
En una zona tranquila de Parque Chacabuco, lejos del ruido más intenso de la Ciudad de Buenos Aires, existe un rincón que muchos argentinos reconocen sin saber exactamente dónde queda. Allí, entre casas bajas, veredas angostas y una atmósfera de pueblo, se filmó una de las ficciones más recordadas de la televisión nacional: “Grande, Pa!”, la serie que convirtió a Arturo Puig, María Leal y “las chancles” en parte de la memoria popular de los años 90. La vivienda usada como locación todavía está en pie en el Barrio Cafferata, un sub-barrio de Parque Chacabuco integrado por apenas 161 casas.
El rincón porteño que todos vieron en televisión y pocos saben ubicar
La casa de la ficción, recordada como el hogar de Arturo Aráuz, conserva parte de la imagen que quedó grabada en la televisión argentina: dos plantas, altillo, cochera y una fachada de ladrillo a la vista. Pero el atractivo de la zona va mucho más allá de la nostalgia televisiva. Cafferata es uno de esos lugares que parecen suspendidos en el tiempo, con calles internas de ritmo lento, chalets de inspiración inglesa y una escala barrial que contrasta con el crecimiento vertical de la Ciudad.

El barrio está ubicado dentro de Parque Chacabuco, delimitado por Avenida Asamblea, Avenida José María Moreno, Estrada y Riglos. Aunque no es un barrio oficial de la Ciudad, su identidad es tan marcada que los vecinos lo reconocen como un mundo propio. Esa particularidad lo volvió uno de los secretos mejor guardados del sur porteño y, al mismo tiempo, un objeto de deseo para quienes buscan vivir en una casa sin irse de la Capital.
De “casas baratas” a propiedades de lujo: la historia del Barrio Cafferata
El origen de Cafferata se remonta a comienzos del siglo XX, cuando Buenos Aires enfrentaba un fuerte problema habitacional. En esos años, gran parte de las familias trabajadoras vivía en conventillos e inquilinatos, muchas veces en condiciones precarias. La respuesta llegó con la Ley 9677, conocida como Ley Cafferata, sancionada en 1915, que creó la Comisión Nacional de Casas Baratas para impulsar viviendas económicas destinadas a obreros y empleados.

El impulsor de esa norma fue el diputado conservador cordobés Juan Félix Cafferata, cuyo apellido terminó dando nombre al conjunto habitacional. Las obras del barrio comenzaron hacia 1918 y el complejo fue habilitado en junio de 1921, durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen y la intendencia de José Luis Cantilo. La idea era ofrecer casas dignas, con mejores condiciones de ventilación, higiene y vida familiar frente al modelo del conventillo.
Por qué sus casas son tan buscadas más de 100 años después
El proyecto original contempló 161 viviendas individuales, distribuidas en un conjunto compacto de manzanas con una escuela como punto central. Las casas fueron pensadas en dos tipologías principales: algunas individuales y otras gemelas o semiseparadas. En general, tenían dos plantas, techos de tejas españolas o francesas, estuco, pequeños jardines delanteros y fondos más amplios. Ese diseño, de clara influencia pintoresquista e inglesa, le dio al barrio una estética muy distinta a la del damero porteño tradicional.

Hoy, esas mismas viviendas que nacieron bajo el concepto de“casas baratas” se transformaron en propiedades escasas y muy cotizadas. Según el relevamiento inmobiliario citado por Clarín, las casas del Barrio Cafferata pueden ofrecerse entre US$ 300.000 y US$ 500.000, con valores por metro cuadrado que rondan entre US$ 2.300 y US$ 2.500, dependiendo del estado de conservación y las reformas realizadas.
La clave está en la combinación de factores difíciles de repetir: baja densidad, identidad arquitectónica, tranquilidad, cercanía con Caballito, acceso a avenidas importantes y ausencia de expensas. En una ciudad donde buena parte del mercado inmobiliario se concentra en departamentos, Cafferata ofrece algo cada vez más raro: vivir en una casa con espíritu barrial sin abandonar Buenos Aires.
Parque Chacabuco: de polvorín a pulmón verde de la Ciudad
Para entender el valor histórico de Cafferata también hay que mirar la historia de Parque Chacabuco. Antes de convertirse en barrio, la zona formaba parte del antiguo partido de San José de Flores y estaba vinculada a la vieja Fábrica Nacional de Pólvora, conocida como el polvorín de Flores. Una explosión ocurrida el 26 de enero de 1898 destruyó casi por completo esas instalaciones y abrió paso a una transformación urbana decisiva.
En 1902, la Municipalidad gestionó la cesión de esos terrenos ante el Gobierno Nacional y, al año siguiente, se avanzó con la creación del parque. El diseño estuvo a cargo de Carlos Thays, una figura clave del paisajismo porteño, responsable de varios espacios verdes históricos de Buenos Aires. El Parque Chacabuco fue inaugurado oficialmente en 1903 y tomó su nombre en homenaje a la Batalla de Chacabuco, librada por el Ejército de los Andes en 1817.
La escuela, los pasajes y una identidad que resiste
En el corazón de Cafferata se encuentra la Escuela Nº 22 Antonio Abraham Zinny, inaugurada el 25 de mayo de 1930, que funciona como uno de los símbolos del barrio. La disposición de las casas alrededor de este punto central reforzó desde el comienzo la idea de comunidad, con una vida cotidiana marcada por la cercanía entre vecinos y la preservación del entorno.

Otra particularidad del barrio son sus pasajes y calles internas, entre ellas trazas asociadas a nombres como República, Igualdad y Fraternidad, que aportan una impronta casi simbólica al recorrido. En medio de una Buenos Aires cada vez más acelerada, Cafferata mantiene una escala doméstica: frentes cuidados, jardines visibles, casas de baja altura y una sensación de refugio urbano.
El fenómeno “Grande, Pa!” y la memoria de los 90
El vínculo con“Grande, Pa!” terminó de darle al barrio una dimensión sentimental. La telecomedia fue uno de los grandes fenómenos de audiencia de la televisión argentina de los años 90 y convirtió la fachada de aquella casa en una imagen familiar para millones de espectadores. Con el paso del tiempo, la locación se transformó en una cápsula de memoria: un punto donde se cruzan la historia urbana, la cultura popular y la nostalgia televisiva.
Más de tres décadas después, el barrio sigue siendo buscado por quienes valoran la tranquilidad, la arquitectura con historia y el sentido de pertenencia. Cafferata nació como una respuesta social al problema de la vivienda obrera, pero con el tiempo se convirtió en un enclave residencial codiciado. Esa paradoja resume parte de la historia porteña: lo que alguna vez fue pensado como una solución accesible hoy es un bien escaso, deseado y difícil de conseguir.



















