Un déjà vu mundialista: la curiosa historia entre México y Sudáfrica que sorprendió al fútbol en el inicio del Mundial 2026

México cumplió y le ganó a Sudáfrica por 2 a 0. La historia entre ambas selecciones que se recordó durante el partido inaugural del Mundial 2026.

México y Sudáfrica reeditaron una curiosa historia en el inicio del Mundial 2026.
México y Sudáfrica reeditaron una curiosa historia en el inicio del Mundial 2026. Foto: Reuters (Henry Romero)
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El fútbol tiene una relación especial con la memoria. A veces, el calendario y el azar se combinan para ofrecer coincidencias que parecen guionadas más por la nostalgia que por la lógica deportiva. El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026 no será la excepción.

El partido inaugural enfrentará a las selecciones de México y Sudáfrica, replicando (casi como un espejo en el tiempo) aquel estreno del Mundial de Sudáfrica 2010 que terminó igualado 1 a 1 en el Soccer City de Johannesburgo.

México vs. Sudáfrica: un inicio mundialista que se repite después de 16 años

No se trata solo de dos equipos que vuelven a cruzarse en una apertura mundialista. Lo llamativo es el contexto simbólico que rodea este nuevo enfrentamiento. En 2010, Sudáfrica inauguraba “su” Mundial como anfitriona, en una fiesta cargada de identidad y emoción. El puntapié inicial tuvo como protagonistas a los mismos equipos que volverán a verse las caras 16 años después, aunque ahora en una Copa del Mundo compartida por tres países de América del Norte.

Siphiwe Tshabalala convirtió para Sudáfrica el gol inaugural del Mundial 2010. Foto: X @fifaworldcup_es

Aquel 11 de junio de 2010 quedó grabado por varios motivos. El primero, el golazo del local Siphiwe Tshabalala, que a los 55 minutos desató el estallido del estadio con un zurdazo inolvidable al ángulo. Fue, además, el primer gol de aquella Copa del Mundo. Sin embargo, México reaccionó y logró el empate a los 79 minutos gracias a Rafael Márquez, histórico defensor y capitán de la selección azteca, quien apareció en soledad en el área para empujar el balón y sellar el 1 a 1 final.

Ese empate tuvo un valor simbólico. Para Sudáfrica, fue la ilusión de un debut competitivo ante su gente; para México, una muestra de carácter en un contexto adverso. El resultado, además, dejó abierto el Grupo A, que compartían con Uruguay y Francia, en un grupo que terminaría siendo uno de los más comentados de aquella edición.

Del Soccer City a Norteamérica: el valor simbólico de una coincidencia única

Hoy, la reedición de ese duelo genera curiosidad por múltiples factores. En primer lugar, porque los partidos inaugurales suelen reservarse para el anfitrión principal o para selecciones de alto perfil competitivo, y la elección de México frente a Sudáfrica remite directamente a aquella postal de 2010. En segundo lugar, porque plantea una inevitable la comparación: ¿podrá repetirse una historia similar? ¿Habrá un nuevo Tshabalala o un Márquez que escriba su nombre en la primera página del torneo?

México vuelve a ser anfitrión y tendrá el desafío de mostrar un equipo competitivo ante su público. Foto: Reuters (Eloisa Sanchez)

El contexto, claro, es completamente diferente. México vuelve a ser anfitrión (esta vez de manera compartida) y tendrá el desafío de mostrar un equipo competitivo ante su público en un Mundial ampliado, con más selecciones y un formato renovado. Por su parte, Sudáfrica buscará recuperar protagonismo en la escena internacional y aprovechar el impacto de un debut que, por sí solo, ya concentra una atención global considerable.

Más allá de lo estrictamente futbolístico, la coincidencia alimenta el costado romántico del deporte. No es frecuente que dos selecciones repitan un partido inaugural en un lapso relativamente corto dentro de la historia de los Mundiales, y menos aún con un antecedente tan recordado, tanto por el contexto como por los protagonistas.

Dicen que el fútbol siempre ofrece revancha. Sin embargo, en este caso, más que revancha, parece ofrecer continuidad narrativa. Una historia que comenzó en Johannesburgo, entre vuvuzelas, emoción y un empate que dejó sabor a expectativa, y que ahora tendrá una segunda edición en suelo norteamericano.