
Buenos Aires tiene un barrio que no figura oficialmente en los mapas, pero que se convirtió en uno de los sitios más atractivos para vivir, comer y pasear. Se trata de “Chacagiales”, el nombre informal utilizado para identificar al corredor que une sectores de Chacarita y Colegiales.
La combinación de calles arboladas, casas bajas, antiguos galpones, cafés de especialidad, restaurantes y bares de vinos transformó este rincón porteño. Sin embargo, detrás de su perfil moderno se esconde una historia de más de cuatro siglos.
Mucho antes de la aparición de los emprendimientos gastronómicos y los edificios de diseño, Chacarita y Colegiales ya formaban parte de un mismo territorio rural. Por eso, el nombre Chacagiales no resulta tan nuevo como parece.
Chacagiales, una unión que comenzó en el siglo XVII
Los orígenes de la zona se remontan a 1608, cuando extensas tierras fueron entregadas a la Compañía de Jesús. El lugar comenzó a ser conocido como la “Chacarita de los Padres” y, posteriormente, como la “Chacarita de los Colegiales”.
Los estudiantes del antiguo Colegio San Ignacio, ubicado en la histórica Manzana de las Luces, viajaban hasta allí para descansar y alejarse del centro porteño. La palabra “chacarita” surgió como diminutivo de chacra, mientras que “colegiales” hacía referencia a aquellos alumnos.

Durante siglos, el paisaje estuvo dominado por quintas, cultivos y caminos rurales. Con el crecimiento de Buenos Aires llegaron el ferrocarril, los talleres, los depósitos y las viviendas obreras. Esa transformación todavía puede observarse en las antiguas construcciones que sobreviven entre edificios contemporáneos.
La identidad de Chacarita también quedó ligada a su cementerio, creado durante el siglo XIX ante la necesidad de ampliar los lugares de inhumación luego de las epidemias que golpearon a la Ciudad.
De los galpones ferroviarios al fenómeno inmobiliario
Durante mucho tiempo, el límite entre Chacarita y Colegiales fue considerado apenas una zona de transición. No tenía la popularidad de Palermo ni el perfil residencial de Belgrano. Sin embargo, sus antiguos depósitos y talleres terminaron convirtiéndose en una oportunidad.
Cocineros, artistas, diseñadores y emprendedores comenzaron a instalarse en esos espacios. Así aparecieron restaurantes de autor, cafeterías, vermuterías, mercados y tiendas independientes.

A pesar del crecimiento, Chacagiales conserva una identidad barrial marcada por las veredas tranquilas, los comercios tradicionales y las construcciones de baja altura. Ese equilibrio entre tradición y modernidad explica buena parte de su atractivo.
Cuánto cuesta vivir en Chacagiales
La creciente popularidad de la zona también impactó en los precios. En Colegiales, los proyectos en construcción parten aproximadamente de los US$3.300 por metro cuadrado. Un monoambiente puede rondar los US$100.000, mientras que un departamento de dos ambientes comienza cerca de los US$160.000.
Las unidades de tres ambientes pueden partir de los US$250.000, según la superficie, la ubicación y las comodidades del edificio.
En Chacarita y el corredor de la avenida Elcano existen emprendimientos desde aproximadamente US$2.900 por metro cuadrado, aunque algunos desarrollos nuevos alcanzan valores similares a los de Colegiales.
En el mercado de propiedades usadas, un departamento de tres ambientes puede superar los US$125.000 en Chacarita y los US$140.000 en Colegiales.
Los alquileres también muestran diferencias. Un dos ambientes parte de alrededor de $750.000 mensuales en Chacarita y de $800.000 en Colegiales. Para las unidades de tres ambientes, los valores pueden ubicarse cerca de los $880.000 y $950.000, respectivamente.
Qué hacer en Chacagiales durante todo el día
Una buena manera de conocer la zona es comenzar la mañana en alguno de sus cafés de especialidad y después caminar hasta el tradicional Mercado de las Pulgas, donde se ofrecen muebles, antigüedades y objetos decorativos.
El recorrido puede continuar por la Plaza Mafalda o el Parque Ferroviario de Colegiales, un espacio verde que modificó antiguos terrenos ferroviarios y mejoró la conexión interna del barrio.

Quienes buscan una experiencia histórica pueden acercarse al Cementerio de la Chacarita, destacado por sus esculturas, mausoleos y obras arquitectónicas. También es recomendable caminar por los alrededores de Jorge Newbery, donde los murales y talleres conservan parte de la esencia del lugar.
Al caer la tarde, los bares de vinos, restaurantes y vermuterías toman protagonismo. La propuesta se distribuye principalmente alrededor de Dorrego, Jorge Newbery, Federico Lacroze, Álvarez Thomas y Elcano.
El desafío de crecer sin perder su identidad
El desarrollo de Chacagiales recuerda a la transformación que atravesó Palermo. Sin embargo, el gran desafío será crecer sin perder las características que lo volvieron especial: las casas bajas, los comercios independientes, las calles tranquilas y la convivencia entre antiguos vecinos y nuevos emprendimientos.
Chacagiales no necesita figurar oficialmente en un mapa para tener identidad propia. Su historia demuestra que Chacarita y Colegiales estuvieron conectados desde sus orígenes. Más de 400 años después, aquella antigua unión reaparece a través de la gastronomía, la cultura, los parques y una nueva manera de vivir Buenos Aires.



















