma Alta, el refugio elegido para comenzar otra vida
La localidad santafesina conserva las características tradicionales de los pueblos rurales: calles tranquilas, extensos campos, contacto con la naturaleza y relaciones cercanas entre los vecinos.
No es un destino turístico masivo ni cuenta con una gran infraestructura comercial. Su atractivo se encuentra justamente en la ausencia de tránsito, edificios, multitudes y apuro.

En ese escenario, el almacén atendido por el exjugador se transformó en una parada llamativa para quienes visitan la zona. Allí pueden encontrarse con el protagonista de una historia singular: un campeón con Boca que dejó los botines para convertirse en un vecino más de un pueblo de 150 habitantes.
Del ruido de La Bombonera al silencio del campo
Fondacaro recorrió provincias y países detrás de una pelota. Conoció las exigencias de Boca, las dificultades del Ascenso y la experiencia de jugar en Europa. Sin embargo, su lugar definitivo apareció en uno de los rincones más pequeños de Santa Fe.
Hoy, atiende el almacén, trabaja en su bar y disfruta de la vida rural junto con su familia. Su presente no representa una caída después de la fama, sino una decisión personal.
Después de compartir equipo con grandes ídolos y celebrar un campeonato, encontró otra forma de felicidad: vivir sin apuro, rodeado de naturaleza y lejos del ruido de las grandes ciudades.

















