
El oeste pampeano despidió a una de esas personas que parecen más grandes que su propia biografía. Laurentina Ainó, conocida por todos como Doña Laura, murió en Telén a los 108 años, a pocos días de cumplir 109, y dejó una historia atravesada por el trabajo rural, la memoria popular y un vínculo que la convirtió en leyenda: aseguraba ser ahijada de Juan Bautista Bairoletto, el famoso bandolero rural que marcó una época en La Pampa y cuyo nombre todavía vive en los relatos del interior.
Su fallecimiento generó tristeza en Telén y en distintas localidades del oeste provincial, donde era considerada una verdadera matriarca pampeana. No solo por su edad, sino por todo lo que representaba: una vida de sacrificio, una familia enorme, una memoria firme y una manera de mirar el mundo que mezclaba picardía, fe y resistencia.
Una mujer que fue memoria viva del oeste pampeano
Laurentina Ainó nació el 14 de julio de 1917, a orillas del río Salado, aunque ella solía decir que podía tener algunos años más porque, en aquellos tiempos, muchas familias del campo anotaban a sus hijos en el Registro Civil cuando podían. Esa simple aclaración ya pintaba una época: la del territorio abierto, los caminos difíciles, las distancias largas y las vidas construidas a fuerza de trabajo.

Desde chica conoció la dureza del campo. En su juventud trabajó como sirvienta y, después de casarse, acompañó a su esposo en las tareas rurales. Durante años se dedicó a la crianza de chivas, una actividad profundamente ligada al oeste pampeano. Quienes la conocieron recuerdan que se levantaba temprano, hacía las tareas de la casa, cortaba leña y mantenía una rutina activa aun cuando ya había superado largamente el siglo de vida.
La ahijada de Bairoletto y una infancia rodeada de leyenda
Uno de los aspectos más fascinantes de su historia era su relación con Juan Bautista Bairoletto, también escrito como Vairoleto en algunos registros y relatos populares. Doña Laura sostenía que el célebre bandolero rural había sido su padrino de bautismo. Su padre fue Félix “El Indio” Ainó, recordado como uno de los últimos gauchos matreros del oeste pampeano y vinculado a aquel mundo de puesteros, persecuciones, refugios y solidaridad rural.

En Telén, esas historias no eran simples anécdotas: formaban parte de una memoria colectiva. Laurentina las contaba con naturalidad, como quien habla de escenas familiares. Entre esos recuerdos aparecía el Bairoletto humano, el hombre que se movía por los campos, que encontraba resguardo entre pobladores y que quedó para siempre envuelto en una mezcla de historia y mito.
Anduvo en moto hasta los 100 años y sorprendía con su vitalidad
De todas las frases que quedaron asociadas a Doña Laura, una resume su carácter mejor que cualquier retrato: “Anduve en moto hasta los 100 años”. La confesión, que hizo en entrevistas y charlas con medios locales, se convirtió en una muestra perfecta de su temperamento. No hablaba desde la nostalgia quieta, sino desde una vitalidad que asombraba incluso a quienes la visitaban seguido.
También solía relativizar las recetas para vivir mucho. Decía que no se privaba de demasiadas cosas y que su único cuidado estricto era evitar la sal. En otras oportunidades contó que tomaba muy poca medicación y que rara vez iba al médico, una costumbre que sus vecinos asociaban con su fortaleza y con esa manera antigua de enfrentar la vida sin dramatizar cada dificultad.
Madre de 16 hijos y símbolo de una generación irrepetible
Doña Laura fue madre de 16 hijos. Tres de ellos fallecieron y el resto vive entre Telén y Santa Rosa, según reconstruyeron medios provinciales. A lo largo de los años también formó una descendencia inmensa, con nietos, bisnietos y tataranietos, aunque ella misma había reconocido alguna vez que ya había perdido la cuenta exacta.
Su vida condensó más de un siglo de transformaciones: vio cambiar los caminos, las formas de trabajar, la comunicación, la vida del campo y la organización de los pueblos. También fue homenajeada por su lugar en la historia política y social pampeana: votó por primera vez en las elecciones de 1951, un dato que la conecta con una etapa clave de los derechos políticos de las mujeres en Argentina.
Telén despide a una leyenda cotidiana
La muerte de Laurentina Ainó no solo marca la partida de una vecina longeva. También cierra una página profunda de la historia oral del oeste pampeano. Doña Laura fue testigo, protagonista y narradora de un mundo que ya casi no existe: el del campo sin comodidades, el de las familias numerosas, el de la palabra como archivo y el de los personajes populares que todavía sobreviven en la memoria de los pueblos.
En Telén la recordarán como Doña Laura, la mujer amable, creyente, trabajadora y solidaria que amaba la vida, que decía que los problemas iban y venían, que conservó su lucidez hasta el final y que dejó una enseñanza sencilla pero potente: seguir adelante, incluso cuando el camino es de tierra.
















