
El 12 de agosto de 1806, en plena Primera Invasión Inglesa, el joven cadete Martín Miguel de Güemes participó de un episodio que todavía hoy resulta asombroso: un grupo de jinetes criollos avanzó contra la fragata inglesa Justine, también mencionada como “Justina” en distintas reconstrucciones históricas, después de que la nave quedara varada por una repentina bajante del Río de la Plata. La acción fue tan singular que incluso quedó registrada como un hecho inédito: una embarcación tomada por caballería.
Según reconstrucciones históricas difundidas por organismos oficiales, Güemes actuó al mando de un grupo de jinetes vinculados a las fuerzas de caballería que operaban junto a Juan Martín de Pueyrredón. La fragata inglesa, equipada con 26 cañones y tripulada por más de 100 marineros y oficiales, había quedado a escasa distancia de la costa, una situación que volvió posible lo impensado.
Por qué la toma del Justine fue mucho más que una anécdota heroica
La captura del buque inglés no fue apenas una postal épica para recordar en las efemérides. Fue, en realidad, el bautismo de fuego de un hombre que con los años se transformaría en una pieza central de la emancipación sudamericana. Desde la mirada de la historia argentina, ese episodio de 1806 anticipó algunos rasgos que luego definirían a Güemes: velocidad de reacción, conocimiento del terreno, audacia en combate y una capacidad excepcional para convertir recursos modestos en ventaja militar.

También ayuda a entender por qué su figura excede el bronce escolar. Güemes no fue solamente un militar valiente: fue un líder popular, un organizador político y el conductor de un sistema de guerra irregular que resultó clave para contener a los realistas en el norte. Por eso, cuando se habla de él, no se recuerda sólo al joven que entró a caballo al río, sino al futuro jefe de Los Infernales, la fuerza que defendió la frontera norte mientras San Martín avanzaba con su proyecto continental.
Antes del héroe del norte hubo un cadete de 21 años que llegó a tiempo para la historia
Las crónicas sobre aquel día señalan que Güemes llegó a Buenos Aires tras un viaje agotador desde La Candelaria, en un trayecto de alrededor de 395 kilómetros y unas 30 horas de cabalgata. No alcanzó a entregar a tiempo una comunicación destinada a Santiago de Liniers, pero sí llegó a ser parte de una acción que cambiaría el modo en que sería recordado. Ese dato no es menor: muestra a un joven oficial ya involucrado en tareas sensibles, dentro de una ciudad convulsionada por la ocupación británica y la resistencia criolla.
La Reconquista de Buenos Aires de 1806 fue, además, una experiencia fundacional para muchos criollos. La resistencia frente a los invasores mostró que las milicias locales podían organizarse y combatir con eficacia. En ese clima nació buena parte de la conciencia política y militar que pocos años después estallaría con la Revolución de Mayo. Güemes formó parte de ese aprendizaje decisivo.
De la proeza en Buenos Aires a la Guerra Gaucha que frenó a los realistas
Después de las invasiones inglesas, Güemes regresó al norte y se integró a la causa revolucionaria. Tras 1810 recibió misiones para cortar comunicaciones con el Virreinato del Perú y luego se incorporó al Ejército del Norte. Más adelante, José de San Martín lo designó en funciones estratégicas y su papel se volvió determinante: desde Salta organizó una defensa basada en milicias gauchas, movilidad permanente, hostigamiento y control del territorio.

Ese sistema de combate, conocido como Guerra Gaucha, permitió desgastar a los ejércitos realistas y proteger el norte del actual territorio argentino. Las fuentes oficiales destacan que Güemes fue elegido gobernador de Salta por asamblea popular y que convirtió a sus milicianos en una fuerza militar reconocida, la División Infernal de Gauchos de Línea. Su accionar resultó central para sostener la independencia mientras otras campañas se desplegaban hacia Chile y Perú.
El legado de Güemes: una figura que volvió a crecer con el tiempo
La historia argentina tardó décadas en dimensionar toda la estatura política y militar de Güemes. Hoy su figura está oficialmente reconocida como la de un Héroe Nacional, y cada 17 de junio se conmemora su paso a la inmortalidad. El Museo Güemes recuerda que fue el único general argentino muerto en acción de guerra en el proceso emancipador, un dato que da medida de la intensidad con la que vivió su compromiso con la causa independentista.
Por eso, aquella escena de 1806 sigue fascinando: no sólo por lo extraordinario de ver a una partida de caballería tomar un buque, sino porque en ese gesto parece concentrarse toda una biografía. En el joven que se lanzó al agua para ir por una fragata inglesa ya estaba, en alguna medida, el conductor que después defendería el norte con sus gauchos y se volvería imprescindible para la libertad americana.
















