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A menos de 2 horas de Buenos Aires: los pueblos rurales donde la comida guarda historias centenarias y cada fiesta parece un viaje al pasado

Entre estaciones de tren, pulperías, fiestas populares y recetas heredadas por inmigrantes, estas escapadas rurales no solo invitan a comer bien: también permiten viajar por la historia profunda de la provincia.

La Fiesta Nacional del Pastel se celebra desde 1995 en el pueblo rural de Gouin
La Fiesta Nacional del Pastel se celebra desde 1995 en el pueblo rural de Gouin Foto: Fiestas Nacionales
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Buenos Aires tiene una ruta secreta que no aparece en todos los mapas turísticos. No es una autopista ni un camino de lujo, sino un circuito de pueblos rurales bonaerenses donde cada fiesta popular guarda una historia de inmigrantes, trenes, tambos, quintas, hornos de barro y familias que transformaron una receta en identidad.

La guía de Baires Secreta reúne fiestas gastronómicas a menos de dos horas de CABA, como la del salame quintero en Mercedes, la del pastel en Gouin, la picada y cerveza artesanal en Uribelarrea, la galleta de campo en Tomás Jofré y el cordero al asador en Carlos Keen.

La provincia que se saborea: cuando la historia entra por la cocina

La escena se repite cada fin de semana: autos que salen temprano de la Ciudad, termos listos, familias buscando una mesa larga y viajeros que quieren algo más que una foto linda. Lo que muchos no saben es que detrás de estas fiestas rurales hay una historia enorme, marcada por el ferrocarril, la inmigración y la cultura del trabajo rural.

En Mercedes, por ejemplo, el famoso salame quintero nació de las quintas productivas que rodeaban la ciudad. Desde mediados del siglo XIX, inmigrantes italianos se instalaron en la periferia mercedina y llevaron sus costumbres alimentarias, entre ellas la elaboración de chacinados caseros como salames, bondiolas, chorizos y morcillas.

La tradición se volvió tan fuerte que en 1969 un grupo de vecinos reunido en el almacén de Berterreix propuso organizar una fiesta dedicada al salame. La primera edición se concretó en 1975 y, con el tiempo, el evento se transformó en una celebración nacional con concurso de productores, feria, patio gastronómico y espectáculos.

Mercedes: el salame quintero y una receta que sobrevivió generaciones

El secreto del salame quintero no está solo en sus ingredientes, sino en la memoria familiar. La receta tradicional combina alrededor de 80% de cerdo y 20% de carne vacuna, con tocino cortado a cuchillo, pimienta en grano y condimentos que cada productor conserva como un tesoro.

Empezó la Fiesta del Salame Quintero en Mercedes. Foto: NA.

Ese producto, que empezó como comida de consumo familiar en las quintas, se convirtió en un símbolo de Mercedes. La fiesta suele realizarse el segundo fin de semana de septiembre y convoca a visitantes de toda la provincia, atraídos por los puestos de chacinados, los almacenes históricos y un clima de celebración popular.

Caminar por Mercedes durante esos días es entrar en una postal donde el aroma a parrilla se mezcla con la música folklórica, los puestos de productores y las historias de familias que llevan décadas dedicadas a la elaboración artesanal. No se trata solo de comer salame: se trata de probar una tradición bonaerense que pasó de generación en generación.

Uribelarrea: el pueblo diseñado para mirar lento

A poco más de una hora de CABA, Uribelarrea es una de las escapadas rurales más elegidas por quienes buscan parrillas, cerveza artesanal, picadas y calles con aire de película. Pero su encanto no nació de una estrategia turística moderna, sino de un proyecto agrícola del siglo XIX.

Escapadas de Semana Santa, Uribelarrea
Escapadas de Semana Santa, Uribelarrea

El pueblo fue fundado en 1890 por Miguel Nemesio de Uribelarrea, quien donó parte de sus tierras para crear una colonia agrícola. Su plaza octogonal, sus diagonales y su iglesia de Nuestra Señora de Luján están ligados al diseño del arquitecto Pedro Benoit, el mismo asociado al trazado urbano de La Plata.

Uribelarrea también tuvo un fuerte desarrollo lechero durante las décadas de 1930 y 1940, cuando llegaron a funcionar decenas de tambos y queserías, muchas de ellas impulsadas por inmigrantes vascos e italianos. Hoy, esa herencia aparece en quesos, embutidos, parrillas y fiestas gastronómicas que recuperan la identidad rural del pueblo.

Carlos Keen: la estación que apagó el tren y encendió las parrillas

Carlos Keen es otro caso donde la historia ferroviaria se transformó en atractivo turístico. El pueblo nació alrededor de la estación del ramal Luján-Pergamino, cuya ubicación hacia 1880 permitió que el pequeño poblado comenzara a organizarse a su alrededor.

Restaurante El Camino Carlos Keen. Foto: Instagram/elcaminocarloskeen

Con la clausura ferroviaria, el pueblo quedó congelado en una imagen de principios del siglo XX, algo que hoy funciona como parte de su identidad: estación, galpones, depósito de agua, molino, viejas construcciones y la iglesia San Carlos Borromeo.

Actualmente, Carlos Keen es sinónimo de almuerzos de campo, cordero al asador, ferias y escapadas gastronómicas. La Fiesta Provincial del Cordero al Asador aprovecha ese paisaje ferroviario y rural para reunir a visitantes alrededor de una de las grandes ceremonias culinarias bonaerenses: el fuego lento.

Gouin: el pueblo diminuto donde el pastelito se volvió fiesta nacional

Gouin, en Carmen de Areco, es uno de esos pueblos que sorprenden por su escala: pocas manzanas, casas antiguas, una estación, una capilla y una tranquilidad difícil de encontrar cerca de la Ciudad. Fue fundado el 14 de abril de 1908 por la Compañía Inmobiliaria Franco Argentina y su nombre fue propuesto por la compañía ferroviaria en recuerdo de un accionista francés.

Con apenas 150 habitantes, Gouin conserva su esencia rural y su historia ferroviaria.
Con apenas 150 habitantes, Gouin conserva su esencia rural y su historia ferroviaria. Foto: Wikipedia

El pueblo está ubicado a unos 11 kilómetros de Carmen de Areco y fue declarado Pueblo Rural y Turístico de la Provincia de Buenos Aires. Su gran emblema es la Fiesta Nacional del Pastel, que comenzó en 1995 y se realiza cada diciembre, con pasteleras locales, música, feria y visitantes que llegan para probar uno de los clásicos dulces más queridos del campo argentino.

En Gouin, el pastelito no es solo una receta: es una forma de contar el pasado. La masa, el relleno, la fritura y la mesa compartida funcionan como una memoria viva, una escena que conecta a los visitantes con los sabores de la infancia, las fiestas patronales y los pueblos nacidos al costado del tren.

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