
En pleno San Telmo, entre calles que todavía conservan parte de la esencia de la Buenos Aires de otras épocas, existe una pizzería que parece detenida en el tiempo. Tiene más de 90 años de historia, un local diminuto y una particularidad que la convierte en una parada obligada para quienes buscan probar una pizza bien porteña: allí se come de pie, como ocurría en muchos de los tradicionales locales del siglo XX.
Se trata de Pirilo, una histórica pizzería ubicada sobre Defensa al 800 que mantiene prácticamente intacta la esencia con la que nació en 1932. Sin grandes carteles ni un salón lleno de mesas, todos los días el lugar recibe la visita de vecinos, trabajadores, estudiantes y turistas que llegan atraídos por sus enormes pizzas al molde y su famosa fainá.

Una tradición intacta con más de 90 años en el barrio de San Telmo
Pirilo nació como un emprendimiento familiar ligado a una familia de inmigrantes italianos. En sus comienzos, el negocio también funcionaba como heladería, hasta que Juan “Pirilo” Virazzi, sobrino de la primera dueña, quedó al frente y decidió concentrarse en la elaboración de pizzas.
Con el paso de los años, el local quedó en manos de la familia y hoy Silvia Claudia Vizzari, hija de Pirilo y reconocida por todos como “Pirila”, es quien siguió al frente con la pizzería.
La intención siempre fue mantener el lugar tal como era. Por eso, entrar a Pirilo es encontrarse con azulejos blancos, antiguos mostradores de madera, carteles de otras épocas, fotos, banderines del Club San Telmo y distintos objetos que forman parte de la historia del barrio.
Incluso permanece en las paredes un antiguo cartel con una ordenanza municipal de 1902 que advierte: “Prohibido escupir en el suelo”. Todo convive con recuerdos familiares, camisetas del club y fotografías de algunos clientes famosos que pasaron por el lugar, entre ellos Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Luis Brandoni y Rodolfo Ranni.

El secreto de la mejor pizza al molde y la fainá gigante
La carta de Pirilo es corta y no necesita demasiadas vueltas. Hay apenas cuatro variedades de pizza: muzzarella, anchoas, fugazza y fugazza con queso.
Todas se preparan al molde y tienen un tamaño considerable, de alrededor de 55 centímetros de diámetro. La masa se sigue haciendo a mano y sin máquinas, respetando una forma de elaboración que se mantiene desde los primeros años del negocio.
La muzzarella es una de las opciones más buscadas, aunque la fugazza con queso también tiene muchos seguidores. En el local, incluso, prefieren llamarla así y no “fugazzetta”. Pero si hay algo que llama todavía más la atención es la fainá, ya que es enorme y está pensada para acompañar esas porciones abundantes que se comen directamente desde el mostrador o en la vereda.
La tradición también se nota en un detalle tan sencillo como particular: las cajas de pizza se aseguran con un carrete de piolín blanco, una imagen que parece salida de otra época y que todavía forma parte del ritual de Pirilo.

Comer de parado: la costumbre clásica de las pizzerías del siglo XX que se mantiene intacta
Uno de los mayores atractivos de Pirilo no está solamente en lo que se come, sino en la manera de hacerlo. El local es muy angosto y pequeño, y hay mostradores que funcionan como barra, pero no existen las tradicionales mesas y sillas de una pizzería. Por eso, quienes quieren comer en el lugar tienen que hacerlo “de parado”, ya sea adentro o directamente en la vereda.
La escena se repite desde hace décadas. Antes de que abra, los clientes comienzan a formar fila sobre Defensa. Cuando se levanta la persiana, vecinos, trabajadores y turistas ingresan para pedir una porción, una pizza chica o una grande.
La experiencia tiene algo de viaje al pasado: pedir una porción, comerla de pie y seguir camino por las calles de San Telmo, uno de los barrios porteños que mejor conserva las huellas de aquella Buenos Aires atravesada por la inmigración, el puerto y las costumbres populares.
Silvia busca mantener precisamente ese espíritu. Junto a su hermana, un sobrino y un empleado, continúa con una tradición familiar que ya atraviesa varias generaciones.

Dónde queda la pizzería Pirilo
Pirilo está ubicada en Defensa 821, en el barrio porteño de San Telmo, una zona especialmente concurrida por turistas y visitantes que recorren sus calles, anticuarios y edificios históricos.
El local permanece cerrado los lunes. De martes a viernes abre al mediodía, de 13 a 15:30, y vuelve a atender por la noche, de 18 a 23. Mientras que los sábados y domingos funciona durante la cena, de 18 a 00, según Google Maps.



















