
A pocos kilómetros de las grandes ciudades bonaerenses sobreviven lugares donde las calles de tierra no son solamente una característica del paisaje, sino una parte fundamental de su identidad. Son pequeños pueblos que nacieron alrededor del ferrocarril, la producción agropecuaria y los antiguos caminos de carretas.
Muchos atravesaron períodos de esplendor entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Sin embargo, el cierre de ramales ferroviarios y la migración hacia las ciudades cambiaron para siempre su destino. Aunque perdieron habitantes y actividad económica, consiguieron conservar un patrimonio histórico que hoy atrae a viajeros interesados en conocer otra cara de la provincia.
Azcuénaga, el pueblo que nació alrededor de una estación
Ubicada en el partido de San Andrés de Giles, Azcuénaga conserva calles tranquilas, casonas antiguas y establecimientos tradicionales que recuerdan el pasado rural bonaerense.
La localidad nació oficialmente el 1° de abril de 1880, cuando fue habilitada la estación del ramal que comunicaba Luján con Pergamino. Su nombre homenajea al brigadier general Miguel de Azcuénaga, integrante de la Primera Junta de Gobierno de 1810.

La llegada del tren permitió trasladar pasajeros, cereales, ganado y productos de los campos cercanos. A su alrededor aparecieron fondas, comercios, talleres y viviendas. Con el paso de los años, la estación perdió protagonismo, pero permaneció como uno de los principales símbolos históricos del pueblo.
Azcuénaga también conserva la antigua Casa Terrén, la capilla Nuestra Señora del Rosario, un particular mural de adobe, el molino de la cooperativa eléctrica y distintas casonas centenarias.
Villa Ruiz y las huellas del antiguo Camino Real
Muy cerca se encuentra Villa Ruiz, una localidad cuyo desarrollo estuvo relacionado con el Camino Real. Durante la época colonial, esa vía era utilizada por carretas, mensajeros, expediciones y viajeros que necesitaban comunicarse entre diferentes puntos de la campaña bonaerense.
Más tarde, la llegada del ferrocarril reorganizó la vida local. La estación se convirtió en un punto de encuentro para productores, comerciantes y vecinos.

Entre sus construcciones más representativas aparecen el Almacén de Félix Lapegüe, la capilla Nuestra Señora de la Asunción, el Club Social y Deportivo, una antigua cancha de pelota paleta y el horno a leña de la panadería La Emilia.
Además de sus edificios, Villa Ruiz mantiene vivas las historias familiares, las celebraciones y una propuesta de turismo comunitario impulsada por sus propios habitantes.
Uribelarrea, una colonia agrícola con una plaza octogonal
En el partido de Cañuelas, Uribelarrea conserva construcciones centenarias, calles de tierra y un trazado urbano poco frecuente.
Su historia comenzó hacia finales del siglo XIX, cuando Miguel Nemesio de Uribelarrea donó parte de sus tierras para crear una colonia agrícola. El primer diseño estuvo a cargo del ingeniero Federico Bazzano, mientras que uno de sus sectores fue modificado por Pedro Benoit, conocido por su participación en la planificación de La Plata.

El corazón de la localidad es la Plaza Centenario, que posee una particular forma octogonal. Desde allí parten pequeñas diagonales hacia varios de los edificios históricos del casco urbano.
La producción lechera, el comercio rural y el ferrocarril fueron determinantes para su crecimiento. En la actualidad, aquella identidad convive con restaurantes, cervecerías, panaderías artesanales y propuestas de turismo rural.
Tomás Jofré, del ferrocarril a las mesas de campo
La localidad ubicada en el partido de Mercedes fue fundada oficialmente en 1911 con el nombre de Jorge Born. Sin embargo, terminó adoptando popularmente la denominación de su estación ferroviaria: Tomás Jofré.
El nombre recuerda al abogado, político y catedrático que colaboró para que el tren realizara una parada en la zona. Cuando el servicio dejó de funcionar, el pueblo debió reinventarse.

Las pastas caseras, las parrillas y los antiguos almacenes se convirtieron en su principal atractivo. De esta forma, Tomás Jofré pasó a ser uno de los polos gastronómicos rurales más reconocidos de la provincia de Buenos Aires.
Carlos Keen y una estación que sobrevivió al olvido
En el partido de Luján, Carlos Keen también creció gracias a la expansión ferroviaria de finales del siglo XIX. La antigua estación, las casas bajas y los caminos rurales todavía forman parte de su identidad.

Con el retroceso del tren, la localidad perdió buena parte de su movimiento económico. Sin embargo, su patrimonio arquitectónico y la cercanía con grandes centros urbanos favorecieron su recuperación mediante la gastronomía, las ferias artesanales y el turismo de fin de semana.
Por qué las calles de tierra son parte de su historia
En estos pueblos, los caminos sin asfaltar conservan parte del trazado original y mantienen una conexión directa entre el casco urbano y el paisaje productivo.
Cada estación, almacén y casona permite reconstruir una época en la que el tren organizaba horarios, encuentros y oportunidades. Preservarlos no significa rechazar el progreso, sino evitar que la modernización borre el origen de las comunidades.
Azcuénaga, Villa Ruiz, Uribelarrea, Tomás Jofré y Carlos Keen demostraron que el pasado también puede convertirse en una oportunidad. Su gran atractivo consiste, precisamente, en haber conservado aquello que muchos otros lugares perdieron.



















