Las extrañas calles de Buenos Aires: no homenajean a próceres, pero sí a presidentes estadounidenses

Buenos Aires tiene calles dedicadas a George Washington, James Monroe y Franklin D. Roosevelt, pero varios próceres argentinos aún no tienen una calle oficial en CABA.

Calles de Buenos Aires
Calles de Buenos Aires Foto: Instagram @martin_recorre
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En Buenos Aires, las calles no solo ordenan el tránsito: también cuentan una historia. El propio Gobierno porteño explica que la nomenclatura urbana permite leer decisiones políticas, culturales e institucionales, y que con ella se puede “hacer historia” tanto por lo que se nombra como por lo que se deja afuera. Por eso, al mirar el mapa con atención, aparece una rareza que sigue sorprendiendo: la Ciudad tiene calles dedicadas a presidentes de Estados Unidos, mientras varias figuras centrales de la historia argentina todavía no cuentan con una arteria oficial en CABA.

Lejos de ser una curiosidad aislada, el fenómeno está documentado por la propia Ciudad. El GCBA recordó que varias arterias, plazas y edificios de Buenos Aires rinden homenaje a figuras públicas estadounidenses de la política, la ciencia y la cultura. Entre ellas aparecen nombres muy conocidos como George Washington, Franklin D. Roosevelt, James Monroe y John F. Kennedy. Es decir: en una capital atravesada por próceres, militares, fechas patrias y provincias argentinas, también quedaron fijados nombres vinculados al poder político de Estados Unidos.

Washington, Monroe y Roosevelt: tres apellidos que rompen la lógica del callejero

Uno de los casos más llamativos es el de George Washington, que no solo tiene una calle entre Belgrano y Saavedra, sino también un monumento frente a la Embajada de Estados Unidos. La elección tiene peso simbólico: Washington fue el primer presidente estadounidense entre 1789 y 1797, además de comandante del Ejército Continental durante la independencia. Britannica lo define como el “Father of His Country”, una figura central en la formación del Estado norteamericano.

Franklin D. Roosevelt junto a Pedro Justo
Franklin D. Roosevelt junto a Pedro Justo

Otro apellido muy presente en la vida cotidiana porteña es Monroe. La avenida recuerda a James Monroe, presidente de Estados Unidos entre 1817 y 1825, cuyo mandato quedó ligado a la Doctrina Monroe, formulada en 1823, con la que Washington advirtió a las potencias europeas contra nuevas intervenciones en el hemisferio occidental. Ese principio terminó convirtiéndose en una de las bases de la política exterior estadounidense durante décadas.

Avenida Monroe Foto: Wikipedia

A esa lista se suma Franklin D. Roosevelt, cuyo nombre atraviesa sectores de Belgrano, Coghlan y Villa Urquiza. Roosevelt fue el 32° presidente de Estados Unidos y gobernó entre 1933 y 1945, en medio de dos grandes crisis del siglo XX: la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Su figura quedó asociada al New Deal, el gran programa de reformas económicas y sociales que redefinió el rol del Estado en la vida pública norteamericana.

Por qué la Ciudad les dio lugar en el mapa

La explicación no es casual ni decorativa. El GCBA sostiene que la nomenclatura urbana es una lectura historiográfica de Buenos Aires y que las calles reflejan decisiones de época. Además, la Ley 83, la Ley 865 y la Ley 1206 fijaron criterios para nombrar espacios públicos y reforzaron la idea de proteger la permanencia del callejero. En otras palabras: cada nombre que permanece en el mapa forma parte de una selección histórica y política.

En ese marco, los homenajes a presidentes estadounidenses pueden leerse como parte de una tradición de Buenos Aires como ciudad abierta al mundo, puerto diplomático y capital interesada en figuras de proyección internacional. Por eso el callejero no solo recuerda a líderes norteamericanos, sino también a otros nombres de ese país, como Benjamín Franklin, Thomas Alva Edison y la propia calle Estados Unidos, que cruza buena parte del sur porteño.

La gran paradoja: CABA homenajea a presidentes de Estados Unidos, pero no a varios próceres nacionales

La rareza se vuelve todavía más fuerte cuando se observa el otro lado del mapa. Mientras existen calles dedicadas a Washington, Monroe y Roosevelt, varias figuras decisivas de la historia argentina todavía no tienen una calle oficial en la Ciudad de Buenos Aires. El caso más emblemático es el de Juan Manuel de Rosas. Distintos relevamientos periodísticos coincidieron en señalar que Rosas no figura hoy en el nomenclador porteño, pese al enorme peso político que tuvo en el siglo XIX.

Juan Manuel de Rosas
Juan Manuel de Rosas

La paradoja es más fuerte todavía porque la actual Avenida Monroe se llamó Juan Manuel de Rosas durante el tercer gobierno peronista, pero en 1976 recuperó su nombre anterior. Ese cambio demuestra que el callejero porteño también es un espacio de disputa simbólica: los nombres no solo orientan, también expresan consensos políticos, revisiones históricas y decisiones de poder.

A la ausencia de Rosas se suman otros nombres fuertes. Un relevamiento reciente incluyó entre los grandes ausentes del mapa porteño a Estanislao López, referente del federalismo santafesino, y también a caudillos del interior como Francisco “Pancho” Ramírez, Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza y Felipe Varela. Incluso entre los presidentes argentinos aparecen vacíos como Miguel Juárez Celman y Raúl Lastiri, que tampoco cuentan con una calle consolidada en CABA.

Lo que estas calles extrañas dicen sobre Buenos Aires

Todo esto deja una conclusión incómoda y fascinante a la vez: las calles no son neutrales. No solo organizan recorridos; también organizan memorias. Que Buenos Aires conserve homenajes a George Washington, James Monroe o Franklin D. Roosevelt, mientras nombres argentinos como Rosas o Estanislao López siguen sin una arteria oficial, no es un detalle menor del plano urbano. Es una muestra de cómo la Ciudad eligió recordar algunas figuras, discutir otras y dejar varias en los márgenes.

Tal vez por eso estas calles resultan tan extrañas: porque obligan a mirar el mapa con otra pregunta. No solo quién aparece en una esquina, sino también quién todavía no consiguió llegar a ella. Y en Buenos Aires, a veces, las ausencias cuentan tanto como los homenajes.