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El bodegón de Palermo que recupera una tradición de más de un siglo: platitos, parrilla y recetas para compartir

En una esquina del barrio porteño, La Boque recupera el espíritu de los antiguos bodegones con tortillas, carnes, pastas artesanales y platos abundantes para compartir. Una propuesta atravesada por la inmigración y la historia gastronómica de Buenos Aires.

Conserva una tradición centenaria y conquista con sus platitos para compartir
Conserva una tradición centenaria y conquista con sus platitos para compartir Foto: Instagram @laboquedepalermo
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Buenos Aires también cuenta su historia a través de la comida. Las pastas del domingo, la tortilla, la milanesa con papas fritas, el vermut y las largas sobremesas forman parte de una identidad construida durante generaciones.

En uno de los barrios más dinámicos de la Ciudad se encuentra La Boque, un bodegón contemporáneo ubicado en Soler 5101, Palermo. Su carta reúne parrilla argentina, cocina casera y platitos con influencia española, dentro de una propuesta que invita a colocar las preparaciones en el centro de la mesa.

El restaurante representa una nueva etapa de la antigua La Boquería. Aunque renovó su nombre y sumó recetas, mantuvo la esencia que lo convirtió en un clásico de la zona: porciones generosas, sabores reconocibles y platos pensados para compartir.

La historia detrás de los bodegones porteños

Para entender el espíritu de La Boque hay que retroceder hasta finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando Buenos Aires recibió una enorme corriente inmigratoria procedente principalmente de Italia y España.

Las familias que llegaron al país trajeron sus recetas y sus costumbres. Con ellas comenzaron a multiplicarse fondas, cantinas, almacenes con despacho de bebidas y pequeños restaurantes familiares cerca de fábricas, mercados, estaciones de tren y talleres.

La Boque
En una esquina del barrio porteño, La Boque recupera el espíritu de los antiguos bodegones Foto: Instagram @laboquedepalermo

Estos lugares ofrecían comidas económicas y abundantes a los trabajadores. Con el tiempo, se transformaron en los bodegones porteños que hoy forman parte del patrimonio gastronómico de la ciudad.

En sus cartas convivían las pastas italianas, las tortillas españolas, los guisos, las carnes, las milanesas y los postres caseros. Pero el bodegón nunca fue solamente un lugar para comer. También se convirtió en un punto de encuentro para vecinos, amigos y familias.

De allí surgieron algunas de sus características más reconocibles: mozos de oficio, cartas extensas, platos para compartir, vino sobre la mesa y sobremesas sin apuro.

Palermo: de las antiguas chacras al polo gastronómico

Mucho antes de sus restaurantes, bares y edificios modernos, Palermo era una zona agreste, atravesada por bañados, vegetación y extensas chacras.

Una de las teorías más difundidas sostiene que el nombre del barrio proviene de Juan Domínguez Palermo, propietario de tierras en la zona durante el siglo XVII. Otra versión lo relaciona con un antiguo oratorio dedicado a San Benito de Palermo.

Durante el siglo XIX, estas tierras quedaron vinculadas con Juan Manuel de Rosas, quien construyó allí su residencia. Después de su caída en 1852, el área atravesó distintas transformaciones. En 1875 se inauguró el Parque Tres de Febrero, uno de los espacios verdes más importantes de Buenos Aires.

Con el avance de la urbanización llegaron viviendas, comercios, cafés y restaurantes. Palermo se convirtió así en uno de los polos gastronómicos más diversos de la ciudad, aunque todavía conserva espacios donde la cocina de barrio mantiene viva su identidad.

Qué comer en La Boque de Palermo

Uno de los grandes atractivos de La Boque son sus platitos para compartir. La tortilla aparece en distintas versiones, acompañada con rúcula y jamón serrano, boquerones, langostinos o mozzarella con panceta ahumada.

La Boque
Buenos Aires también cuenta su historia a través de la comida Foto: Instagram @laboquedepalermo

También se ofrecen provoletas con morrones y tomates secos, bruschettas, buñuelos de espinaca y huevos rotos. Son opciones que recuperan la tradición española de servir pequeñas preparaciones, pero adaptadas a la abundancia de la mesa porteña.

El vermut y el tinto de verano completan la experiencia. Estas bebidas mantienen un fuerte vínculo con los antiguos aperitivos de las cantinas y los bares de barrio.

Parrilla, pastas artesanales y postres clásicos

La parrilla ocupa otro lugar central. Entre los platos destacados aparece un costillar de 800 gramos, cocinado durante cuatro horas y acompañado con papas fritas.

Otra de las especialidades es el gran bife porteño de 400 gramos, servido con panceta ahumada, huevo, morrón asado, tomates secos y papas fritas. La carta también incluye ojo de bife, vacío, entraña, matambre de cerdo, achuras y pescados.

La Boque
Es un clásico de Palermo, mantiene viva la cocina de los inmigrantes y sorprende con platos abundantes Foto: Instagram @laboquedepalermo

Las pastas artesanales recuperan la herencia italiana de los bodegones. Entre las alternativas sobresalen los canelones de espinaca y castañas de cajú, acompañados con queso pecorino y salsa bechamel.

Para cerrar la comida, aparecen postres tradicionales como flan casero, vigilante y panqueque con dulce de leche, preparaciones sencillas que remiten a los almuerzos familiares y a las recetas de otras épocas.

Dónde queda La Boque

La Boque está ubicada en Soler 5101, Palermo. Además de su propuesta habitual, ofrece un after office de martes a domingo, entre las 17 y las 20, con promociones en cervezas y aperitivos.

La Boque
Revive el espíritu de los antiguos bodegones y sirve un costillar de 800 gramos Foto: Instagram @laboquedepalermo

En un barrio marcado por las nuevas tendencias, el restaurante propone un regreso a lo esencial: comida reconocible, platos abundantes y una mesa preparada para compartir.

La Boque demuestra que un bodegón puede renovarse sin abandonar su historia. Porque detrás de cada tortilla, cada pasta y cada corte de carne todavía sobrevive una tradición porteña de más de un siglo: reunirse alrededor de la mesa y convertir la comida en un verdadero ritual.

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