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El increíble pueblo de Italia donde toman mate como en Argentina y se considera la Capital Europea del Mate

En un pequeño pueblo de Calabria, el mate se convirtió en una tradición familiar que une a Italia con Argentina desde hace generaciones.

El pueblo italiano fanático del mate
El pueblo italiano fanático del mate Foto: La Nación
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En el sur de Italia, entre montañas, callecitas antiguas y casas que parecen detenidas en otro siglo, existe un pueblo que esconde una de las historias culturales más curiosas de Europa. Se llama Lungro, está ubicado en la región de Calabria, en la provincia de Cosenza, y aunque geográficamente pertenece al corazón italiano, en sus rondas familiares late una costumbre profundamente argentina: tomar mate.

A simple vista podría parecer una postal más del sur italiano, con su paisaje montañoso, su arquitectura tradicional y su ritmo sereno. Pero basta entrar a una casa, recorrer una despensa o participar de una reunión vecinal para descubrir que allí la yerba, la bombilla y el ritual compartido forman parte de la vida cotidiana. Lungro es considerada la Capital Europea del Mate, una distinción que no nació como estrategia turística, sino como resultado de una historia migratoria que unió para siempre a Italia con Argentina.

Una tradición que cruzó el océano con los inmigrantes

La explicación se remonta a fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando miles de italianos dejaron sus pueblos en busca de trabajo y futuro en América. Argentina fue uno de los grandes destinos de aquella corriente migratoria: entre 1860 y 1930 llegaron al país alrededor de seis millones de europeos, y una parte central de ese movimiento estuvo integrada por italianos.

Lungro, la pequeña joya de Calabria que convirtió al mate en parte de su identidad
El pueblo italiano fanático del mate Foto: Wikipedia

Muchos de esos inmigrantes partieron desde regiones humildes del sur de Italia. Algunos se instalaron definitivamente en Buenos Aires, Rosario, Córdoba o pueblos del interior argentino. Otros, con el paso de los años, regresaron a sus aldeas de origen llevando en la valija algo más que ropa, recuerdos y fotografías: trajeron el hábito de tomar mate. En Lungro, esa costumbre no quedó como una rareza importada, sino que echó raíces hasta transformarse en símbolo de pertenencia.

Según los relatos locales, quienes habían emigrado a la Argentina enviaban paquetes de yerba a sus familiares en Calabria como regalo, recuerdo o ayuda cotidiana. En un contexto donde el café podía resultar caro para muchas familias, el mate ofrecía energía, abrigo y compañía. Así, la infusión rioplatense empezó a circular en cocinas, patios y lugares de trabajo, especialmente entre vecinos que necesitaban largas jornadas de esfuerzo.

El mate antes de Lungro: una bebida con raíces guaraníes

La historia del mate, sin embargo, empezó mucho antes de su llegada a Europa. La yerba mate, cuyo nombre científico es Ilex paraguariensis, es una planta nativa de Sudamérica y su consumo tiene raíces vinculadas a los pueblos guaraníes, que la utilizaban como bebida, elemento ritual y objeto de intercambio.

Lungro, el pueblo italiano que convirtió al mate argentino en una tradición europea
El pueblo italiano fanático del mate Foto: La Nación

Con la llegada de los colonizadores y, más tarde, de los jesuitas, la yerba se expandió por la región del Río de la Plata. En el siglo XVII, los jesuitas lograron domesticar la planta y organizar cultivos en las reducciones, lo que ayudó a consolidar su consumo y comercio. Con el tiempo, el mate se convirtió en una de las grandes marcas culturales de Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil.

Por eso, lo que ocurre en Lungro resulta tan fascinante: una tradición nacida en Sudamérica viajó a la Argentina profunda, fue adoptada por inmigrantes italianos y luego regresó a Europa transformada en una costumbre local. Es, en cierta forma, una historia de ida y vuelta escrita con agua caliente, yerba y memoria.

Un pueblo arbëreshë donde el mate también habla otro idioma

Lungro no es un pueblo italiano cualquiera. Forma parte de las comunidades arbëreshë, descendientes de albaneses que llegaron al sur de Italia entre los siglos XV y XVI, escapando de la expansión otomana en los Balcanes. Todavía hoy conservan rasgos propios de identidad cultural, lingüística y religiosa.

El pueblo de Italia donde se toma mate como en Argentina
El pueblo italiano fanático del mate Foto: La Nación

Esa identidad se nota incluso en las palabras que usan para nombrar los elementos del mate. En Lungro, al recipiente se lo llama “kungullo”, a la bombilla “pumbixhiy” y a la pava “çikullatera”, términos vinculados al universo lingüístico arbëreshë y no al italiano estándar.

El pueblo también tiene una fuerte impronta religiosa. Desde 1919 es sede de la Eparquía de Lungro, una jurisdicción católica de rito bizantino creada para las comunidades ítalo-albanesas de Italia continental. Su catedral, dedicada a San Nicolás de Mira, conserva mosaicos, iconografía y tradiciones litúrgicas orientales.

Cómo se prepara el mate en Lungro

Aunque el espíritu es el mismo que en Argentina, el mate lungrese tiene sus particularidades. Allí muchas familias lo preparan con azúcar, cáscara de naranja e incluso con un carbón caliente que se coloca y luego se retira para modificar el sabor. Es una versión propia, heredada, adaptada y transmitida de generación en generación.

La ronda mantiene el mismo sentido afectivo que en el Río de la Plata: se comparte con familiares, amigos y vecinos. En Lungro, el concepto de“gjitonie”, que puede entenderse como vecindario o pequeño núcleo social, es clave para comprender la vida comunitaria. El mate aparece allí como excusa para conversar, recibir visitas, recordar a los que emigraron y sostener el vínculo entre generaciones.

La Festa del Mate, el evento que puso a Lungro en el mapa

La tradición encontró una nueva fuerza gracias a la Festa del Mate, celebración impulsada por Anna Stratigò, presidenta de la Academia del Mate. El evento reúne música, danzas, productos regionales y actividades culturales que cruzan la identidad argentina, italiana y arbëreshë.

En el pueblo también funciona la Casa del Mate, un espacio dedicado a conservar objetos, historias, fotografías y símbolos de esta unión cultural. Allí se exhiben mates, bombillas, yerbas, imágenes vinculadas con Argentina y recuerdos que muestran cómo una bebida puede convertirse en archivo vivo de una comunidad.

Lungro es mucho más que una curiosidad para turistas. Es una prueba de cómo las migraciones transforman culturas, mezclan lenguas, crean nuevos rituales y dejan marcas inesperadas. Allí, entre montañas italianas y raíces albanesas, el mate argentino encontró otra casa.

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