
Detrás de un paredón y rodeada por árboles añosos, una construcción resiste el paso del tiempo en uno de los barrios más transitados de la Ciudad de Buenos Aires. Sus amplios ventanales, antiguos jardines y numerosas habitaciones esconden la historia de una propiedad que estuvo muy cerca de desaparecer.
Se trata de la Casona de Mansilla, originalmente bautizada Villa Esperanza, una residencia levantada alrededor de 1870 por encargo de Lucio V. Mansilla, militar, político, periodista y escritor argentino. La propiedad se encuentra en el pasaje Golfarini, entre Blanco Encalada y Olazábal, en Belgrano.
La vivienda fue una quinta familiar, albergó durante décadas una escuela de maestras y, después de quedar sin uso, comenzó un prolongado período de abandono. El deterioro y distintos proyectos inmobiliarios pusieron en riesgo su supervivencia, pero antiguos alumnos, docentes y vecinos iniciaron una lucha para evitar su demolición.
La mansión que Lucio V. Mansilla llamó Villa Esperanza
Cuando la casona fue construida, Belgrano todavía era un pueblo separado de la ciudad. Su cercanía con el río, los grandes terrenos y la tranquilidad del paisaje lo convertían en un sitio elegido por las familias porteñas para levantar sus quintas de verano.
En ese contexto, Lucio V. Mansilla ordenó construir Villa Esperanza, una residencia de estilo italianizante y rasgos neorrenacentistas. El predio ocupa aproximadamente 2.600 metros cuadrados, mientras que la vivienda posee más de 20 habitaciones, dos pisos, sótano, caballerizas, vitrales y un gran hall central.

Mansilla fue una de las figuras más particulares del siglo XIX argentino. Sobrino de Juan Manuel de Rosas, participó en la vida militar y política del país, ejerció el periodismo y alcanzó reconocimiento como escritor.
Su obra más recordada es Una excursión a los indios ranqueles, basada en el viaje que realizó en 1870 hacia las tolderías ranqueles para intentar alcanzar un acuerdo de paz. Años después, en 1892, debió vender Villa Esperanza para afrontar sus deudas.
De residencia aristocrática a escuela de maestras
En 1914, la propiedad comenzó una nueva etapa cuando fue alquilada para albergar a la Escuela Normal Superior N° 10. Los antiguos salones familiares se transformaron en aulas y los jardines pasaron a ser utilizados como patios escolares.
Miles de estudiantes recorrieron sus habitaciones hasta 1982, cuando la institución se trasladó a otro edificio. Posteriormente, la casona fue ocupada por la Dirección de Capacitación Docente de la ex Municipalidad porteña.

Cuando esa dependencia dejó el lugar, comenzó el período más crítico. Las puertas fueron tapiadas, el mantenimiento se interrumpió y el deterioro avanzó sobre una de las últimas construcciones históricas de su tipo en Buenos Aires.
Al mismo tiempo, surgió la posibilidad de vender el terreno para desarrollar un emprendimiento inmobiliario. La noticia encendió las alarmas entre docentes, exalumnos y vecinos que conocían el valor patrimonial del edificio.
La lucha que evitó la demolición de la casona
En 1999, Alicia Pangella, exalumna y docente de la escuela, presentó un reclamo ante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. La intervención permitió impulsar una medida cautelar y frenar cualquier proyecto que pudiera ocasionar la destrucción del inmueble.
La movilización tuvo un resultado decisivo: en el año 2000, la Casona de Mansilla fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional mediante la Ley 25.317. Diez años después, la Justicia avanzó con la expropiación debido al interés histórico del edificio y al peligro que atravesaba su conservación.
La defensa de la propiedad se extendió durante más de dos décadas. En ese tiempo se analizaron diferentes alternativas para restaurarla, abrirla al público y convertirla en un espacio destinado a actividades culturales.
El futuro de Villa Esperanza
Los proyectos de recuperación buscan conservar la estructura histórica, restaurar los jardines y transformar la casona en un espacio cultural. También pretenden rescatar sus dos grandes identidades: la residencia de Lucio V. Mansilla y la antigua escuela que recibió a generaciones de docentes y estudiantes.
Más de 150 años después de su construcción, Villa Esperanza continúa en pie gracias a una extensa lucha colectiva. Aunque el abandono dejó marcas visibles, la mansión de uno de los escritores más destacados de la historia argentina logró sobrevivir al avance inmobiliario y todavía conserva la posibilidad de volver a abrir sus puertas.



















