
En el Nogoyá, Entre Ríos, de 1999, una joven de 18 años sintió “ese llamado” que muchos religiosos afirman que existe antes de tomar la decisión de dedicar su vida a Dios. Así, con determinación, se anotó en el Convento Carmelitas Descalzas de esa ciudad sin saber que tiempo más tarde ese lugar se convertiría en una verdadera pesadilla.
Silvia Alberenque logró poner en palabras las vejaciones por las que había atravesado allí recién 17 años más tarde, en 2016. La causa se comenzó a investigar con cautela gracias a la investigación del periodista Daniel Enz, hasta que en agosto de ese año llegó formalmente a la Justicia.
Inmediatamente se realizó un allanamiento en el convento y, pese a la resistencia que mantuvieron las autoridades del lugar para que ingresaran las fuerzas policiales, las autoridades finalmente pudieron entrar y allí secuestraron látigos y otros elementos para ejercer violencia que se ocultaban.
Al mismo tiempo, comenzaron a investigar concretamente el rol de la monja Luisa Toledo, conocida como María Isabel dentro de la orden, como partícipe de los abusos contra Silvia y otra joven religiosa del convento.

Pero tal vez habría que ir al principio para entender qué ocurrió puertas adentro del convento, donde todo parecía transcurrir de manera perfecta y tranquila.
Abusos y violencia extrema en un convento de Nogoyá: la historia de una monja que decidió hablar
Podría decirse que en verdad Silvia “sintió el llamado” mucho antes de terminar sus estudios secundarios. Fue a los 13 años que un cura del pueblo le habló del reconocido Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen, perteneciente a las Carmelitas Descalzas, fundado en 1991.
Finalmente ingresó al lugar a los 18 años, en 1999. No pasó demasiado tiempo para que se diera cuenta que las reglas del convento eran por de más estrictas y excesivas. Sin embargo, su vocación religiosa pudo más y continuó allí por varios años más. En 2008, Luisa Esther Toledo asumió como priora bajo el nombre Madre María Isabel y la violencia comenzó a extremarse aún más.
Para ese entonces Silvia tenía 26 años y sabía que algo andaba mal, pero ¿a quién y cómo iba a denunciar los vejámenes de los que estaba siendo víctima dentro de un convento de monjas de las prestigiosas de la provincia?
Desde agresiones repetidas hasta privación ilegítima de la libertad: cómo escapó Silvia Alberenque del convento de Carmelitas Descalzas
La mujer soportó las peores agresiones desde 2008 hasta 2013, cuando finalmente consiguió ser exclaustrada del Convento de Carmelitas Descalzas.
En ese tiempo no solo sufrió amenazas, castigos y reiterados actos de violencia psicológica y física, sino que, además, fue privada de su libertad. También denunció que fue amordazada y que la sometieron a aplicarse latigazos.

Finalmente, cuando logró exponer las torturas de las que había sido víctima por parte de Luis Esther Toledo en 2016, la Justicia comenzó a investigar a la monja y al convento. Fue ese año en el caso tomó conocimiento público y mediático.
La condena a la monja Luisa Esther Toledo
La investigación, liderada por el fiscal Federico Uriburu, finalizó con la imputación de Luisa Esther Toledo y se la apartó definitivamente de su cargo en el monasterio en septiembre de 2016.
Ya en julio de 2019, el Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguay condenó a la mujer a tres años de prisión efectiva tras ser encontrada culpable de los delitos de “privación ilegítima de la libertad, actos de violencia y amenazas”.
La Justicia la halló culpable también de ejercer torturas contra una segunda víctima llamada Roxana, que sumó su denuncia luego de Silvia. En 2021, la Sala Penal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos dejó firme, aunque l año siguiente obtuvo la libertad condicional.
En la actualidad, Silvia y su hermano Marcelo eligen exponer públicamente su historia con el objeto de visibilizar una realidad de abusos en la Iglesia que aún hoy se sigue ocultando.





















