
En el corazón de San Justo, donde la historia oficial convive con la memoria oral de generaciones, hay una pregunta que nunca termina de apagarse: ¿existen túneles secretos bajo la Catedral, los colegios y los edificios históricos del centro? La ciudad fue fundada el 25 de diciembre de 1856 como cabecera de La Matanza, luego de la donación de tierras por parte de los herederos de Justo Villegas, y desde entonces ese casco cívico-religioso se convirtió en uno de los núcleos más simbólicos del oeste bonaerense.
Lo llamativo es que, casi 170 años después, la leyenda sigue viva. No hay planos definitivos ni documentos concluyentes que confirmen la existencia de una red subterránea conectando la Catedral de los Santos Justo y Pastor, el Instituto Parroquial San Justo, el Instituto Santa Rosa de Lima o dependencias cercanas. Pero sí persisten los relatos de exalumnos, vecinos y trabajadores que recuerdan sótanos profundos, espacios húmedos, puertas clausuradas y vacíos oscuros bajo tierra.
Por qué la leyenda de los túneles de San Justo nunca murió
Toda ciudad guarda un misterio, pero pocas leyendas urbanas conservan tanta fuerza como la de los supuestos túneles de San Justo. El mito se alimentó durante décadas en recreos escolares, conversaciones familiares y testimonios repetidos de boca en boca, al punto de convertirse en parte del imaginario local. Distintos relevamientos periodísticos recientes recogieron versiones que ubican esos pasadizos debajo de la catedral y de antiguos establecimientos educativos del centro.
Sin embargo, el dato que vuelve más fascinante a esta historia es que algo sí existe bajo tierra. Las investigaciones y testimonios recogidos en los últimos meses coinciden en que debajo de algunos edificios históricos hay estructuras subterráneas reales, utilizadas antiguamente como cisternas, depósitos, despensas o espacios de mantenimiento. Lo que no pudo probarse hasta ahora es que se trate de una red de túneles conectores entre instituciones.
La historia de San Justo ayuda a entender el misterio
Para comprender por qué esta versión genera tanta curiosidad hay que retroceder a los orígenes de la ciudad. Antes de que San Justo se fundara formalmente en 1856, La Matanza ya arrastraba una historia mucho más antigua, vinculada a los querandíes y a los primeros asentamientos rurales del territorio bonaerense. Incluso el nombre del distrito comenzó a fijarse entre los siglos XVII y XVIII, mucho antes de que existiera una ciudad cabecera consolidada.

Ese casco fundacional de San Justo nació con una lógica institucional muy clara: allí debían levantarse la plaza, la municipalidad, la parroquia, la escuela y el cementerio, en un mismo núcleo urbano. Esa concentración de edificios históricos en pocas cuadras es, justamente, uno de los elementos que alimenta la fantasía de pasajes ocultos bajo el centro cívico.
La Catedral de San Justo, una pieza clave en el enigma
Si hay un edificio que concentra el aura del misterio, ese es la Catedral de los Santos Justo y Pastor. La capilla inició su labor pastoral en 1858, apenas dos años después de la fundación de la ciudad, y la construcción del templo parroquial comenzó en 1860. La obra tardó décadas en completarse y alcanzó su culminación hacia 1895, con intervenciones asociadas al arquitecto Pedro Benoit en la etapa final.
Ya en el siglo XX, la catedral atravesó transformaciones clave: a fines de la década del 30 debió clausurarse por riesgo de derrumbe, y en 1941 se impulsó una restauración que incorporó nuevas naves laterales y alteró parte de su fisonomía original. Más tarde, con la creación de la Diócesis de San Justo en 1969, el conjunto religioso volvió a modificarse con nuevas obras diocesanas.
Ese derrotero arquitectónico es importante porque explica por qué, incluso hoy, el edificio conserva sectores poco conocidos y subsuelos cuya función original no siempre está documentada con precisión pública.
Qué se sabe de verdad sobre los supuestos pasadizos ocultos
Los testimonios recopilados en investigaciones periodísticas coinciden en un punto: debajo del colegio parroquial y de la catedral existen espacios amplios, oscuros y húmedos. Ex trabajadores relataron que allí había cisternas y áreas donde se guardaban herramientas o alimentos, una práctica habitual en edificios antiguos de uso religioso o escolar.

Pero cuando la pregunta apunta a una red subterránea conectando edificios, la respuesta cambia de tono. Integrantes del Centro de Estudios Históricos de La Matanza (CEHLaM) y fuentes consultadas en torno a la catedral remarcaron que no existen planos, registros ni pruebas históricas concluyentes que permitan afirmar la presencia de esos túneles. Es decir: hay subsuelos reales, pero no evidencia firme de pasadizos secretos interconectados.
La gran diferencia con los túneles coloniales que sí existieron en Buenos Aires
Uno de los argumentos más repetidos por los historiadores locales es que San Justo fue fundada a mediados del siglo XIX, en un contexto muy distinto al de la Buenos Aires colonial. En la capital sí se documentaron túneles y pasajes subterráneos vinculados a fines defensivos, sanitarios, religiosos o de circulación, especialmente entre los siglos XVIII y XIX.
En cambio, para la época en que surgió San Justo ya no estaban presentes las condiciones que, en otros tiempos, justificaban la construcción de complejos sistemas de escape o conexión bajo tierra. Esa diferencia histórica es central: la leyenda matancera es poderosa, pero el contexto urbano en el que nació la ciudad no vuelve automática la existencia de túneles secretos.
Por qué el misterio de San Justo sigue siendo irresistible
Tal vez la razón por la que esta historia nunca pierde fuerza sea simple: combina patrimonio, memoria y vacío documental. Donde faltan certezas, la imaginación crece. Y cuando los relatos orales se apoyan en estructuras subterráneas verdaderas, aunque no sean túneles conectores comprobados, el misterio encuentra terreno fértil para sobrevivir.
San Justo no solo es la cabecera política de La Matanza: también es una ciudad construida sobre capas de tiempo, donde cada edificio antiguo parece guardar una escena que todavía no fue narrada del todo. Por eso, más allá de que aparezca o no una prueba definitiva, los llamados “túneles de San Justo” ya forman parte de algo más profundo: la identidad histórica de una comunidad que todavía mira hacia abajo buscando respuestas.
















