
El Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová anunció un cambio histórica que tenía más de 70 años y era uno de los temas más sensibles para esa comunidad.
Desde ahora, los cuatro componentes principales de la sangre —glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas— dejan de ser materia de postura colectiva y pasan a ser una decisión de conciencia personal de cada creyente.
De esta forma, se genera un cambio en la postura religiosa que mantenían desde 1945.

Además, la determinación establece que ningún miembro de la congregación puede juzgar ni presionar a otro por la elección que haga frente a un tratamiento médico que implique esos productos derivados de la sangre de un donante.
“Los cristianos no estamos bajo la ley mosaica, pero sí seguimos el mandato del libro de Hechos de abstenernos de sangre. Por lo tanto, igual que con otras decisiones sobre la salud, cada cristiano debe tomar su decisión sobre cómo se usará su propia sangre en cualquier tratamiento o procedimiento médico y quirúrgico”, indica el comunicado.
La histórica postura que quedó atrás
La postura histórica de los Testigos de Jehová sobre la sangre se asienta en el mandato del libro de Hechos, capítulo 15, que exhorta a los cristianos a abstenerse de ella.
Desde ese principio, la organización sostuvo durante décadas que sus miembros no deben consumir sangre completa, transfundírsela ni donarla, y esa misma lógica se extendía a los cuatro componentes principales.

La Biblia “no dice nada sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica y quirúrgica”, ni regula de forma explícita los componentes o fracciones que se obtienen de ella.
Ante ese silencio de las Escrituras, el organismo invoca Primera de los Corintios 4:6 para reconocer que no está autorizado a ir más allá de lo que la Biblia establece de manera concreta.




















