El bellísimo Palacio Andaluz, el rincón de Cañuelas donde pasó su infancia un futuro presidente

A 80 kilómetros de Buenos Aires, el Palacio Andaluz de Cañuelas esconde una historia fascinante: los Pellegrini, la estancia La Figura y el origen rural de Uribelarrea.

El Palacio Andaluz de Cañuelas: una joya histórica que parece salida de otro continente
El Palacio Andaluz de Cañuelas: una joya histórica que parece salida de otro continente Foto: bafilma
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A apenas 80 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el partido de Cañuelas, se alza una construcción que desconcierta a primera vista: el llamado Palacio Andaluz, un casco de estancia que remite a la tradición española y que, desde hace décadas, despierta fascinación por su estética y por el pasado que esconde. Distintas reconstrucciones periodísticas coinciden en ubicar su origen hacia 1830, cuando pertenecía a Carlos Enrique Pellegrini, padre del futuro presidente argentino Carlos Pellegrini.

Lo llamativo no es solo su imagen. En una provincia acostumbrada a cascos rurales sobrios o a grandes estancias de impronta francesa e italiana, este edificio sobresale por su impronta arábigo-andaluza, una rareza visual en medio del paisaje bonaerense. Esa singularidad explica por qué el lugar sigue siendo una referencia para curiosos, turistas y amantes de la historia local.

El castillo escondido de Cañuelas Foto: bafilma

Pero detrás del encanto arquitectónico hay algo todavía más potente: una trama histórica atravesada por la política, la inmigración, la vida rural y el ascenso de una de las familias más influyentes del siglo XIX argentino.

La estancia La Figura y la historia de los Pellegrini

El Palacio Andaluz formó parte del establecimiento de campo conocido como “La Figura”, adquirido por Carlos Enrique Pellegrini, un ingeniero de origen saboyano que había llegado al Río de la Plata en 1828. Distintas fuentes biográficas señalan que se formó en Europa, fue convocado para tareas técnicas en Buenos Aires y, tras la interrupción de obras públicas, desarrolló una destacada carrera como ingeniero, pintor y litógrafo, dejando además un importante legado visual sobre la Argentina del siglo XIX.

Carlos Pellegrini emite su voto en un atrio de iglesia al aire libre Foto: Wikipedia

Según la reconstrucción histórica difundida por Billiken y otras publicaciones, el clima político de la época empujó a Pellegrini padre a buscar mayor tranquilidad en la campaña bonaerense. Fue así como se instaló en esta propiedad rural de Cañuelas, donde levantó el casco que aún hoy se conserva y que luego sería conocido como Palacio Andaluz.

En ese entorno transcurrió parte de la niñez de Carlos Pellegrini, nacido en 1846, quien años más tarde se convertiría en presidente de la Nación. La casa, además, habría funcionado como puesto de carretas en los largos viajes hacia el sur, un dato que permite imaginar su valor logístico en una etapa en la que la campaña bonaerense estaba todavía lejos de la modernidad ferroviaria que llegaría después.

Un dato poco conocido: innovación agraria en plena campaña bonaerense

La historia del lugar no se reduce al linaje familiar. Las crónicas sobre la estancia remarcan que allí se impulsaron adelantos agrícolas poco comunes para la época. Entre ellos aparece mencionado un sistema de riego innovador conocido como “balde regador”, atribuido a Carlos Enrique Pellegrini en su etapa como productor rural. En otras palabras, el Palacio Andaluz no solo fue refugio y residencia: también fue un espacio ligado a la experimentación productiva en una Argentina que todavía estaba consolidando su matriz agroganadera moderna.

La increíble historia del Palacio Andaluz Foto: bafilma

Ese detalle cambia la lectura del edificio. Ya no se trata solo de una construcción pintoresca o de una “mansión antigua” en medio del campo. Fue parte de una estancia donde se cruzaron la cultura técnica europea, la vida rural bonaerense y una temprana visión productiva que más tarde caracterizaría a buena parte del desarrollo provincial.

Miguel Nemesio de Uribelarrea y el nuevo capítulo de la estancia

Durante la segunda mitad del siglo XIX, distintas notas periodísticas ubican a la estancia en manos de Miguel Nemesio de Uribelarrea, una figura decisiva para la historia de la zona. Bajo su influencia, el área no solo continuó ligada a la actividad rural, sino que quedó asociada al desarrollo de un pueblo que terminaría llevando su apellido: Uribelarrea, hoy uno de los destinos más visitados de Cañuelas por su perfil histórico y gastronómico.

Un palacio de 1830 Foto: bafilma

La historia del pueblo ayuda a entender por qué el Palacio Andaluz no puede interpretarse de forma aislada. La actual localidad de Uribelarrea fue fundada hacia 1889-1890 como colonia agrícola por Miguel Nemesio de Uribelarrea, quien donó tierras para impulsar instituciones clave del lugar. Entre ellas se cuenta la Escuela Agrotécnica Salesiana Don Bosco, fundada en 1894, una institución considerada pionera en la enseñanza agropecuaria del país.

Así, el Palacio Andaluz queda inserto en una geografía histórica más amplia: la de una región donde la estancia, la educación rural, el ferrocarril y la colonización agrícola se entrelazaron para moldear una identidad bonaerense muy particular.

Por qué el Palacio Andaluz sigue fascinando en pleno siglo XXI

Hay edificios que sobreviven porque fueron monumentales. Y hay otros que persisten porque, además de ser bellos, concentran capas de memoria. El Palacio Andaluz pertenece a esa segunda categoría. Su valor no está solo en la fachada ni en la experiencia turística actual, sino en lo que representa: el paso de un ingeniero-artista europeo por la Argentina, la infancia del hijo que llegaría a la Presidencia, la transformación de la campaña bonaerense y el nacimiento de una zona marcada por la tradición rural.

Quizás por eso sigue despertando tanta curiosidad. Porque en tiempos de consumo rápido y destinos repetidos, todavía existen lugares que ofrecen algo más que una imagen para redes sociales. El Palacio Andaluz de Cañuelas propone otra cosa: entrar a una historia donde la arquitectura funciona como puerta de entrada a un país en construcción. Y eso, en la provincia de Buenos Aires, no aparece todos los días.