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René Goscinny: el creador de Astérix que creció en Buenos Aires y tendrá su homenaje en Avenida Corrientes

A 100 años del nacimiento de René Goscinny, creador de Astérix, Buenos Aires celebra al guionista francés que pasó su infancia en la ciudad y marcó la historia del cómic mundial.

René Goscinny
René Goscinny Foto: Archivo
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Pocos lectores lo saben, pero detrás de Astérix, Obélix, Lucky Luke, Iznogud y El Pequeño Nicolás hay una historia profundamente ligada a Buenos Aires. René Goscinny, uno de los guionistas más influyentes del cómic europeo, nació en París el 14 de agosto de 1926, pero llegó a la Argentina cuando tenía apenas dos años y pasó buena parte de su infancia y adolescencia en la capital porteña.

Ese dato, que parece una curiosidad de contratapa, es en realidad una clave para entender su obra. Goscinny creció entre el francés de su casa, la vida escolar del Liceo Francés y una Buenos Aires marcada por librerías, cafés, humor gráfico, inmigración y cultura popular. La ciudad no fue un simple destino familiar: fue el lugar donde empezó a formar su mirada irónica, cosmopolita y tierna sobre el mundo.

Avenida Corrientes se convierte en una aldea gala

En el marco del centenario de su nacimiento, la Ciudad de Buenos Aires le rendirá homenaje con una nueva edición de Corrientes 24 hs, el ciclo que transforma a una de las avenidas más emblemáticas del país en un paseo cultural, gastronómico y familiar. La celebración está prevista para el sábado 15 de agosto, sobre Avenida Corrientes entre Cerrito y Uruguay, con actividades al aire libre, propuestas en librerías, gastronomía temática y entretenimiento para grandes y chicos.

Vivió en Buenos Aires y hoy vuelve a brillar en Corrientes
René Goscinny Foto: Archivo

La programación incluye un mapping sobre el Obelisco, la proyección en pantalla gigante de “Astérix y Obélix: El Combate de los Jefes”, estaciones fotográficas, acciones especiales en librerías adheridas y una clase de cocina francesa junto a Lucullus. La propuesta busca unir el espíritu porteño de Corrientes con el universo de uno de los personajes más queridos de la historieta mundial.

De París a Buenos Aires: una infancia que cambió la historia del cómic

René Goscinny era hijo de una familia judía de origen polaco. Su padre, Stanislas Goscinny, era ingeniero químico y consiguió trabajo en Buenos Aires, motivo por el cual la familia se trasladó a la Argentina en 1928. Ese viaje terminó siendo decisivo no solo para su formación cultural, sino también para la historia familiar: mientras los Goscinny vivían en Buenos Aires, muchos familiares que habían permanecido en Europa fueron víctimas del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

En la Argentina, René estudió en instituciones francesas y comenzó a destacarse por su humor. Según distintas reconstrucciones biográficas, en el colegio ya tenía fama de “clown”, una señal temprana de lo que luego sería su marca registrada: la capacidad de hacer reír sin subestimar al lector.

También se interesó por el dibujo, las revistas ilustradas y los personajes populares. Su contacto con la historieta argentina, incluida la figura de Patoruzú, pudo haber dejado una huella en su imaginario narrativo. En esa Buenos Aires de inmigrantes, diarios, revistas y cafés, el futuro creador de Astérix fue construyendo una sensibilidad única: europea por origen, argentina por experiencia y universal por talento.

El nacimiento de Astérix: una pequeña aldea contra un imperio

Luego de la muerte de su padre, Goscinny comenzó a trabajar siendo joven y más tarde se trasladó a Nueva York. Allí entró en contacto con dibujantes y humoristas que serían fundamentales para su oficio. Tiempo después regresó a Europa, donde conoció a Albert Uderzo, el dibujante con quien formaría una de las duplas más exitosas de la historieta.

A 100 años del nacimiento de René Goscinny
René Goscinny Foto: Archivo

El gran salto llegó el 29 de octubre de 1959, cuando Astérix apareció por primera vez en la revista francesa Pilote. La premisa era tan simple como irresistible: una pequeña aldea gala resistía al poder de Roma gracias a una poción mágica y, sobre todo, gracias a la astucia de sus habitantes.

Astérix no era solamente una aventura de época. Era sátira política, juego lingüístico, parodia cultural y comedia de personajes. Cada viaje del pequeño galo y su inseparable Obélix era una excusa para mirar con humor las costumbres de distintos pueblos, las burocracias, los orgullos nacionales y las contradicciones del poder.

Un legado que sigue vendiendo millones y cruzando generaciones

La obra de Goscinny trascendió fronteras. Sus libros y cómics alcanzaron cifras enormes de ventas a nivel mundial y fueron traducidos a decenas de idiomas. En el caso de Astérix, la saga se consolidó como una de las historietas europeas más exitosas de todos los tiempos, con cientos de millones de ejemplares vendidos y presencia en libros, cine, animación, parques temáticos y nuevas generaciones de lectores.

El 29 de octubre de 1959, cuando Astérix apareció por primera vez
René Goscinny Foto: Archivo

Pero su talento no se agotó en la aldea gala. Con Morris escribió guiones fundamentales de Lucky Luke, el vaquero que dispara más rápido que su sombra. Con Jean-Jacques Sempé dio vida a El Pequeño Nicolás, una mirada entrañable sobre la infancia. Y junto a Jean Tabary creó Iznogud, el visir obsesionado con ocupar el lugar del califa.

Cada una de esas creaciones tiene algo en común: un humor inteligente, personajes memorables y una capacidad extraordinaria para hablarle tanto a chicos como a adultos. Esa fue una de las grandes virtudes de Goscinny: escribir historias aparentemente simples, pero cargadas de dobles lecturas, referencias culturales y observaciones muy finas sobre la sociedad.

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